Racismo debajo de la alfombra

Columnista invitado

no a la discriminación

“Las mejores lecciones de moral las

he recibido en los estadios”.

A. Camus.

El reportero de Radio Programas del Perú (RPP) le preguntaba a un residente de la ciudad de Huancayo si alguna vez en su larga estancia de más de veinte años en esta región de la sierra central del país (el entrevistado era oriundo de Huacho, una provincia costeña de la capital) había sufrido alguna clase de discriminación en su vida cotidiana. El hombre de tez oscura afirmaba muy seguro que no, que nunca se había sentido discriminado por su color y que, entrelíneas, reconocía en la gente de Huancayo un trato amable y sin prejuicios[1]. Pero lo que llamó la atención de esta entrevista de rutina y en medio de la calle era ese efluvio a reportaje de encargo, a tarea asignada que el medio de comunicación cumplía para rechazar las acusaciones de racismo que a nivel internacional se venían ya publicando en varias portadas de diarios y en redes sociales[2] sobre lo que había ocurrido un día antes en el estadio de esa ciudad, en donde el ruido simiesco de las graderías se hacía más estridente cada vez que el jugador brasileño Tinga tocaba el balón durante el partido de futbol que disputaban El Cruzeiro del Brasil y el Real Garcilaso del Perú.

Lo alarmante de esta situación no sólo es esa maldita mentalidad que jerarquiza el valor de una persona por el color de su piel, su lugar de origen o los “títulos” otorgados al apellido y a su ascendencia; también se suma a esta tara masiva el rol recusable y canallesco, en este caso, del medio de comunicación que cree cumplir un papel reparador, digo yo: maquillador, cuando la ola de indignación internacional apuntaba a responsabilizar a una sociedad excluyente como la habida en Huancayo, dirigiendo en una absurda entrevista su empeño a exponer ante el mundo la imposibilidad de actos de racismo en la incontrastable ciudad de la calidez y la bienvenida. La crítica ausente del entrevistador –me resisto a llamar periodista al sujeto que sigue un libreto deleznable de salvavidas–, es la cómplice perfecta de una reacción anquilosada frente a la discriminación. A tal magnitud llega la insensatez de lo concluido en esa entrevista que al televidente le debería quedar muy claro que “la mayor parte de la población de Huancayo cree que no es racista” y que lo ocurrido aquella noche fue producto de “la euforia del partido”; culminando así, literalmente, un diálogo monocorde que nos prevenía y camuflaba de la mirada acusadora del mundo y de la probable sanción de la Confederación deportiva que regula esta disciplina.

Del racismo se ha escrito y dicho bastante. Por eso quiero, ahora, concentrarme en la conducta del medio de comunicación que, antes de analizar el tema con la seriedad exigida y proponerlo como asunto de agenda insoslayable en una sociedad que ha aprendido, perniciosamente, a considerar como prioritarios el crecimiento y la economía y como algo anexo o secundario a la dignidad de las personas,  coadyuva a asumir como normal la agresión o la burla hacia el otro sobre criterios de color u origen, prolongando una situación de indolencia que reduce a esfuerzo estéril cualquier intento por colocar sobre el vértice superior del desarrollo al ser humano y a su singularidad como virtud y riqueza. Para sellar con la fetidez propia de esta irracional negación o defensa mediática de un comportamiento ajeno a una comunidad de derechos, al término del enlace televisivo, la conductora del espacio noticioso abogó porque la situación registrada en ese encuentro deportivo no trascienda a otras esferas y se mantenga la controversia “allí nomás”[3].

Lilian Thuran, un ex defensa de la selección francesa y a sus cuarenta años de edad ha publicado ya un par de libros (hecho imprevisible en la farándula futbolística de nuestro medio)  que apelan a su experiencia y a la sensibilidad del lector para reconocernos mejor en nuestras intolerancias y así bregar contra ellas. Su libro Mis estrellas negras trastoca la urgencia de deconstruir la visión cultural de las personas. El tema del libro, como su autor lo explica, no es el fútbol ni se centra en los deportistas, sino en el valor y el sacrificio de personas que afectadas en su honor por su color impusieron un sello de tenacidad ante las injusticias formales e informales de los prejuicios y ante la arbitrariedad de los consensos irreflexivos: “Si hay racismo en el fútbol es porque hay racismo en la sociedad. (…) el fútbol debe ser más que un juego. Debe ayudar a cambiar la manera de ver al otro. Antes que llevar este libro a un campo de fútbol, hay que conseguir que la gente hable tranquilamente de racismo o sexismo. Para cambiar, hay que aceptarlo”[4].

