Mostajo, el desconocido (I)

Sobre el volcán

artiuclo de Juan Carlos Valdivia Cano

La idea central en este esbozo sobre la obra de Francisco Mostajo, es que ésta permanece desconocida para la gran mayoría de arequipeños (y tal vez me quede corto). Una cosa es dar el nombre de Mostajo a colegios, avenidas, calles, barrios, etcétera, o colocar su imagen al óleo en lugar especial del Colegio de Abogados; otra cosa es saber cómo era y cómo pensaba Mostajo. Y otra más distinta aún identificarse con los valores, las ideas, las creencias y el carácter de este characato universal.

Creo que hay más de una hipótesis en relación a dicho desconocimiento, omisión u olvido interesados. Aquí me ocupo solo de una posible. Dejo de lado otras explicaciones, como la desidia general por la investigación histórica regional, salvo las conocidas excepciones. O el universal afán de santificar y canonizar a los “hombres notables” para restar o extirpar el efecto subversivo de sus ideas y, especialmente, de su experiencia vital. Francisco Mostajo aparece ahora sólo como un nombre.

Parece cierto que la volcánica Arequipa posee una doble tradición ideológica, tan liberal como conservadora, aunque cuantitativamente mucho más lo segundo que lo primero, como en todas partes. Tierra de grandes cucufatos como de acérrimos comecuras, ateos o agnósticos. Pero este hecho ideológico se distorsionó en los años que campeaba el marxismo leninismo universitario, es decir, alrededor de tres o cuatro décadas, en la medida que éste siempre aparecía disfrazado de revolucionario o renovador y progresivo. Pero por su carácter autoritario, intolerante, dogmático y represivo resultó solo una nueva versión del viejo conservadorismo de raigambre pre moderna o tradicionalista, negado pero no superado. Y ha sido esa corriente de izquierda que poco tenía que ver con el espíritu de Marx, o Mariátegui en el Perú, la satanizadora eficaz y la enemiga más dura del liberalismo y todo lo que tuviera que ver con sus valores e ideas: libertad y dignidad en especial (derecho y valores burgueses para ellos) indiferenciado abusivamente de lo que se llama ahora neo liberalismo. Y asumido de manera vergonzante e interesada, después del abandono de los dogmas leninistas por la izquierda más progresiva.

De ahí que líderes intelectuales o políticos de izquierda terminan adoptando variadas formas de conducta conservadora (o reactiva). Por ello, por ejemplo, apoyan, admiran y se identifican con el bloque de gobiernos chavistas. No se diferencian políticamente con Abimael Guzmán o Alberto Fujimori, cuyas posiciones pueden parecer opuestas, salvo por un detalle común que no puede soslayarse: su carácter antiliberal, antidemocrático y anti moderno, es decir, su común esencia autoritaria. La izquierda chavista es la que hace que la izquierda peruana sea consideraba a la retaguardia, amen de su tradicionalismo, su cosmovisión cristiana, que es demasiado decisiva para no mencionarla.

Y como difundir y publicar la obra de Mostajo es dar la palabra a un libertario, es probable que ninguno de nuestros variados representantes, hombres públicos y autoridades de tendencia conservadora (de izquierda, derecha y centro), siempre mayoritaria, haya tenido interés alguno en cumplir con esa necesidad vital, ética y política. Hoy, cuando el dualismo derecha–izquierda deja de importar mucho, cuando hoy, más que nunca, la alternativa se da entre democracia y dictadura, esa difusión se ha vuelto necesidad esencial.

Por eso creo que en Arequipa, ciudad “retardataria y tardígrada” según él (cuya educación está hoy peor que nunca), no hay ni puede haber interés en hacer conocer sus ideas, versos y sentimientos, ya que Mostajo tuvo el impertinente e inconveniente rasgo ideológico de ser un agnóstico en religión y un libertario en política, en un medio que él se encargó de adjetivar, como hemos visto. Uno de esos liberales que le interesa más la libertad, la democracia y el derecho, que la economía de mercado o la vida después de la muerte. De esos libertarios compatibles con el socialismo democrático, con la clase obrera y demás grupos subalternos o sobre alternos.

 

Una respuesta a “Mostajo, el desconocido (I)”

  1. Esta es la columna de Juan Carlos Valodivia Cano, sobre un insigne arequipeño

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