De cómo decirle Fuck You a los gringos que huelen a pollo frito …

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y sin dañar la capa de ozono

 

El chileno Jaime Silva era parte de la sociedad de consumo. “Esa que contamina el medio ambiente y destruye el planeta”, afirma. Sin embargo, esa costumbre se acabó desde que recorre América Latina con una camioneta verde de los años 80, que funciona con aceite quemado de cocina. Estuvo en Arequipa dejando esa estela a grasa requema para probar su hazaña de ingenería.
Con un algo más de ingenio desbordante y su buen estilo de hippie moderno, de melena descuidada y barba enmarañada, este mapocho de 37 años logró cambiar el sistema de consumo del motor de su vehículo de diesel a aceite vegetal. El cambio no lo aprendió en su país, sino en un viaje a Europa.
En su paso de Francia a la República Checa conoció a un español que le proporcionó un manual que explicaba el proceso técnico y mécanico para convertir el motor. “Sabía que en Chile algunas universidades trabajan el cambio, pero no tenía acceso a ese material. Viajando conocí el procedimiento y a mi retorno lo hice”, narra visiblemente entusiasmado.
Tras el periplo europeo, llegó a su ciudad Quinta de Tilcoco (Chile) y compró la camioneta. Buscó un mecánico e inició el proceso de recambio que duró tres semanas. “Ahora que conozco todas las piezas lo podría hacer en una semana”, ironiza. El cambio principal fue en la bomba inyectora. Este elemento del motor eleva el combustible a cañerías de alta presión y se inyecta en el motor lo suficientemente gasificado por la alta temperatura.
Echar a andar el jeep es todo un ritual. Jaime Silva explica que para usar el aceite debe usar primero un poco de gasolina alojada en otra bomba inyectora. Enciende el auto, espera que caliente el motor a una temperatura de 80 grados, luego cierra la bomba de diesel mediante una palanca y abre la de aceite. Al acelerar no hay humo, sino un persistente olor a pollo frito.
“Este auto no es una prueba, es una realidad. Con 12 litros de aceite camina 100 kilómetros. Vengo viajando 40 mil kilómetros entre Chile, Bolivia, Paraguay, Argentina y el sur de Perú”, detalla.
Jaime Silva no es un improvisado. Era administrador de empresas en Chile y trabajó para el aparato estatal de su país durante 10 años. “Un día me cansé del sistema y salí de viaje. El aceite me lo regalan en los restaurantes o en los barrios. Trato de contaminar lo menos posible”. Aunque se declara liberado del modo de vida capitalista, Jaime Silva indica que aceptaría el auspicio de un restaurante o una cadena de comida para reutilizar el aceite en su carro si le dan una suma de dinero.
“Este carro es mi esfuerzo. Si una empresa quiere subirse a él tiene que pagar una prima para portar el mensaje que llevo”. Su recorrido incluye casi a toda Latinoamérica y concluye en México. “Llegaré allá para decirles ‘Fuck You’ a los gringos desde la frontera”.

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