Amor y odio

El regreso

negocios turbios

No sé por qué, pero cada vez que hay una “negociación” entre una empresa minera y el Estado, me da la impresión que las poderosas compañías mineras nos están haciendo el favor del año, que los contratos firmados son los mejores y más convenientes del planeta y que deberíamos darnos por bien servidos. En términos ideales, así debería ser, pues la inversión minera en un país con tantos recursos como el nuestro es importante y necesaria, y los contratos mineros de exploración y explotación deberían ser transparentes y dadivosos, pues no nos hacen un favor explotanto los recursos de la manera que lo hacen y pretender llevarse la tajada más grande de la torta y que los peruanos nos quedemos sentados mirando cómo se la llevan y para colmo, asumiendo, en la mayoría de los casos, el terrible pasivo de la contaminación indiscriminada.
Me recuerda la relación de los escritores con las editoriales, donde el autor es el que menos gana y es el que produce el insumo para que ellas existan; es decir nos hacen el gran favor de publicarnos y por eso nos pagan un ínfimo porcentaje y en cómodas cuotas anuales, si es que el libro vende. Y si no, piña.
Y es que el último Convenio Marco para la ampliación de la planta de tratamiento de aguas residuales de La Enlozada, por parte de la minera Cerro Verde y la empresa de agua Sedapar de Arequipa, y que es vital para la minera, porque eso le permitirá ampliar su planta concentradora que la ubicaría entre las 5 empresas más grandes del mundo en el rubro de la extracción de cobre, ha resultado a todas luces leonino y desproporcionado. La obra es sumamente importante para la minera y de lo que se trata es llegar a un buen acuerdo para que tanto la población arequipeña como la empresa se beneficien y así todos contentos.
Sin embargo, no tardó mucho para descubrirse que el famoso Convenio Marco era la “ley del embudo”, lo ancho para Cerro Verde y lo angosto para Arequipa, tal como lo demostró con documentos en mano, la directora del semanario El Búho, Mabel Cáceres en su programa dominical. Entre los puntos que se cuestionan, está el que la empresa haría uso de las aguas residuales de la planta de tratamiento, casi sin pagar e incluso la empresa Sedapar se comprometía a asumir el costo llevando el agua hasta las cercanías del campamento minero; es decir, le poníamos la mesa servida, lista para que se sirvan.
Y hay más, la empresa invertirá 943 millones de soles en la construcción de la planta, pero se quedará con el control de la misma, durante 29 años; o sea, ellos construyen, usan el recurso, casi no pagan por él y se la quedan por tres décadas. Un poco más de equidad, señores, pues los tiempos del capitalismo salvaje ya pasaron.

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2 respuestas a “Amor y odio”

  1. Esta es la columna de Omar Zevallos

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