El sentido del mundo

Fiesta de la Significancia Avatar

artículo-miguel-zavalaga

Las bibliotecas rebosan de descontroladas especulaciones metafísicas, memorables tan sólo por sus frases literarias. Pensar que la obra de Ludwig Wittgenstein forma parte de ese grupo sería un error. Hábil hacedor de frases impactantes, él termina su Tractatus logico-philosophicus con un apotegma —“De lo que no se puede hablar es mejor callar”— que es citado a menudo. Aunque a primera vista su significado es obvio, hay una sutil diferencia entre lo que parece que dijo y lo que en realidad quiso decir, y de este malentendido nació el positivismo lógico. Según la interpretación de esta escuela filosófica, Wittgenstein sostiene que todo lo que se diga fuera del campo de la ciencia no tiene sentido y que, por consiguiente, es un absurdo indecible. Pero, ¿una afirmación incompatible con las teorías científicas vigentes es así de inadmisible?

Para Wittgenstein el mundo y el lenguaje comparten una misma forma lógica —que es el marco dentro del cual es posible recomponer un hecho en signos lingüísticos—, y eso permite que el lenguaje a través de proposiciones represente los hechos que se dan en el mundo. Ya que el lenguaje sólo puede representar los hechos que pueden darse, para averiguar si una proposición es verdadera se requiere confrontarla con el mundo mediante la verificación empírica —es decir, por medio del método científico.

Como no hay relaciones lógicas entre los hechos (solamente las hay entre las proposiciones), la forma lógica sólo nos habilita para representar tales hechos, mas no para explicarlos ni predecirlos. Habitualmente se entiende que explicar un hecho consiste en establecer un vínculo entre ese hecho y una ley científica —o sea, un hecho se explica si la proposición que lo representa se deduce de una ley científica—. Por ejemplo, si se quiere explicar el hecho de que una barra de cobre mida más de lo que medía antes de exponerla al calor del sol, se recurre a una ley científica que dice que “El cobre se dilata cuando se calienta”. Se considera que esa es la respuesta al porqué de la expansión de la barra. Ahora bien, Wittgenstein afirma que esa explicación científica es insuficiente, pues dicha ley está comprendida en otra ley más general y de mayor rango (“Todo metal se dilata cuando se calienta”), y esta ley también es abarcada por otra ley. En pocas palabras: cada ley que explica algo requiere a su vez ser explicada por otra ley. Para Wittgenstein la ciencia —ese encadenamiento de explicaciones— no explica nada en realidad, ya que no responde al porqué.

Si la función del análisis lógico es la de formular proposiciones —es decir, enunciados que representen hechos verificables—, y si la tarea de la ciencia es averiguar si tales proposiciones son verdaderas o son falsas —esto es, si se dan en el mundo los hechos que ellas representan—, entonces la ciencia representa a través de las proposiciones verdaderas los hechos que efectivamente se dan. Sin embargo, la explicación de algo expresa más que su descripción, y si la proposición sólo puede representar o describir, entonces ella no es el instrumento adecuado para transmitir explicaciones. Como bien dice Bunge: “ninguna descripción puede servirnos ni para explicar lo que ocurre ni para predecir lo que puede ocurrir”. Por ello la ciencia —valiéndose del nexo lógico entre el lenguaje y el mundo— puede representar lo que existe y decirnos cómo es el mundo, pero no nos dice por qué es ni qué debería ser. Si no puede responder a eso es porque las relaciones lógicas solamente se dan entre las representaciones de los hechos, no entre los propios hechos. Por esa razón Wittgenstein afirma que “Los hechos pertenecen todos sólo al problema, no a la solución”.

Ciertamente los científicos hacen explicaciones acerca de los hechos y elaboran visiones anticipadas de tales hechos. Lo que Wittgenstein trata de decirnos es que los hechos no se rigen por la lógica, y que las explicaciones que ofrece una teoría científica así como las predicciones que se obtienen a partir de ella, no son necesarias, sino que las explicaciones son provisionales y las predicciones falibles. En esa línea, una teoría científica se sostendrá si se verifican con éxito las predicciones que se deducen de ella; de lo contrario será descartada y se buscará otro modelo del mundo —uno que explique todo lo que explicaba la teoría abandonada y que dé lugar a predicciones confirmadas por la observación o la experimentación—. Esto evidencia que la justificación última de una teoría científica es de carácter pragmático y no meramente lógico.

Puesto que un enunciado sólo tiene sentido si representa un hecho que se puede corroborar empíricamente, si enunciamos algo que no se puede verificar, no tendrá sentido y, por ende, no será una proposición. De ahí se desprende que el sentido del mundo (al igual que la forma lógica) no se puede representar por proposiciones. Y no se puede representar porque el sentido del mundo no es un hecho que al darse dentro del mundo posibilite su verificación.

Si el sentido del mundo abarca todos los hechos, entonces él debe presentarse fuera del mundo. Pero si se requiere salir del mundo —esto es, del ámbito de los hechos— para poder decir algo sobre el sentido del mundo, este decir ya no se regiría por la forma lógica ni tendría sentido, porque el lenguaje tiene sentido cuando representa hechos, y esta identidad entre el lenguaje y los hechos únicamente se da en el mundo, no fuera de él. Por lo tanto, cada vez que reconocemos un patrón en los hechos nos encontramos ante un dilema: o una entidad trascendente ha creado el mundo con algún propósito, o simplemente nuestro cerebro ha seleccionado, ordenado e interpretado los hechos dotándolos de un “sentido” que por sí mismos no tienen.

En otro artículo comenté que según Kelsen la norma que da validez a un ordenamiento jurídico no es una norma válida de ese ordenamiento. De manera similar Wittgenstein piensa que lo que da sentido al conjunto de los hechos que acontecen no es un hecho, que todo lo que se diga acerca del sentido del mundo carece de sentido y que, en consecuencia, es mejor callar.

Una respuesta a “El sentido del mundo”

  1. Avatar ernesto lozada dice:

    Excelente Miguel. En mi opinion favorezco la idea que una entidad trascendente ha creado el mundo con propósito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE