La carne se hizo verbo

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

mundo-quechua

Me enteré, con algún atraso, que el mes pasado la Universidad Federico Villarreal le hizo un merecido homenaje al ilustre lingüista y viejo amigo Gerald Taylor, con ocasión del Seminario “Trueno, Diablo y Amauta”. Gerald, arribó por estos lares en los años ’70; nos buscó por indicación de mi hermano Jorge y del entrañable amigo y colega Katsuki, con quienes durante un buen tiempo habían compartido litros de cerveza en las noches calurosas de Bahía. De hecho, Gerald es un trotamundos, pero tiene un enorme cariño al Perú, precisamente a su pueblo indígena y es un apasionado de su lengua: el quechua.

Gerald Taylor, es un poliglota, habla nada menos que trece idiomas. Su gran facilidad para comunicarse en diversos idiomas, fue producto de su origen; hijo de inmigrantes irlandeses en Australia, donde éstos, entre otros inmigrantes, eran pobladores de segunda categoría, habitantes de los barrios marginales y excluidos por los anglosajones, descendientes privilegiados de la corona británica. Esto determinó que su infancia transcurriera entre niños italianos, eslavos, malayos, hindúes y asiáticos, lo que le posibilitó un gran aprendizaje idiomático, y le facilitó un vasto peregrinaje por el mundo, aprendiendo y enseñando idiomas.

Se doctoró en filología en Francia, enseñando y traduciendo javanés; y como muchos de nuestra generación del ’60, participó en el sacudón de Mayo del 68 en Paris; luego, fue profesor de la Universidad abierta de Vincennes, hija de este movimiento. Cuando nos conocimos en los setenta, ya conocía muy bien el Perú; había hecho un aprendizaje itinerante desde Colombia; podría decirse que recorría la ruta del Qhapac Ñan, de norte a sur, de tambo en tambo, con prolongadas pascanas en las comunidades nativas, incluso con un largo sirvinacuy en el Ecuador. Lo que corrobora que el mejor lugar para aprender idiomas, es la cama; no hay nada que hacer, la relación carnal, alimenta la relación verbal. Producto de este peregrinaje Gerald, había investigado sobre el quechua extinto de los Chachapoyas, sobre el que escribió un diccionario. Afirmaba que el chauvinista debate entre ayacuchanos y cusqueños, sobre la “autenticidad” y “originalidad” del quechua,  era una tontería, pues el quechua es un idioma pan andino; y lo dice con la autoridad de ser uno de los mayores expertos de quechua. Precisamente, Gerald, siguiendo la saga de Arguedas, traduce con suma fidelidad el extraordinario manuscrito del S. XVII: “Huarochiri, Ritos y Tradiciones” que constituye uno de los mayores testimonios de nuestro pasado e identidad, tan valioso como “Los Comentarios Reales” del Inca Garcilaso, o la “Nueva Crónica y Buen Gobierno” de Guamán Poma. En realidad, si este país no fuese tan ingrato, hace tiempo que Gerald Taylor, debería merecer el mayor de los reconocimientos del Estado Peruano por su contribución a la recuperación de nuestra identidad.

Durante más de diez años no supe de Gerald, hasta que me topé con Andrés Chirinos, quien se ha convertido también en un lingüista del quechua, gracias a su esfuerzo autodidacta y a una prolongada convivencia con los comuneros del distrito aislado de Tapay, y que se había tornado un gran amigo de Gerald en el Instituto Francés de Estudios Andinos. Andrés me dijo, que Gerald continuaba aportando a la identidad idiomática del Perú. Andrés por su parte, es profesor de Educación Bilingüe en la Amazonía, y tiene varias investigaciones publicadas, entre las cuales una sobre los Quipus, y un trabajo sobre el erotismo andino.

Hace un par de meses, estuve en una pasantía con líderes de comunidades nativas, entre los cuales había una excelente representación de los Awajún de la Provincia de Condorcanqui, Región Amazonas, algunos, que provenían del Cenepa, habían llevado cuatro días desde su comunidad hasta Lima, pues un buen trecho, tienen que hacerlo navegando en pequepeque y a pie. Pues bien, estos hermanos llevaban años bregando por su identidad, por la conservación y el respeto a sus costumbres y tradiciones. Para ellos, la primera lengua, es el awajún, después es el español. Como debe ser. Cuando los vi tan orgullosos expresarse en su lengua y contar como valoraban su relación con la naturaleza y de su empeño en preservar su identidad y su territorio, me acordé de la estupidez de gobernantes como Alan García, que quiso avasallarlos.

Pues sí, lo que desea el pueblo, principalmente aquellos protagonistas olvidados, es Seguir Siendo, como la película de Javier Corcuera; ese hermoso y conmovedor documental sobre los pueblos de costa, sierra y selva. Seguir Siendo, con su música, sus ritos y su idioma. El idioma, hecho canto.

También puedes ver

No se encontraron resultados

Una respuesta a “La carne se hizo verbo”

  1. Esta es la columna “Confesión de parte” de Luis Maldonado Valz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE