El nuevo idiota de siempre

Memorias del escribidor

 

El emprendedor es un desempleado, dijo relamiéndose, el impetuoso dirigente de juventud comunista (jotacé, para los camaradas) a un minúsculo auditorio, en su mayoría impávido y adocenado. Un desempleado creado por el sistema, continuaba el mozalbete, que lo empuja a desentenderse de las verdaderas luchas contra el expolio de los poderosos, para reivindicar el mito revolucionario e instalar la dictadura del proletariado que el pueblo necesita y merece. El emprendedor es el nuevo invento del capitalismo para disfrazar la sumisión de la clase trabajadora ante las imposiciones del gamonalismo moderno, apuntaba.

Lo curioso y hasta exótico de todo este festín de reprobaciones, aspavientos e imprecaciones lanzadas en el seno de un conciliábulo parecido a los que se daban en la clandestinidad o al margen de la ley en épocas de represión o persecución política, o propias de alguna novela existencialista que retrataba los dilemas de alguna resistencia civil, es que no se trataba de ningún discurso registrado por la historia ni era el guion de alguna pieza de ficción, sino del reciente homenaje que, en forma de conversatorio, rendía la juventud comunista del Perú al pensador José Carlos Mariátegui, por conmemorarse 120 años de su natalicio; sí, aquel que precisamente se mostraba como un admirador por excelencia del espíritu de los pioners (antecesores de los actuales emprendedores sociales), lo que los llevó a grandes gestas históricas como la fundación de los Estados Unidos de Norteamérica.

Lo publicado recientemente por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (Planeta) va en la dirección de confirmar esa condición de impasible que nuestro idiota padece a pesar de décadas de cambios y contextos cada vez más volátiles. Desde la publicación de El Manual del perfecto idiota latinoamericano, en donde las críticas dinamitaron esa monserga hecha biblia llamada Venas abiertas de América Latina de Galeano, por esa izquierda cavernaria que daba explicaciones acomplejadas al subdesarrollo de nuestros países; pasando por El regreso del idiota, en pleno auge del populismo y marcado por el dispendio de los recursos ingentes que traía la exportación de commodities y sus elevadísimos precios internacionales para conseguir subordinaciones políticas, acompañadas de hostigamiento a la prensa libre y acoso a los opositores, todo esto, bajo la sombra de la estatización y la pobreza crecientes con el chavismo y replicadas por sus adláteres bolivarianos; hasta llegar a las Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano, por las que constatamos cuán duras son, aún, esas trabas que impiden construir un modelo compacto de estabilidad democrática en toda la región, obstruido, principalmente, por la ambición desenfrenada de esos caudillos llevados al poder en elecciones para entronizarse en él de manera indefinida con el propósito de “llevar a término la revolución social”; y en el caso de España (porque, ahora, el idiota ha cruzado el charco), reconocemos cómo la invasión de nacionalismos ha terminado por quebrar la frágil unidad del país, tergiversando muchas veces la historia e identificando a la obesidad burocrática, como responsable del incremento del gasto que demandaba mantener su Estado de Bienestar, generando crisis y corrupción en el manejo de los fondos públicos.

Los enemigos del idiota, a pesar del tiempo transcurrido y las experiencias que marcan época, siguen siendo los mismos: Estados Unidos, la globalización y el modelo liberal (con su derivación, el “capitalismo salvaje”). Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina, antes Chávez y, ahora, Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Zapatero en España, han intentado alcanzar lo que la URSS en su momento logró: polarizar al mundo entre los que apoyaban “el imperialismo de los Estados Unidos” y los que defendían la soberanía de los pueblos y luchaban por una reivindicación cultural contra la hegemonía de Occidente (desconociendo el origen y riqueza de sus mestizajes y pervirtiendo el rumbo de sus políticas integracionistas).

Las tímidos virajes de timón en Cuba –impulsados por un Raúl Castro menos obcecado que su hermano aunque igual de verticalista que él– expresados en la liberalización del acceso de los cubanos a los hoteles, la habilitación del derecho de compra y venta de casas, vehículos y teléfonos móviles; aunque significaron, en medio de la podredumbre de la isla, señales de sustanciales cambios en camino, las libertades políticas permanecieron proscritas. No en vano, según cálculos dela organización cubano-estadounidense, con sede en Miami, Solidaridad Sin Fronteras, aproximadamente unos 5,000 profesionales cubanos de la salud han desertado en los últimos 10 años[1], apenas han encontrado la oportunidad para hacerlo mientras se hallaban en distintas misiones internacionales a los que eran enviados. Pese a estos intentos por destrabar el comercio entre los cubanos y así mejorar su productividad, las supuestas reformas, nos dicen los autores, caerán en el fracaso debido a la persistencia en una economía planificada, un ordenamiento jurídico parcializado, un sistema político unipartidista y un modelo de desarrollo sin garantías para la propiedad privada.

