Colegas comunicadores: sin ofensa a su-s dignidad-es

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Me reconozco innecesariamente sarcástica, en ocasiones. La semana pasada envié mi colaboración a este diario on-line, comentando lo grato que fue leer las entrevistas a Umberto Eco (Alessandria, Italia, 1932), autor de El Nombre de la Rosa, Apocalípticos e Integrados, El Péndulo de Foucault, entre otros “best-sellers cultos”, en El País; y la publicada en Velaverde, a Jorge Villacorta, genetista, crítico y curador de arte limeño. Ahora la reformo, porque me di cuenta que, casi simultáneamente y con mucho enojo, dirigía mis petardos hacia una joven Comunicadora, cuyo desempeño dista bastante de los puntos remarcados por los entrevistados, cuando hablan de educación, de formación y de entrenamiento, lo que puede ser interpretado como la actitud de cada quien frente a sus retos profesionales.

Tengo grabadas las declaraciones de Villacorta, cuando manifestó: “Recuerdo que lo más enfático que alguna vez escuché de un profesor de la facultad de biología era que nosotros no estábamos ahí para formarnos como biólogos, porque ellos no sabían qué íbamos a hacer al final con nuestras vidas, sino para aprender a pensar”. ¡Qué profesor!, celebré, silenciosamente, y qué envidia tuve cuando recordé a la mayoría de docentes universitarios que tuve en la Facultad de Comunicación Social, cuyo objetivo era precisamente el opuesto, hacer que memorizáramos el contenido de las fotocopias que muchos vendían a su regalado antojo.

Las imágenes de mi época universitaria se entremezclaban con las de la actualidad, mientras observaba a la joven Comunicadora y veía reflejado en ella el resultado del mismo sistema de educación superior que llegó a frustrarme en las aulas, hace casi dos décadas. En mi nota anterior, arremetía contra esa pasiva actitud que puede sacarme muy fácilmente de marco y convertirme en la bruja crítica que suelo ser conmigo misma y con los demás cuando advierto torpezas evitables.

Ahora me doy cuenta de que la joven es una víctima más del sistema, con poca voluntad para romper paradigmas. No es que no tenga responsabilidad sobre sus actos profesionales; la debería asumir después de cinco años en las aulas universitarias y no pocos soles invertidos por sus padres o ella misma, no lo sé. Pero es evidente que estaba cargando sobre sus hombros (y en ellos representados los hombros de varios de los “coleguitas periodistas” que abundan en la ciudad) todo el enfado contenido por esa actitud pasiva de la que quiero que todos nos desprendamos como ejercicio diario. De esa nefasta actitud con la que pretendieron contaminarme algunos de los vendedores de separatas que tuve como docentes.

No sé cuántos profesores de Comunicaciones haya en la ciudad, ni cuantos nuevos profesionales egresan año tras año, pero temo que gran parte de los primeros no sabe quién es Eco ni menos Villacorta, por consiguiente, deben ser pocos sus alumnos que los reconozcan.

Esos nombres, el de Eco en el plano internacional, y el de Villacorta, en el nacional, les deben sonar rarísimos frente a los que, presumo, son sus contenidos favoritos en la prensa escrita (algo cercano al Trome) y frente a la avalancha de engendros televisivos con los que adormecen sus neuronas.

A esos docentes, sin la menor intención de ofender su-s dignidad-es, les reitero la recomendación de Umberto Eco: una lectura de prensa casi con lápiz y papel. “Los periódicos han perdido muchísimas funciones. Por la mañana los hojeo rápidamente porque las noticias principales ya me las ha contado la televisión, pero continúa siendo importante por los editoriales, por los análisis, y es fundamental no leer uno, sino al menos dos cada día. Se debería enseñar a leer periódicos a la gente, dos o tres, para ver la diferencia entre las opiniones, no para conocer las noticias, eso ya nos lo dice la tele”.

A ver profesores universitarios si atienden esa sencilla e importante recomendación con carácter de urgencia, y la aplican para ustedes y sus alumnos. Y a los jóvenes que recién empiezan, anímense y rompan paradigmas.

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Una respuesta a “Colegas comunicadores: sin ofensa a su-s dignidad-es”

  1. Matías dice:

    No entendí. ¿Qué pasó con la joven comunicadora, porqué tanta rabia?

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