Charlie Hebdo: un asesinato fríamente planeado

Columnista invitado Jorge Rendón Vásquez

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El 7 de enero, por la mañana, los periodistas de la revista satírica semanal Charlie Hebdo —entre los mejores de su género en Francia— preparaban la próxima edición del semanario. De pronto, dos hombres armados con fusiles Kalashnikov irrumpieron en el local, arrinconaron a dibujantes, redactores y empleados y comenzaron a ejecutarlos uno a uno. Al llegar a la cuenta de doce parecieron saciarse: uno por cada caricatura alusiva al Islam. Luego abandonaron el local.

El semanario Charlie Hebdo había publicado caricaturas satíricas no solo sobre los islamistas, sino también sobre el cristianismo, los judíos, la política y la sociedad.

Pero sólo ciertos jerarcas del islamismo lo habían amenazado, siguiendo la línea inaugurada por el ayatolla Jomeini de Irán, que condenó a muerte al escritor británico hindú Salman Rushdie por sus Versos Satánicos, atribuyéndose jurisdicción sobre todo el mundo.

Dos días después, otro fanático islamista penetró en un supermercado de comida judía, la víspera del Sabbat, y mató a cuatro personas, antes de ser abatido. Fue el mismo que asesinó a una policía francesa.

El mensaje es claro para el mundo. La libertad de pensamiento y de expresión solo existe para los directores espirituales y políticos del Islam, no para los demás.

Francia se ha dividido. La inmensa mayoría reprueba sin atenuantes los asesinatos de los periodistas (no tanto los de los judíos del supermercado kosher). Una minoría —de izquierda— matiza su posición, tratando de separar al islamismo del terrorismo. Poquísimos sostienen que la derecha e Israel estarían tras los asesinatos, sin aportar pruebas y como parte de la campaña diversiva de los mismos grupos terroristas.

Hay ciertos hechos subyacentes a este asesinato colectivo.

En Francia casi un 10% de la población es de origen árabe musulmán (cerca de cinco millones de personas), la mayor parte procedente del norte de África. La primera oleada habitaba Argelia y Marruecos. Tras la descolonización, los que quisieron ser franceses fueron llevados a Francia. La religión de casi todos es el islamismo. Luego llegaron otros árabes del norte de África y del Medio Oriente, buscando trabajo y a estudiar en las universidades, prevaliéndose de la gratuidad de la enseñanza, y se quedaron. Hay barrios enteros en los suburbios de París y de otras ciudades donde viven estos musulmanes, cuyas calles bloquean para practicar sus oraciones, inclinándose hasta tocar el suelo con la frente. En su gran mayoría son trabajadores. Sus preferencias sindicales se orientan a la CGT. No pocos simpatizan con el Partido Comunista y algunos forman parte de sus bases.

Los terroristas abatidos por la policía eran musulmanes de nacionalidad francesa. Se diría que el enemigo se desarrolla al interior de la sociedad francesa, como una parte de ella, y que podría seguir incubándose allí.

Sus matanzas se diferencian muy poco de los asesinatos cometidos por otros fanáticos islamistas en otras partes y por los mismos días: treinta cadetes de policía en Yemen; una veintena de feligreses en Irak; ciento treinta niños en Pakistán; asesinatos de israelíes en Cisjordania.

Hay en Francia más de un millón de hogares árabes.  ¿Cuántos podrían servir como refugios de los terroristas islámicos? Cuando la policía intente penetrar en ellos buscando sospechosos, probablemente habrá voces airadas de protesta, aduciendo una persecución religiosa o racista.

Sencillamente, la libertad en Francia y en otros países europeos está amenazada. Los grupos islamistas más intransigentes la usan para negarla. Nunca asimilaron los principios de libertad, igualdad, fraternidad, laicidad y democracia. Y la otra parte de la sociedad francesa, el 90% de la población, responde desconfiando de los árabes musulmanes. Ninguno de ellos ha sido elegido a la Asamblea Nacional (Cámara de Diputados) en las más de seiscientas circunscripciones electorales metropolitanas.

¿Seguirá siendo Francia un centro de reclutamiento de soldados para combatir como islamistas en Siria, Irak y otras partes?

La posición de Francia como Estado en relación a los árabes, a Israel y a los judíos ha sido influenciada por su dependencia del petróleo procedente de los países árabes y por el número de árabes que habitan en su territorio.

Pero ahora, ante estos asesinatos punitivos, ¿qué harán sus políticos de las diferentes gamas, más allá de sus declaraciones? Y ¿qué harán los dirigentes de las comunidades musulmanas que dicen condenar al terrorismo islamista?

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