Expresiones inarticuladas de un sufrimiento genuino

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A Miss Lonelyhearts

¡Ayúdame, Miss Lonelyhearts! ¡Ayúdame! Nathanael West trabajaba como cuartelero de un hostal cuando empezó a escribir esta novela. Es la historia de un periodista, más bien la historia de un sujeto —no se le conoce más que por el apodo— que trabaja en un periódico escribiendo consejos de vida a sus lectores, por lo general mujeres, que le envían cartas muy emotivas, muy tristes, firmadas todas con seudónimo. Le escriben, por ejemplo, Cansada-de-todo, Desesperada, Hombros-anchos, Un-suscriptor-regular. La historia de Desesperada no es solo triste, es grotesca. Una adolescente que no tiene nariz, donde debería estar la nariz hay un enorme agujero. Quisiera saber —¡ayúdame, Miss Lonelyhearts!— si debe o no suicidarse. Lo que más la apena es que ningún chico la invitará jamás a salir.
Lo molesto de escribir sobre libros es tener que resumirlos en unas pocas líneas. Felizmente, en este caso en particular, el protagonista ya lo ha hecho. No son muchas las novelas en las que, en medio de todo, aparece un resumen de la novela que se está leyendo; resume así Miss Lonelyhearts su crisis (que es también la novela que escribió West): “Quizá pueda hacértelo entender. Vamos a empezar desde el principio. Se paga a un hombre para que aconseje a los lectores de un periódico. Ese trabajo se considera sólo un truco para vender más ejemplares y todos los empleados lo toman a broma. Al redactor le parece bien el trabajo porque puede conducirle a la sección de notas de sociedad, y de todas formas está cansado de ser un protegido. También a él le parece que su trabajo es una broma, pero después de algunos meses de hacerlo, la broma se le empieza a ir de las manos. Se da cuenta de que la mayoría de las cartas son súplicas de consejo moral y espiritual profundamente humildes, que son expresiones confusas de sufrimientos auténticos. También descubre que los que le escriben le toman en serio. Por primera vez en su vida se ve forzado a examinar los valores según los cuales él vive. Y este examen le demuestra que él es la víctima de la broma y no su autor”. Por supuesto, he añadido la cursiva para resaltar la diferencia con el título de este artículo, expresiones inarticuladas de un sufrimiento genuino, que traiciona menos el texto original. El resumen del relato se halla justo a la mitad del relato. Otra genialidad que se le puede adjudicar a West: incluir por primera vez el término entropy (“entropía”) en la novela contemporánea.
Asomarse al sufrimiento de la humanidad (por medio de esas cartas), desencadena en Miss Lonelyhearts una crisis tremenda, una crisis atea profundamente religiosa. Una crisis atea profundamente religiosa experimenta también ese cura que creó el genio de Unamuno, San Manuel Bueno, quien no creía en Dios pero ocultó a sus feligreses el terrible secreto para no hacer trastabillar su fe (“su” como “their”, para que no se preste a confusión; es decir, la fe de ellos, la suya ya estaba bastante jodida). Esta crisis lleva a San Manuel Bueno —que años después será probablemente canonizado— a la acción sin descanso en bien del prójimo; mientras que a Miss Lonelyhearts lo lleva más bien a la cama, a la más absoluta inacción, siempre que no se tome en cuenta todo aquello que ocurre en la cabeza de uno. Saluda desde la cama a Bartleby, otro que, por razones muy semejantes —no olviden que Bartleby trabajaba en la sección de cartas no reclamadas, qué más desesperanzador que eso— también termina prefiriendo no hacer nada. Apunto un dato que, para quien lea ambas novelas, Miss Lonelyhearts y San Manuel Bueno, mártir, le resultará inverosímil: fueron publicadas casi en el mismo año, la de Unamuno en 1931, la de West en 1933. Cualquiera diría que la novela del español es más vieja, que la del norteamericano es más moderna. Entre ambas puede hacerse —no sé si interesantes— paralelos entre la pérdida de fe en el campo y la pérdida de fe en la ciudad: uno de los personajes en la novela de Unamuno llega de América totalmente “positivista”, mientras que Miss Lonelyhearts es arrastrado al campo pues se supone que su crisis espiritual no es más que puro estrés citadino. Más que interesantes, un poco me saben a “lugar común” tus paralelos.
Miss Lonelyhearts, sin embargo, no se quedará en la cama. Su destino, si cabe, será más trágico que el de Bartleby, y que el de San Manuel Bueno, el cura sin fe.

 

Una respuesta a “Expresiones inarticuladas de un sufrimiento genuino”

  1. Esta es la columna Resacas de Daniel Martínez Lira

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