En efecto, para cambiar (la situación) hay que aceptarla, hay que identificarse como tal y desde el pleno autoreconocimiento de las ambivalencias, enfrentar al sentimiento degradante con una orientación de comunidad, sintiéndonos protegidos más que por un marco legal por una conciencia de dignidad conquistada a sangre durante la historia. Pero RPP no lo entendió así, y no me detendré en dilucidar si el tratamiento de la información en ese aspecto fue corporativo o si solamente se trataba de una oprobiosa expresión de incompetencia comunicativa de los protagonistas de aquella desafortunada entrevista, lo relevante del cariz de la nota que ofrecieron es que estuvo destinada a probar, una vez más, que mirando hacia los costados se conseguía fácilmente la manera de negarnos como sociedad fragmentada e irreconocible en sí misma.

Los casos de discriminación, cuando suceden en sociedades que han concebido las diferencias individuales como signo distinguible de respeto y dignidad, se esparcen por la opinión pública gracias a la prensa con la resonancia con la que se persiguen y escarban los más execrables delitos. En la Unión Europea, a pesar de ciertos brotes de racismo que emergen desde el pasado y se van instalando en discursos que alientan odios y visiones segregacionistas de algunos partidos políticos xenófobos, la señal de alerta tanto de sus órganos públicos como de los medios de comunicación se enciende dando a los derechos humanos esa institucionalidad que ha permitido reforzar sus vínculos como naciones y alcanzar notables logros en su legislación contra la discriminación.

Recientemente, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), ha resaltado, desde su función de vigilancia, el incremento de prácticas racistas hacia grupos vulnerables, entre ellos los gitanos y los musulmanes[5]. Esta preocupación ha encontrado en las cadenas periodísticas verdaderos aliados no sólo para la difusión y el análisis de los acontecimientos sino, sobre todo, para ubicar el debate en el seno de las familias, en las agendas de los parlamentos y en los espacios académicos (escuelas y universidades), de donde a pulso de memoria y aprendizaje se reactivan sus sensores contra distintas manifestaciones de exclusión.

A un joven rabino húngaro, en un reportaje[6] que hizo el diario El País sobre el fantasma del racismo, le preguntaron si pensaba que Europa estaba volviendo a su pasado más oscuro, a lo que el joven respondió: “A veces se parece a lo que pasó hace 70 años. Pero no es igual. Hoy tenemos recursos que entonces no teníamos. Aquí hay ocho o diez asociaciones judías, y está la Unión Europea”. Yo añadiría a esta respuesta un elemento imponderable más: la prensa, en todas sus extensiones, incluidas las redes sociales. Nunca antes como hoy las repercusiones de lo que significa vejar a las comunidades o individuos por su condición étnica ha cobrado una importancia vital en la conformación del Derecho de los estados y ha reconfigurado la sensibilidad de los ciudadanos. Algo que es síntoma de buena salud social y que, por desgracia, no se contagia a otras realidades marcadas por prácticas excluyentes y discriminatorias como las existentes en el Perú y en otras latitudes latinoamericanas.

En cuanto a lo ocurrido en Huancayo, esto no mereció más que media docena de artículos en algunos diarios nacionales, una solitaria y mínima llamada de atención del Presidente de la República a través del twitter, sin eco, y un par de breves comentarios televisivos en segmentos deportivos. Claro está que la magnitud de la respuesta internacional distó mucho de la interna. Sin embargo fue y es así cómo se discuten y resuelven los problemas de aceptación frente a la diversidad en el Perú. El racismo es un tema que puede esperar, o mejor aún, un asunto que puede barrerse y esconderse debajo de la alfombra, sus expresiones son sucesos que, como se mencionaba en la entrevista de RPP,  son superables en lo inmediato porque la mayor parte de la población cree que no es racista, y lo que uno cree de sí mismo es puntal para sostener cualquier muro de apariencias. Somos diversos pero irreconocibles, con los mismos derechos pero con el común denominador del trato desigual.

