Sicarios

La columna Mabel Cáceres Calderón

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El presidente regional de Ancash, César Álvarez, contrató a inescrupulosos para matar a sus enemigos políticos. Lo hicieron y nada pasó, hasta que una joven valiente emprendió una lucha sin cuartel que amenaza descubrir la complicidad de congresistas y de Fiscales, del más alto rango.

El presidente regional de Arequipa, Juan Manuel Guillén, inusitado objeto de repentinos y ruidosos reportajes críticos a su gestión, se ha declarado víctima de “sicarios morales”, quienes habrían sido contratados por “alguien” para asesinar su honra y su dignidad.

El presidente regional de Ancash está ahora en prisión y su caso, como el de otros presidentes regionales, ha puesto en riesgo todo el proceso de descentralización, pues el gobierno ha encontrado la excusa perfecta para recortarles facultades y, especialmente, dinero.

El presidente regional de Arequipa, desprevenido ante la andanada, o confiado en su antigua influencia, no ha tenido una reacción eficaz y, en la práctica, sus enemigos políticos han logrado sacarlo del camino hacia el poder, donde era un gran escollo.

El presidente regional de Ancash había sido objeto, durante años, de todo tipo de denuncias, pero contaba con la protección de congresistas, fiscales y otros políticos, así como por una prensa regional, bien pagada, que lo defendía férreamente y que hoy, felizmente, está en prisión.

El presidente regional de Arequipa, a pesar que su gestión no llegaba a la categoría de mediana, era uno de los intocables, hasta ahora. Los políticos y otras autoridades buscaban siempre ser sus aliados, mientras la prensa, con pocas excepciones, fue más que complaciente con una gestión que hacía agua por todos lados, por razones que se debería investigar.

El presidente regional de Ancash contaba con una organización criminal montada para saquear los recursos públicos en licitaciones, construcción de obras, tráfico de terrenos y contratación de “asesorías” de todo tipo. En esa pirámide, todos se enriquecieron y nadie tenía interés en denunciar. La otra parte de la tarea, la hicieron los indiferentes y ahora todos deben pagar.

El presidente regional de Arequipa, no cuenta ni contó antes con un equipo mínimo que garantice alguna solvencia técnica y gobierna entregando cuotas de poder en base a alianzas y acuerdos de conveniencia con todo aquel que le pueda causar algún tipo de problemas: dirigentes populares, gremios como el Sutep o los de Salud, grandes empresarios mineros y medios de comunicación.

El presidente regional de Ancash, y otros de su calaña, han causado un grave daño al país del interior, en general. La descentralización ha sido derrotada por la corrupción de los gestores “descentralizados”; y revertir ese hecho, así como la desconfianza que hoy guarda la población, aunque haya honorables excepciones, será cosa de varios lustros.

El presidente regional de Arequipa, le ha causado un grave perjuicio a la Región, al no haber construido un mínimo de institucionalidad, tanto en el GRA como en otros organismos que se relacionan con su gestión, como era su obligación de político responsable. Su gestión basada en el voluntarismo no podrá ser recordada por ningún logro, más allá de las obras físicas si las termina. Ninguna reforma, ningún plan concertado hacia el futuro, ningún equipo de gestión que dé soporte a los futuros administradores.

El presidente regional de Ancash es un claro ejemplo del bribón hecho político que, por falta de otras alternativas y por la pobre conciencia cívica del electorado, llega a un cargo sólo para retrasar el desarrollo de la comunidad a la que se supone debe servir, antes que a su codicia y su ego. Toda su gestión estuvo organizada para saquear el tesoro público. Ojalá sirva de ejemplo suficiente para saber reconocerlos en el futuro.

El presidente regional de Arequipa es un claro ejemplo del demagogo hecho político, que ofrece sólo discursos y ningún soporte real para gobernar, anteponiendo su ego a cualquier consideración, y creyendo que su condición de “elegido” le otorga inmunidad e impunidad frente a la incapacidad, ineficiencia y negligencia de su gestión. Ojalá Arequipa haya aprendido la lección.

El presidente regional de Ancash habría malgastado o sustraído unos mil millones de soles en su emblemática gestión. Ninguna de sus “obras” contribuirá a mejorar el nivel educativo o de salud de su población, ni constituirá base alguna para un futuro desarrollo, una vez que acabe el boom minero, habiendo dilapidado una oportunidad de oro para que sus cientos de miles de pobres salgan de esa situación.

El presidente regional de Arequipa, solo puede exhibir obras sobrevaloradas, inconclusas, con gruesas fallas técnicas; un territorio tomado por los invasores avalados por sus socios en el cogobierno, una década desperdiciada en los estratégicos sectores de Salud y Educación que exhiben niveles paupérrimos de gestión a cargo de sus amigos de Patria Roja; y un desperdicio igual respecto a los cuantiosos ingresos por Canon Minero, por falta de proyectos de desarrollo regional. Ojalá Arequipa haya aprendido la lección.

Sicarios, los que mataron a Ezequiel Nolasco en Ancash. Y aquí, los defensores a sueldo de la gestión de JMG que insultan por la radio o descalifican por la TV o las redes a sus críticos.

 

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