Apogeo conservador

Columna de humo Jimmy Marroquín

conservadurismo

En Arequipa ha adquirido un peligroso predominio el conservadurismo y las prácticas de intolerancia que éste desencadena. Es un proceso que se ha ido asentando estos últimos 20 años. Convergen en esta hegemonía la posición preeminente de la iglesia, y más precisamente del Opus Dei, encarnado en el arzobispo del Río, discípulo y escudero de Cipriani; el declive de la Universidad Nacional San Agustín (Unsa) y el creciente protagonismo de la Universidad San Pablo, cercana al Opus Dei, o acaso más refractaria; y la suerte de alianza fáctica entre el gobierno regional y la iglesia, que le ha permitido al arzobispado, en entidades que debiera dirigir el Estado, tener un manejo discrecional de la educación y sus contenidos. El arzobispo del Río, en la senda activista de Cipriani, interviene en cuanto asunto importante y de coyuntura se presenta: exhorta, reconviene, condena y hasta se permite aconsejar sobre temas privados y públicos; desde los económicos hasta los sociales, educativos y políticos. Es una presencia siempre estelar en los medios de comunicación, en los que a veces se echa de menos una postura menos complaciente. Huelga decir que el baremo ideológico del arzobispo es el del conservadurismo más intolerante: se opone a la unión civil, al protocolo del aborto terapéutico y es militante de todas las causas remisas que definen al Opus.

La Universidad San Agustín ha sucumbido -salvo algunas facultades y escuelas con prestigios insulares, y docentes e investigadores valiosísimos- a una postración en la mediocridad y el facilismo. Pese a que cuenta con mayores recursos producto del canon, sus índices en cuanto a calidad educativa, investigación académica y proyección social marcan un retroceso lamentable. Esta postración debe mucho al grupo político que, desde hace más de 20 años, gobierna la universidad, y que con sus prácticas de amedrentamiento, cooptación y festinación de recursos económicos, la ha sumido en este marasmo institucional. Este grupo político ha instituido en la universidad también un obsceno patrimonialismo, una convicción aberrante de que ésta les pertenece, y que, por ello, es parte de su masa hereditaria. El prestigio de la Unsa como principal centro formador y de libre discusión de Arequipa parece ser un asunto del pasado. En este contexto, el progresivo posicionamiento de la Universidad San Pablo en la demanda académica de la ciudad no es una buena noticia. Baste decir que a los alumnos de pregrado se les obliga a ir a misa. Y que la enseñanza de teología es obligatoria para los cursos base. Tal cuestión, aparentemente, no debería preocupar; al fin y al cabo, la autonomía universitaria garantiza su confesionalismo. Pero ante la precariedad institucional de la Unsa, que ha menoscabado el vigor del laicismo y del libre pensamiento, el ascenso de la Universidad San Pablo ha revitalizado la prédica iusnaturalista, a contracorriente de estos tiempos de apogeo de derechos sociales y demandas reivindicativas de minorías y de género. En los últimos debates que se han producido sobre temas cuyo tenor es el ámbito de lo público (y me refiero explícitamente a la unión civil y al protocolo del aborto terapéutico), ha sido y es común apreciar, sea en discusiones por los medios de interacción social, sea a través de eventos de discusión en instituciones (pocos, y eso es realmente vergonzante en una ciudad que se reclama como la segunda en el país), la recurrencia de argumentos que se sustentan en la supuesta condición natural de la familia y la sociedad, y en la moral que se ajusta al canon religioso y a sus dogmas monológicos. La anquilosis del derecho natural es exhibida con triunfalismo intelectual.

Esta realidad exige, imperativamente, a todos aquellos que concebimos al dogmatismo como la clausura del horizonte humanista, debatir, refutar y desnudar el talante autoritario de esta avanzada conservadora; hacerle frente, desde la legitimidad de una posición civil y enérgicamente republicana, a este proceso de instauración de un pensamiento único.

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2 respuestas a “Apogeo conservador”

  1. Avatar jimena dice:

    A mi nunca me obligaron a ir a misa en la San Pablo. Creo que para afirmar algo así se necesitan PRUEBAS.

  2. Avatar José Passano dice:

    Aclarando que en la UCSP la Misa no es obligatoria, se hace en la capilla los viernes y va quien quiere (igual que en la ex-PCUC), además si bien se enseñan dos cursos generles propios de la visión confesional de la UCSP (introducción al cristianismo y visión cristiana de nuestro tiempo) se respeta la libertad de credo por ser un derecho de conciencia y no se impone ni obliga a nadie a creer.

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