No percibo como solución fundamental a este pesado bagaje cultural la creación de un organismo antirracismo, por ejemplo una procuraduría, tal como lo ha sugerido un periodista[7] motivado, esta vez, por una serie de insultos, principalmente clasistas, aparecidos en internet luego del fallecimiento de una cantante de música popular andina; no obstante, la propuesta de la aplicación de sanciones más contundentes a lo tratado, según registros internacionales, ha logrado reducir la tendencia de esos actos de intolerancia. Hace un par de años, un comité del Parlamento británico publicó un informe sobre el tema del racismo en los estadios y señaló que aunque persisten “problemas significativos”, se habían comprobado “enormes” mejoras desde los años setenta y ochenta[8].

Sin el aporte ni incumbencia de los medios, sin su acerada insistencia para recodarnos las terribles consecuencias del racismo y la segregación que costó millones de vidas e incontables atropellos a la humanidad, sin su capacidad para acentuar la gravedad de lo que normalmente podría comenzar como sutil discriminación disfrazada de burla o indirecta, quizá, ni el peso de la ley ni las continuas campañas públicas podrían salvarnos de ese destino rancio que nos seguirá esperando.

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[1] La entrevista se puede ver en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=cXs5q-LfJ68#aid=P9asmctvUaY

[2]Así dio la vuelta al mundo el racismo contra Tinga en Huancayo: http://www.larepublica.pe/13-02-2014/asi-dio-la-vuelta-al-mundo-el-racismo-contra-tinga-en-huancayo#!foto1

[3] En el video de la entrevista registrado en el enlace no se llega a ver a la conductora lanzando el comentario final aludido, por ello me suscribo a la fe de los lectores en mi memoria y veracidad de lo intencional en su expresión.

[4] Álvarez, Robert, La deconstrucción de Thuram. Fútbol. El País, Deportes, 25 de octubre de 2012.

[5] Vela, Carmen, El Consejo de Europa alerta sobre el aumento del racismo y la intolerancia, Cadena Ser, 25 de octubre de 2013. Puede leerse en: http://www.cadenaser.com/internacional/articulo/consejo-europa-alerta-aumento-racismo-intolerancia/csrcsrpor/20131025csrcsrint_8/Tes

[6] Abellán, Lucía; Mora, Miguel, El fantasma del racismo recorre otra vez Europa, Reportaje, El País Internacional, 15 de diciembre de 2013.

[7] Vivas, Fernando, Un procurador antirracismo, Opinión, El Comercio, 04 de marzo de 2014.

[8] Carlin, Jhon, Animales en las gradas. El córner inglés. El País, Deportes. 02 de febrero de 2013. Y es cierto. (…) En Inglaterra al aficionado que se detecta en televisión haciendo gestos o ruidos de mono hacia un jugador negro es buscado por la policía, detenido y llevado ante un tribunal (…)

2 respuestas a “Racismo debajo de la alfombra”

  1. Artículo de Jorge Luis Ortiz Delgado, columnista invitado

  2. AVIANCA:... pague pasaje y no viajé por culpa vuestra!...devuelve mi dinero dice:

    mucha labia para algo ABSOLUTAMNTE NORMAL.

    Asi es sr.

    Los seres humanos somos naturalmente racistas, eso esta en nuestros genes… irracional tal vez, atavismo biologico, quizas, o miedo a lo diferente?

    Eso no se puede evitar.

    Lo que si podemos y devemos evitar, a traves de la educación, fundamentalmente es que estas manifestacones no solo pasen a un “plano conciente” y se pongan bases “racionales” para discriminar, insultar, y llegar a la agresión fisica. Tal como hicieran los nazis en la decada del 30 del siglo pasado.

    En el Perú el racismo es cada vez menos “racionalizado” y queda cada vez mas reducido al ambito de la zomba, la burla y mas aun tratandose de lo deportivo… es un escape, una forma de manifestar lo inconciente que no plasma a un nivel racional que lleve a este pais como a otros tantos a un enfrentamiento etnico. (estoy tirando de este analisis aquellos grupos minoritarios que SI SON RACISTAS en todo el sentido y alcance de la palabra y que habitan algunos ecosistemas sociales de clase media y media alta sobretodo en Lima, esos son MIERDA y continuaran siendolo… felizmente MINORIA)

    Y si analizamos el caso particular del jugador mencionado… estamos haciendo demasiado eco a un problema que en el mismo brasil es muchismo peor (es casi institucionalizado) y con connotaciones que van mas alla de lo deportivo… Si allá el problema es peor que aqui, por que tanto escandalo?!

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