Servir la patria.

Gárgola sin pedestal

servir la patria

“Ún-dos, ún-dos, ún-dos, ¡el bombo pal pie izquierdo, carajo!, ún-dos, ún-dos, ¡más arriba las piernas, carajo, pa que la gente vea las suelas!, ún-dos, ún-dos…” Hacía pocas semanas que se había iniciado el año escolar y ya estábamos los que íbamos a ser el futuro del Perú, infundidos con gallardía, orden y disciplina; que no se desalinee la fila; que no se adelante la columna y que se mantenga el paso; y otra vez que el pie izquierdo siempre caiga al compás del bombo; claro que el bombo no siempre estaba disponible, pero en su ausencia la voz del Instructor Pre-Militar imponía el ritmo marcial a costa de ir desgarrándose poco a poco las cuerdas vocales; la ronquera y final afonía subsecuentes hallaban alivio cuando, faltando ya pocas semanas para el desfile llegaba —en reemplazo del instructor—el bombo de verdad, con su pareja, los platillos y el fondo intermitente del repiqueteo de tambores, la entrada de cornetas y demás instrumentos de viento llenando así,  vibrantemente la vida de las calles donde se escenificaba el ensayo. Un año, la Gran Unidad Escolar quiso hacerse definitivamente con el Gallardete morado del Sol Radiante; no era suficiente que el uniforme habitual fuese el clásico militar caqui, con cristina, corbata, correa con escudo; y galones, rojo para secundaria y azul para primaria. No. Aquel año el director nos mandó disfrazados con casco de yeso, pintado de verde y ametralladora de madera pintada de negro; escarpines verdes y zapatos negros bien lustrados. Y luego a desfilar, virilmente, como hombres, con la musiquita del tú-run-du-ru-tu-tún-dun-dun… tu-turú-tutu-tutu-tun tun… con el bombo al pie izquierdo, sin mirar al público ni nadie en los costados, muy serios porque se trataba de un desfile casi casi militar y no un corso parrandero.

Principios de la década de los 90, penal de máxima seguridad, Canto Grande, Lima. Sendero Luminoso no tiene banda; pero a las reclusas poco les importa; falda negra, blusa roja, gorrita gris de Mao; no tienen gallardete, su estandarte, como el que abre las procesiones religiosas, es una foto del Doctor Abimael, le sigue flameando una gran bandera roja. La Televisión española, aclara: “no es China en los tiempos de Mao, es Lima”, y sigue el video… Sendero Luminoso no tiene banda, ni bombo, pero las voces golpean como tambores: “Sal-vo-el-Po-der, to-do-es-i-lu-sión. Pre-si-den-te-Gon-za-lo, je-fe-del-par-ti-do y de la re-vo-lu-ción, con su ma-gis-tral di-rec-ción se ga-ran-ti-za el triun-fo de la re-vo-lu-ción… y ún-dos, ún-dos, ún-dos, sin desalinear la fila, sin adelantar la columna y como no fuera el patio del penal una larga avenida y como fuera necesario seguir avanzando, movimiento brusco a la izquierda para ir marchando en círculos, sin perder el paso de la marcha y que se vea cómo la hoz y el martillo, de cartulina forrada con papel dorado, brilla igualito o mejor que el sol radiante del gallardete.

Principios de la década del 2000, marcha silenciosa más bien; el Doctor Montesinos está sentado entre serio y alegre, flanqueado por generales; las manos del doctor se apoyan en la mesa, sus dedos tamborilean una marcha, casi silenciosa, tic-tac-tic-tac suenan las yemas de sus dedos sobre el charol de la mesa y pasan en desfile, militares de muchos galones, uno tras otro, marchando también al compás de los dedos del Doc, dejando gallardamente, estampada su firma en el acta de sujeción al Doctor y al Alberto.

Probablemente el año 2003, Plaza de Armas de Arequipa, desfile de la UNSA, el Instructor Post Militar es un gordinflón que viene prestado no recuerdo si de la Alcaldía o de la Región, pero se le nota malamente enfundado en un terno azul, camisa blanca, una corbata que lo ahorca, suda copiosamente, jadea y corre torpemente de un lado a otro, gritando a los catedráticos que no desalineen, que no pierdan el paso; éstos todos con terno azul y camisa blanca, no lo pierden, tampoco adelantan las columnas; además si lo hacen ni se nota, porque hay banda, de verdad, prestada del ejército. Lo mejor no es lo que está por venir sino lo que viene primero, como escolta señera el Doctor Rolando y sus chulis caminan casi marchando,  con un aire entre De Gaulle y el Padrino; me abro paso entre el gentío, lo tengo a tiro de piedra, me confundo con sus ayayeros y grito: “¡Bravo, Rolando… —de reojo voltea y sonríe orgulloso— sigue marchando así… de frente… hasta el penal de Socabaya!

Ahora que lo escribo, pienso que casi la achunté, de no haber sido por esa maldita prisión suspendida.

Sin duda el Perú sigue siendo un país muy moderno, con Malls, millones de dólares y millones de celulares; y decenas de políticos tan innovadores que han creado la última versión de Cuartel/Office/Excel para jugar a mandoncitos con columnas de jóvenes y filas de peruanos pobres.

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