No a la #LeyPulpin

Confesiones de invierno

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Tengo 20 años y por algún motivo el congreso de mi país acaba de decidir que tengo menos derechos que el resto de los peruanos. No solo yo, claro está, sino todas las personas entre 18 y 24 años quienes, a partir de ahora, (sin cts, ni gratificaciones, ni vacaciones completas, entre otras perlas) seremos mano de obra barata y fácil de explotar; carne fresca y jugosa, lista para ser devorada por cualquier empresario.

Para el presidente Humala que los jóvenes no tengamos ninguno de estos derechos, no solo está bien, si no que es lo más natural porque esa es la forma en la que se paga “derecho a piso” o sea con explotación y abuso.

Es bastante curioso como una ley que inicialmente se suponía iba a beneficiar a miles de jóvenes se ha convertido en una ley que se asegurara de que los jóvenes paguemos derecho a piso.

Esta ley, aprobada por el congreso con el apoyo del ejecutivo, es una ley que ampara el abuso. Una ley que es, en sí misma, una rendición. Es el estado claudicando, admitiendo que no está en capacidad de cumplir con su deber.

Lo que el gobierno nos está diciendo con esta ley es que, como no es capaz de fiscalizar y sancionar la informalidad, lo que van a hacer es volver formal lo informal y darle un bonito marco legal a la explotación laboral, a la precariedad del trabajo.

Gracias a esta norma miles de empresarios informales que antes explotaban a sus trabajadores a espaldas de la ley ahora podrán seguir explotando a sus trabajadores solo que lo harán con el amparo de la ley.

¿De qué sirve la formalidad si le quitas los beneficios que esta, se supone, debería traer consigo? Esa es una formalidad pírrica, ilusoria. Una falacia. Purita letra muerta.

Es como si hoy te dijeran que serás ascendido en tu chamba pero seguirás ganando el mismo sueldo, teniendo la misma oficina y realizando el mismo trabajo que tenías antes del ascenso. Ah pero ahora podrás poner “Gerente general” en lugar de “Portero” en tu tarjeta de presentación. ¡Felicitaciones!

De la misma forma un joven que antes engrosaba las estadísticas de trabajo informal ahora pasara a engrosar las estadísticas de trabajo formal, su estatus ha cambiado pero su vida seguirá siendo exactamente la misma.

Y esto si es que hay algún empresario lo suficientemente ingenuo para dejar de contratar por servicio por honorarios (en donde el costo es cero) para pasar a sus empleados a planilla en donde, aun con los beneficios, el costo de un trabajador seguirá siendo bastante mayor que la informalidad.

Si es que esta medida se mantiene vigente, estando las cosas como están, de un tiempo acá es muy probable que, al tener los jóvenes una ventaja en el mercado laboral (cuestan menos), salga una ley que, siguiendo esta lógica, reduzca los derechos de todos, digo, para que los menores de 24 no tengan este injusto “privilegio” a la hora de buscar trabajo.

Si permitimos que se le recorten derechos a un grupo de personas, si permitimos que esta ley se apruebe, estaremos tomando un camino muy peligros, un camino donde los derechos de las personas no son fundamentales, ni universales.

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Una respuesta a “No a la #LeyPulpin”

  1. Arana dice:

    Como dijo una periodista mejor informada:”Pero un joven conoce poco de le­yes laborales y ha entendido que la nueva ley le está robando algo que ya tenía o, algún día, merecería tener. Lo cree con fe, y contra las creencias, bien se sabe, hay poco que se pueda discutir.”

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