Pero no todo es sombrío alrededor del idiota. Hubo lecciones aprendidas que países como Colombia, Chile y Perú supieron aprovechar, aunque con amenazas latentes de colectivismos y la omnipresente demagogia propia de democracias jóvenes afianzándose entre conflictos internos. Pueden haber desaceleraciones económicas, en el caso del Perú; o turbulentos procesos de pacificación como el llevado a cabo en Colombia; y hasta fuertes y multitudinarias protestas por falta de medidas cruciales en educación como las ocurridas en Chile; pero el respaldo mayoritario que los ciudadanos de dichas geografías han dado a la democracia expresa la posibilidad de acercarse a la prosperidad por esta vía. Asegurar este contexto, consolidando una economía libre, desburocratizada y aliada de las inversiones es el reto que han asumido estos gobiernos para reducir la pobreza. La Alianza del Pacífico, conformada por estos países además de México, confirma la conjunción de ideas en torno al desarrollo que el bloque comparte, añadiendo a sus acuerdos políticas que prioricen la innovación y el valor agregado a la producción, incentiven modernas estrategias educativas, promuevan proyectos que mejoren su infraestructura y alienten el libre flujo de capitales y personas. El pragmatismo bienhechor que ha conducido a esta alianza a resultados concretos, como la desgravación arancelaria de más del 90% de sus bienes y servicios ya iniciado y con un plazo de 17 años para su total implementación, ha causado muy buena impresión en otras regiones a tal punto que 32 países participan como Estados Observadores del grupo, varios de ellos solicitando con enorme interés ser parte de la alianza. En la actualidad, Costa Rica y Panamá se encuentran muy bien calificados y considerados como candidatos próximos a integrarla.

A pesar de la evidencias, la voz disonante de nuestro nuevo idiota de siempre no se hará esperar. Proclamará que todo este motor de progreso es un artificio del sistema para encubrir sus pérfidas motivaciones sustentadas en la opresión del proletariado y la abdicación hacia una globalización deshumanizante; que la democracia es un maquillaje para gobernar con privilegios y un mecanismo para producir más desposeídos; y que más relevante que las libertades individuales son los derechos “colectivos” a los que el estado no debe renunciar, y por lo que el capitalismo debiera ser extirpado de la sociedad. Todo esto, dicho con un lenguaje revuelto, oscuro y turbado, característico de la pasión ideológica, alimentada con resentimiento y precipitación.

El libro que nos presentan Mendoza, Montaner y Vargas Llosa no es pretencioso en cuanto a la observación minuciosa de cada medida política o económica que los gobiernos populistas de Iberoamérica han emitido y que han provocado colapsos en sus instituciones; esa tarea la han de asumir los especialistas de cada región con el detalle que les exige ser testigos preclaros de sus circunstancias. Pero, sin duda, para muestra más de un botón es lo que nos ofrecen estos “tres chiflados del liberalismo” –como los llamaron alguna vez, quienes se sintieron desarmados por el Manual del perfecto idiota latinoamericano–, exponiéndonos con soberbia claridad las consecuencias visibles que trae consigo un profundo desprecio por la institucionalidad, el predominio del clientelismo en la forma de gobernar, y el uso del discurso polarizador para preservar y aumentar las parcelas de poder. Leer las últimas noticias del nuevo idiota, narradas con empeñosa ilación, es advertir con espanto los síntomas de esa enfermedad terminal que es el populismo, renovado en sus formas; síntomas expandidos por todo el cuerpo social, condenándonos al atraso y, lo que es peor, a la casi sempiterna lapidación de las reformas esperadas.

 

[1] Primera, Maye; Unos 5.000 profesionales de la salud cubanos han desertado en diez años. El País, Internacional. 

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2 respuestas a “El nuevo idiota de siempre”

  1. alberto dice:

    Francamente, usar el librito de tercera categoria como el de Alvaro V. para criticar la postura de los izquierdosos es tan pueril y ridiculo como la postura sostenida por éstos….

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