Mario Bellatín en la FIL

Columna de letras Jorge Monteza

Bellatin

Hace poco más de diez años, cuando era yo un estudiante universitario, llegó a mis manos, una edición popular de Salón de belleza y Canon perpetuo (Adobe, 2000). Fueron los primeros libros de Mario Bellatín que leí. Quedé impactado. En ese momento, yo no sabía que se podía hacer lo que Bellatín estaba haciendo con la literatura. Inmediatamente indagué en qué anda la literatura actual. Sin embargo, en la Arequipa de entonces, era un poco difícil conseguir libros muy actuales; por otro lado, para un estudiante universitario es también difícil estar al tanto de lo último de la literatura, más aún si estos libros salen en ediciones como Tusquest o Anagrama. Los llamados “huecos” (tiendas donde venden libros de segundo uso o piratas) atenuaban estas carencias. Eso sí carecían de otras cosas como el buen gusto literario. Recuerdo las palabras de un señor que vendía en uno de estos lugares, cuando le pregunté por los libros de Mario Bellatín: “Ese autor es raro, no vas a encontrar” y me recomendó un bestsellert, creo que Cohelo.

Fue la primera vez que escuché el adjetivo “raro” para calificar a Bellatín, y estuve de acuerdo; aunque, claro está, por razones diferentes. Para el vendedor era raro porque sus obras no circulaban por los canales mercantiles de los libros populares. Para mí era raro porque, entonces, tenía una vaga intuición de eso que, más académicamente, califica a este autor como un desacralizador de la literatura. A pesar de estar entusiasmado con este autor, por diversas razones, me fue esquivo el gusto de encontrar inmediatamente sus libros. Solo con el paso del tiempo y cierta paciencia fui topándome con sus libros y dimensionando una rareza cada vez más compleja de la que se refería el vendedor de libros piratas. Pues para esto hace falta leer algunos de sus libros o todos, pero “todos” equivale a decir El libro de Bellatín.

Sí, todos los libros de Bellatín son un libro. Y quizá la mejor prueba de esto sea el texto Lecciones para una liebre muerta (2005), constituido por doscientos setenta fragmentos extraídos de sus otros libros y combinados sistemáticamente. En una línea de estos fragmentos hay un narrador que cuenta la historia de su abuelo que a su vez contaba la historia de Macaca, una mujer de origen ruso enamorada de un exluchador chino que muere en extrañas circunstancias a manos de la policía. Esta historia se entrecruza con otras como con la de Los Universales y el poeta ciego (del libro El poeta ciego), los hermanos Kuhn (de Flores), etc. Este gesto, atípico, de valerse de la intertextualidad para hacer una literatura desde la literatura hace de Bellatín un escritor portador de un mundo literario sumamente particular, expresable solo a través de un gran libro, todos sus libros. Consecuentemente, creo, esto ha conllevado a pensarse en él como un autor raro. En el prólogo de su Obra reunida 2, cuyo título no está libre de ironía: Lo raro es ser un escritor raro, dice “Me suele llamar la atención cómo un mismo libro puede tener tan diferentes lecturas dependiendo del espacio y del tiempo de su aparición”. Más adelante declara que puso en marcha el siguiente experimento: “Hice tratos con distintas editoriales para que diferentes textos salieran a la vez, con el fin de que las obras se fueran entremezclando para convertirse todas en un mismo libro. Tal vez este ejercicio la haga un poco extraña”. En su libro Flores expresa también esta idea a modo de introducción: Existe una antigua técnica sumeria que permite la construcción de complicadas estructuras narrativas basándose en la suma de determinados objetos que juntos conforman un todo. Es de este modo como he tratado de conformar este relato”.

Bellatín es un escritor que ha sabido reconocer y explotar las múltiples posibilidades de la lectura. Las teorías posmodernas de la lectura, en particular la deconstructivista, reconoce que el lector es quien termina de escribir el texto con su lectura. Pareciera que esta condición es explotada en sus más altos niveles en la obra de Bellatín. Siguiendo la noción de que los significados del texto se conforman en el contexto, es decir basta un cambio de lugar y/o tiempo del texto para que su significado también cambie. En gran medida el arte de Bellatín consiste en esto: un juego combinatorio de los signos que produce. Quizá a esto es lo se refiere el autor cuando habla de Escribir sin escribir. No obstante, esto no debería resultarnos raro. Pues, todo arte es un arte combinatorio. Lo que ocurre es que cuando algo artístico resulta sorprendente se debe, principalmente, al talento y originalidad de su creador.

Mario Bellatín se presentó en la Feria Internacional del Libro, aquí en Arequipa, con motivo de la publicación de Obra reunida 2 (Alfaguara 2014). Terminada la Feria; puedo decir con aire sosegado y sin duda que fue lo mejor de ésta. Después de muchos años, en un lugar, pude obtener la obra completa de Bellatín. Más aún tuve la fortuna de ser considerado para presentar su libro junto a Juan Pablo Torres. Suelo ser responsable con mis compromisos pero, en esta ocasión, por esas cosas raras de la vida, no pude asistir.

 

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