¿Por qué Goyo sí y Susana no?

Columnista invitado Otra Mirada

Una buena entrada que nos puede dar luces para el debate que ya empezó sobre los resultados  electorales de las elecciones locales y regionales, es preguntarnos ¿por qué Goyo sí en Cajamarca y Susana no en Lima?

Salvando las distancias, quizás insalvables, entre Cajamarca y Lima, nos atrevemos a señalar el contraste político entre ambos liderazgos para entender cómo uno se acerca al 50% en su reelección y el otro fracasa estrepitosamente quedándose en el 10% al intentar la misma. El punto está en cómo, en cada caso, se ha enfrentado y resuelto el conflicto principal que les ha tocado manejar.

Gregorio Santos ha enfrentado a la minera Yanacocha y su intento de explotar el yacimiento minero de Conga, sin cuidar el medio ambiente ni resarcir adecuadamente a la región por la extracción del mineral. Ha afirmado su liderazgo exitosamente, evitando que se lleve adelante esta explotación en los términos que estaba planteada. Obtiene así un triunfo para él, su movimiento y su gobierno regional, aunque sea temporal, probando como eficaz la iniciativa política planteada. El primer elemento de este éxito ha sido la conexión con su base social. Él mismo, un profesor ligado al movimiento rondero, sensible a las demandas de sus bases que le han reclamado firmeza frente a la prepotencia empresarial. Es a partir de esta articulación rondero-magisterial que logra un frente más amplio con sectores urbanos, en principio resistentes a sus planteamientos, para llegar a expresar hoy a casi la mitad del electorado cajamarquino.

Pero quizás tan importante como lo anterior, ha desplegado una audacia poco frecuente en los últimos años en los movimientos sociales y políticos en el Perú. Por una parte, no ha tenido temor de la represión, lo que lo ha llevado hasta la prisión donde se encuentra el día de hoy. Por otra, casi desde un primer momento ha buscado convertirse en un líder nacional, considerando incluso la idea de una candidatura presidencial, lo que más allá de la realidad de su planteamiento, le dio una estatura y una capacidad de desafío al poder central, que no ha tenido otro líder regional desde los tiempos de Daniel Estrada.

Susana Villarán salió elegida aprovechando una coyuntura electoral súbitamente favorable: el retiro de Alex Kouri de la contienda por las autoridades electorales. Ello le permitió polarizar con Lourdes Flores y ganar muy apretadamente el sillón municipal de Lima. Sin embargo, a diferencia de Alfonso Barrantes, perdió precioso tiempo para buscar una alianza de gobierno en el municipio y se desgastó con declaraciones inoportunas que envalentonaron a sus adversarios. Ello, a la par de una bárbara ofensiva mediática de la derecha cavernaria desde el primer minuto de su gestión, especialmente por el sector ligado a la anterior gestión municipal. El primer asalto, sin embargo, de esta derecha cavernaria, el intento de revocatoria a la alcaldesa y sus regidores, fracasó en lo fundamental por la amplia alianza democrática que desplegó Villarán, salvándose de ser revocada por algunos puntos.

Teniendo como punto más alto de sus reflejos políticos este triunfo de la revocatoria, Villarán falló antes y después en una relación fundamental bases-liderazgo. Por una parte, se pasó todo el período buscando a sus bases y nunca terminó de encontrarlas. La Lima popular de los ochentas ya no existe y la Lima pobre de hoy se reconocen en sus rivales. Pero, por otra,  siempre tuvo temor de proyectar su liderazgo a nivel nacional. Con diferente suerte los alcaldes de Lima exitosos han sido también líderes nacionales: Bedoya, Barrantes, Andrade, Castañeda. Villarán, en cambio, ha demostrado una falta de voluntad para convertirse en líder nacional. Esta falta de firmeza para plantarse en la escena política ha sido una de las razones por las que los medios y otros líderes la han maltratado reiteradamente, consiguiendo el objetivo de desprestigio que buscaban. Esta falta de liderazgo ha hecho que sus éxitos los hagan aparecer como fracasos, como es el caso del número de obras ejecutadas (más en cuatro años que Castañeda en ocho) y que su capacidad como dirigente político no haya podido probarse como eficaz, a pesar del triunfo electoral del 2010 y el triunfo de nuevo al derrotar la revocatoria el 2012.

¿Qué lección podemos sacar hacia el futuro en un campo minado como es la política peruana actual? Que sin expresar el núcleo de alguna base popular específica y atreverse a convertir eso en una lucha con proyección nacional será imposible derrotar a la derecha bruta y achorada, que hoy se expresa no solo como defensa del modelo económico primario exportador, sino también como tolerancia abierta con la economía delictiva y el asalto a las arcas públicas.

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