Perdimos la batalla

El regreso

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Hace unos meses atrás, la Municipalidad Provincial de Arequipa, anunció con bombos y platillos que no permitiría la venta ambulatoria en el Centro Histórico, incluso apeló al apoyo de la Policía Nacional y la medida contó con el apoyo de todos los arequipeños, pues finalmente los vendedores de piñas, tamales, lentes de sol, juguetitos multicolores y hasta carretillas con sayonaras de colores desaparecerían de las calles; pero la medida fue flor de un día, un simple engañamuchachos para que la gente piense que el inefable e ineficiente alcalde Alfredo Zegarra Tejada (nunca olviden ese nombre), está trabajando.

Un alcalde es un gerente, un administrador de la ciudad que fue elegido, no para que haga lo que le dé su real gana, sino para que dote de los servicios básicos a la ciudad, la mantenga limpia, ordenada y planifique su crecimiento ordenado, buscando cumplir con el Plan Metropolitano; si no lo hace, entonces hablamos de una autoridad que no sirve para el cargo.

Arequipa no sólo está perdiendo su identidad, sino que se está convirtiendo en una gran ciudad cuyo volumen de habitantes se ha multiplicado, para no hablar del crecimiento del parque automotor que genera enormes atascos de tráfico y del hace tiempo obsoleto sistema de transporte público, que parece no tener solución inmediata porque el alcalde no se ha atrevido a tomar al toro por las astas y ordenar el caos.

Hoy todos padecemos de estos problemas y a nadie parece importarle, la ciudad está sucia, no hay una seria campaña de concientización para que los pobladores aprendan a cuidar la ciudad, los pocos parques están descuidados o entregados a empresas privadas que los mantienen y los cierran al público, como el caso del parque Melgar; el tráfico es terrorífico, para no hablar de la seguridad ciudadana, que en ese campo, este alcalde no ha hecho nada, pues los asaltos y secuestros al paso se dan a diario cuando alguien tiene la mala suerte de tomar un taxi conducido por un delincuente.

Es penoso comprobar que la batalla está perdida, los vendedores ambulantes están por todos lados, la principal calle de la ciudad, como el paseo peatonal Mercaderes, está salpicada de vendedores ambulantes a vista y paciencia de los propios policías municipales que parecen resignados ante la imposibilidad de erradicarlos o simplemente porque no les da la gana de hacerlo. Ante esto, ¿qué dice Zegarra? Pues nada, prefiere gastar los recursos del municipio en maquillar los problemas y hacer afiches para reivindicar el mamarracho de Patio Puno.

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