Frente al racismo, ¿qué debe hacer el estado?

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wilfredo ardito vega

A fines del año pasado, recorriendo el cementerio Baquíjano y Carrillo, me sorprendió ver dos esculturas en homenaje a la población afroperuana colocadas hacia el final del gobierno de Alan García. Sin embargo, mi inicial aprobación pronto se hizo añicos, pues mis amigos me mostraron que no eran estatuas, sino dos frágiles maniquíes, pintados de negro, uno de los cuales ya estaba roto.

Los dos maniquíes pintados me parecían una metáfora sobre las escasas acciones de las autoridades peruanas contra el racismo, porque se quedan en gestos superficiales, sin generar cambios en el comportamiento y la mentalidad de los ciudadanos.

El grave riesgo que encuentro es que el gobierno de Humala desaproveche una gran oportunidad: hace unos años, en el Perú no se hablaba de racismo, ahora sí, gracias a los hinchas de Huancayo, los vecinos de Ancón o los tuiteros que han agredido a las chicas de Corazón Serrano. A nivel internacional, desde Dilma Rousseff hasta la NationalGeographic, el racismo comienza a ser reconocido como uno de los graves problemas del Perú.

Es verdad que estamos mejorando en normas contra la discriminación: cada vez hay más Ordenanzas Regionales, Provinciales y Distritales. Además, las Ordenanzas son cada vez mejores, como la nueva Ordenanza de San Miguel o la Ordenanza de Pachacamac. En el ámbito penal, desde el año pasado, es un agravante el usar medios tecnológicos o informáticos para discriminar. Desde la semana pasada, además, la Ley 30171 precisa que también es un agravante usar dichos medios para promover o incitar la discriminación. Sin embargo, los peruanos siguen usando Facebook y Twitter para discriminar hasta el cansancio, sin que el Ministerio Público plantee siquiera intervenir.

Además, los casos de racismo normalmente no son denunciados por la población, porque se trata de una experiencia demasiado dolorosa y hablar al respecto implica revivir lo ocurrido.

En realidad, para que un problema social se resuelva, no bastan leyes sino que se requieren políticas públicas, que dejen de abordar la discriminación racial como un hecho aislado, sino como una situación extendida en toda la sociedad. En el ámbito de la educación, por ejemplo, es urgente una gran campaña contra el racismo en las aulas. De hecho, cualquier docente con un poco de perspicacia puede saber cuáles son los niños más susceptibles a sufrir maltratos racistas y prevenir los abusos.

La misma labor preventiva deberían tener la Policía Nacional, el Poder Judicial o el Ministerio de Salud: cada entidad pública debería trazarse metas concretas para enfrentar el racismo en el trato a los ciudadanos, las relaciones internas entre los propios integrantes y su ámbito concreto de acción. Existen precedentes positivos, como cuando el año pasado el Ministerio de Trabajo decidió por fin intervenir frente a los requisitos discriminatorios en las ofertas de empleo o las diversas sanciones de la Municipalidad de Miraflores contra los establecimientos que discriminaban a los clientes.

Al mismo tiempo, sigue siendo necesario un movimiento masivo contra el racismo. En el Perú hay millones de discriminados, que no quieren reconocerse como víctimas, menos públicamente. Prefieren negar el problema, evitar las posibles agresiones (“yo sé dónde me muevo”) o, peor aún, asumirse como discriminadores. Por el momento, la lucha contra el racismo parece que seguirá siendo llevada a cabo por pequeños grupos, cuyos logros no pueden desmerecerse, desde eliminar enfrentar los requisitos laborales discriminatorios hasta enfrentar a los segregacionistas de Naplo y Ancón. Este año, inclusive se consiguió que las principales empresas abandonaran sus avisos “sólo-rubias” para el Día de la Mujer.

La duplicidad de roles como discriminado y discriminador es un factor importante a tomar en cuenta. Permite culpar del racismo a los más blancos y no admitir el propio racismo. Explica que La Paisana Jacintasea usado en tantos colegios de la sierra para humillar a los niños más andinos, al punto que muchos niegan a sus propias madres, cuando éstas usan polleras. Sobre el éxito de este programa, el periodista Ramiro Escobar señala que se debe a que todavía perdura la labor colonial de demolición de la autoestima indígena.

Personalmente, espero que el mismo gobierno que lanzó la campaña Alerta contra el Racismo, que ha elaborado materiales en quechua, aymara e idiomas amazónicos para millones de escolares indígenas, que se disculpó ante el Brasil por los insultos racistas contra un jugador de fútbol, sea capaz de pronunciarse pronto frente a un programa de televisión que denigra a la mayor parte de peruanos y que origina tantos casos de bullying racista en colegios y centros laborales.

Es indignante llegar al 21 de marzo, Día Mundial contra el Racismo, con ese programa en el aire, pero al mismo tiempo a todos los que pretendemos alcanzar una sociedad justa nos demuestra lo grande que es la tarea que tenemos que enfrentar.

 

Una respuesta a “Frente al racismo, ¿qué debe hacer el estado?”

  1. Artículo de Wilfredo Ardito Vega en el Día Mundial contra el Racismo

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