Procesión sangrienta

La Revista J. Segura

procesionMarilú Llantoy ha perdido la cuenta de las veces que estuvo frente a la puerta de la Unidad de Cuidados Intensivos en busca de buenas noticias. Pero, hasta el momento, los médicos sólo le piden una cosa: “no se haga ilusiones, Jordano no va a ser el mismo”.

Marilú se sienta en una banca del hospital y saca de un sobre algunas fotos de Jordano, sano, abrazando a dos perros; pero cambia repentinamente de imagen y muestra a su sobrino en un estado deplorable. Gasas, algodón, restos de sangre seca, los ojos cerrados, el mismo semblante de un muerto.

“Cuando le digo te quiero, una lágrima cae de sus ojitos… él me escucha”, dice la tía del muchacho, sin contener su llanto. Hace sólo unos días, Jordano abrió los ojos, parpadeó y movió descontroladamente el brazo izquierdo.

Ahora es capaz de levantar los hombros y seguir con su mirada el caminar de algunas personas. Pero las esperanzas de que se recupere, según los médicos, son remotas.
El 22 de octubre dos tiros de bala destruyeron el hemisferio izquierdo….

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