Carta abierta a los colegas U

Sobre el volcán

En relación a los principios del nuevo Estatuto de la Universidad Católica Santa María, creo que la pregunta no debe ser sólo qué es una Universidad Católica, en general, sino qué debe ser la Universidad Santa María en particular. Lo tenemos que decidir mediante discusión, porque nunca se ha discutido lo que eso significa. Y ni siquiera dentro del catolicismo hay acuerdo respecto de lo que es una Universidad Católica (véase el conflicto Cipriani-PUCP). Eso es lo primero que habría que hacer y tiene que ser una discusión en serio y no una formalidad más.

Pero antes hay que hacerle unas preguntas a este Estatuto: ¿cómo se compatibiliza o concilia “la formación de la fe”, “el espíritu de familia” y la insinuación de que todos los miembros de la universidad Santa María profesamos la fe cristiana y católica —como reza el Preámbulo del Estatuto— con el artículo 6.10 de la nueva Ley Universitaria que señala que un fin de la universidad es formar personas libres en una sociedad libre? ¿Y qué pasa con la autonomía, la pluralidad, la libertad de pensamiento, de creencia y de conciencia, de crítica, de expresión y de cátedra? ¿No hay aquí un abigarramiento, un sancochado valorativo, una chanfaina ideológica? ¿Qué significa “humanista y cristiana”, por ejemplo? ¿Hay una sola versión de lo que es “cristiano” y de lo que es “humanista”?, ¿un único pensamiento “verdadero”?, ¿y qué hacemos con el humanismo clásico?

Para unos, universidad católica parece significar que profesores y estudiantes deben ser católicos, o considerarse como tales ante los demás, sin derecho para las minorías que, según el Preámbulo, no existen, porque todos “profesamos la fe cristiana y católica”. Eso niega el principio de universalidad y pluralismo de la universidad y el carácter crítico y creador del conocimiento y la investigación. La autonomía universitaria no da para ir contra esos valores o principios, ni contra los valores o principios de la Constitución, que es de todos, creyentes o no. Y todos estamos obligados ante ella, creyentes o no.

No se puede educar a partir de un derecho católico, o de una medicina católica, o de una contabilidad católica, etcétera, a menos que se entienda “católico” como un conjunto de dogmas que hay que aceptar obligatoriamente imponiendo una cierta perspectiva tendenciosa y no la aceptación y discusión pública de todas las tendencias. Sería la misma perspectiva que la de un extremista islámico, de un talibán.

La pluralidad no es un defecto, sino una riqueza para una institución. La historia del pensamiento lo muestra con cierta claridad. Como sostiene Fernando de Trazegnies, profesor católico de la PUCP: “Una facultad de Derecho de una universidad católica es ante todo una facultad de Derecho; por consiguiente, debe responder a las más severas exigencias que se plantean a toda facultad de Derecho. Así, una visión católica del Derecho no puede traicionar la naturaleza misma del Derecho, no puede imponer un dogma a una disciplina que es fundamentalmente anti dogmática y tolerante”. Y eso se puede extender muy bien, mutatis mutandis, a los otros programas o facultades de la universidad.

Católico puede ser entendido también de una manera opuesta a la comentada en el tercer párrafo, es decir, en sentido etimológico o primigenio; católico como abierto a todos los espíritus y culturas, siendo lo católico mismo una fusión espiritual de raigambre greco latina y cristiana: católico como universal. Pero católica también puede ser sólo el nombre de la universidad, un homenaje, un reconocimiento. Como el nombre de la universidad de San Agustín, en homenaje y reconocimiento al Gran Padre, pero no por eso católica ella misma.

El nombre de Santa María parece ser sólo eso, el homenaje del padre William Morris a la santa que veneró y reconoció con todo derecho, como creador, fundador y primer Rector de la UCSM, que ahora algunos le quieren mezquinar para congraciarse con el poder eclesiástico. Él mismo mostró con hechos, con su práctica y no mediante discursos o manifiestos, cómo entendía lo de “universidad católica”, al contratar a magníficos profesores no católicos en los años sesenta, a quienes los beneficiarios estaremos eternamente agradecidos. Y al padre Morris, abierto y tolerante, universal y pragmático, católico primigenio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE