ANALISIS: Juliaca gana con la elección del nuevo presidente regional de Puno

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presidente regional puno

Por: Gilmer Inquilla de Noticias Ser

Eland Vera, docente de la Universidad Nacional del Altiplano analiza los resultados de la segunda vuelta electoral en Puno y el significado de la victoria de Juan Luque sobre Walter Aduviri.

¿Cuál es su reflexión sobre los resultados de las elecciones regionales en Puno?

La primera reflexión sería que estamos asistiendo a un cambio en la historia política de la región. Quizás no nos damos cuenta, porque hemos pasado de una etapa en la que los liderazgos eran de carácter más urbano. Solo por poner un ejemplo, recordemos la diferencia que hubo en la primera elección del gobierno regional, hace doce años, cuando las dos mayorías más votadas fueron David Jiménez y Alberto Quintanilla, profesionales de cierto prestigio, pero vinculados mucho más al mundo externo. Es innegable que hemos pasado de estos liderazgos señoriales, a profesionales de un liderazgo emergente, que tiene un acento más provincial.

En segundo lugar, se reconfirma que las elecciones en Puno tienen un fuerte acento etno cultural, porque se vota en función al grupo al que el candidato representa, al sector social y cultural al que pertenece.

Un tercer elemento es que con la elección de Juan Luque estamos dando paso a una decisión del electorado, de abandonar ciertas posturas radicales de izquierdas, aunque se mantiene una tensión entre esta reivindicación etno cultural de posiciones radicales y la aparición de un factor más modernizador, porque, quiérase o no, el voto por Luque, que es eminentemente juliaqueño, es un voto por una modernización andina, diferente a lo que siempre hemos votado en el Puno radical y contestatario.

¿Cree que la gestión de Luque será débil, tomando en cuenta las acusaciones de corrupción cuando fue rector de la Universidad Néstor Cáceres Velásquez?

Hay que partir del hecho que existe en el aparato público lo que el historiador Alfonso Quiroz llamaba la corrupción sistémica. Por ello, que no hubiera corrupción sería una excepción. Entonces, hay grandes probabilidades que siempre esté presente, y no solamente entre los líderes, sino en la misma población y los seguidores de quienes están en la argolla del poder, porque hay que recordar que lo que tenemos son caudillos, en una democracia sin partidos, a los que podríamos llamar neo caciques regionales. Ellos no optan por un trabajo de organización política y de participación. Forman más bien una argolla de poder, que una vez instalada en el aparato público, obtiene beneficios.

Hablando del otro contendor, el señor Walter Aduviri, ¿lo ve, como una figura política vigorosa?

Es innegable que es una nueva figura. Tiene una diferencia de 20 años con Juan Luque. Tranquilamente podría ser su hijo. Es una figura joven que tiene proyección política, y dentro del orden político peruano, encaja. Es un tipo vigoroso, contestatario, radical. Yo sí le veo futuro político y lo más probable es que va a postular al Congreso, y me parece que ese es su lugar, porque lo suyo es la representación, no la gestión. Si uno ve el escenario, está bien tener a Luque como presidente de región y a Walter Aduviri en el Congreso.

¿En este proceso los puneños no pudimos desprendernos de una aparente división entre quechuas y aymaras, tomando en cuenta que Aduviri ganó en más provincias del sur y Luque en el norte?

La división entre quechuas y aymaras es una ficción que es permanentemente reproducida por los medios de comunicación y líderes de opinión. En la práctica, el pueblo está compuesto por quechuas, aymaras y mestizos; incluso hay gente que dice ser castellana. En términos periodísticos o sociales, no podemos decir que hay una confrontación fuerte entre quechuas y aymaras. Más bien, en periodos electorales hay dos rivalidades; pasa la elección y no hay división.

¿Tal vez el respaldo que tuvo Luque es en protesta por la reproducción a nivel regional del centralismo?

Así como la corrupción es sistémica, el centralismo también es estructural y lo reproducimos. Una prueba clara es que hay una suerte de péndulo político regional. Si nos damos cuenta, el primer presidente regional, David Jiménez, era del sur; el segundo, Hernán Fuertes, era del norte; el tercero, Mauricio Rodríguez, si bien nació en el norte, hizo su vida profesional, en Puno, y la argolla de profesionales que ha generado es de la provincia de Puno. Así que el péndulo ahora ha regresado a Juliaca, lo que genera cierto nivel de equidad entre los intereses del sur y los del norte. De otro lado, no debemos caer en la idealización del político, que se expresa en ciertas posturas conservadoras y elitistas, que existen en la ciudad de Puno, entre grupos y sectores que dicen que hemos elegido entre el cáncer y el sida. Yo diría que menos mal que por primera vez hemos votado por dos candidatos originarios, de profunda raíz provinciana.

¿Qué futuro le augura al nuevo presidente regional, cree que tendrá éxito?

Tendría que hacer un gran esfuerzo para hacer un gobierno regional exitoso, y no creo que tenga la estatura de un estadista regional, que tampoco hemos tenido hasta ahora. No creo que sea menos que Fuentes y Jiménez, pero tampoco hay que hacerse muchas ilusiones. Hay que recordar que tenemos una población con altísimas expectativas, y los políticos de la región tienen un comportamiento intermedio, con luces y sombras. Pero insisto: Creo que lo más positivo es que Luque representa la modernización.

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