Retrospectiva de Jaime Mamani, desde el 17 en la UNSA

Cultural El Búho

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Una exposición retrospectiva de la obra del pintor puneño Jaime Mamani será inaugurada este martes 17 de diciembre en el Centro Cultural Chavez de la Rosa de la Universidad Nacional de San Agustín (Santa Catalina 101).

El pintor radicado en Arequipa, es dueño de una prolífica obra que ha sido reunida de colecciones privadas para esta exposición que se realizó previamente en Lima, en el centro cultural Garcilazo de la Vega, por lo que su visita resulta impresceindible para los amantes de la plástica.

Jaime Mamani (Puno, 1964)

Estudió en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) de Arequipa y en el Taller de Dibujo y Pintura “Intermezzo” bajo la dirección de Luis Solorio. Ha realizado exposiciones individuales de sus obras en la galería del Centro Cultural Chaves de la Rosa de la UNSA, en la Casa de América Latina (Lisboa, 2006), en y en la Galería Trapecio (Lima, 1999). Asimismo, sus obras han formado parte de varias exposiciones colectivas, como la muestra realizada en la galería del Moulin Marcoux (Quebec, 2002).

Para el poeta Oswaldo Chanove lo primero que uno piensa al enfrentarse a la obra de Jaime Mamani es que resulta una anomalía en la ruta de la pintura peruana. Pero entonces salta el pendenciero argumento de que todo verdadero artista es una anomalía. Tiene que serlo. Aunque es necesario considerar que en estos tiempos en los que “lo auténtico” se atreve a confrontar o asumir la autenticidad manipulando lo falaz, uno no puede precisar con suficiente convicción que tipo de anomalía es la forma mutante que impondrá su lugar con consistencia. Por otro lado las formas que apostaron más bien por la confortable replicación de los procedimientos de lo artísticamente correcto no producen ya ninguna extrañeza y eso, bueno, no parece precisamente el mejor de los indicadores.

Lo que más llama la atención de Jaime Mamani no es que no se haya inclinado por alguna de las rutinarias innovaciones de la vanguardia contemporánea, sino el hecho de que tampoco haya optado por la siempre virtuosa tradición. Porque si bien es infernal su deuda con Hieronymus Bosch y otros maestros de la época, hay algo de extremadamente inquietante en su opción de no apelar al fox-trot del posmodernismo (y trazar una pincelada paradójica, o sarcástica o humorística e insertar lo incoherente y reinterpretar y alterar y reconvertir). Porque al mirar sus cuadros uno está tentado a jurar que Jaime Mamani es un maldito (y auténtico) discípulo extemporáneo (por varios cientos de años) de los delirantes genios del viejo Flandes. Y entonces uno se pregunta cómo cayó aquí, en este Perú que tan afanosamente persigue la novedad, esta obra con una cosmovisión tan endemoniadamente medieval”.

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