La venganza de Hitler

Fiesta de la Significancia Avatar

racismo

“Recién me doy cuenta de que Florcita tiene los ojos azules” me comentó alguien no hace mucho. Casualmente acabo de ver un documental sobre los avances de la ingeniería genética. Allí un especialista declara, con la mayor soltura, que muy pronto los padres podrán determinar todas las características físicas de sus hijos: el color de la piel, el color de los ojos, la altura, el color del cabello, etc.

Ojalá no se me perciba como un retrógrado, pero pienso que una cosa es manipular los genes para evitar que los hijos padezcan defectos o enfermedades, y otra muy distinta es diseñar su aspecto físico teniendo en mente (y esto es lo peor) un “biotipo” en especial… Se supone que el nazismo fue vencido durante la Segunda Guerra Mundial y que ahora su ideología se desarrolla marginalmente entre grupos de sociópatas. No sé, pero me parece que algunas de las aplicaciones que se pretende dar a los descubrimientos en genética son compatibles con las doctrinas eugenésicas de Hitler y su banda. De igual manera, tras el próspero negocio de las cirugías plásticas creo ver la sombra del übermensch ario. Lo que nos ofrece el complejo estético-industrial (llamémoslo así) es una manera bastante tosca y peligrosa de alcanzar el ideal del superhombre nazi —el pobre Michael Jackson representa un triste y célebre ejemplo de ello—. Y no me digan que exagero.

A propósito de esto, me cuesta creer que los nazis tergiversaran y pervirtieran las opiniones de Nietzsche, tal como afirman sus recicladores. Que los fans me perdonen, pero el superhombre hitleriano es básicamente el mismo con el que soñaba el filósofo. Temo que el “evangelio para matones” (Borges dixit) que escribió Nietzsche se adecúa perfectamente al ideario nazi, e incluso podría decirse que fue su inspiración… Para Nietzsche el problema era éste: si los valores que guiaban la conducta de los hombres perdieron su fundamento (pues “Dios ha muerto”), entonces ya no tienen motivo para comportarse como lo habían venido haciendo desde hace siglos. Aunque es posible transmutar esos “pusilánimes” valores judeocristianos —sin sustento racional y que, en general, sólo aplicábamos mecánicamente— y reemplazarlos por otros mejores, en la práctica, al acoger la pagana y despiadada moral de señores que a cambio proponía Nietzsche, se dio paso a las atrocidades de las tropas SS.

Como van las cosas, pronto la manipulación del código genético estará al alcance de todos los bolsillos. Si esa tecnología se abarata, no sólo veremos niños saludables y con una prolongada esperanza de vida, sino que también serán poseedores de rasgos físicos muy distintos, u opuestos, a los de sus progenitores. Quizás en un futuro muy cercano esas intervenciones médicas, que hoy juzgamos aberrantes, sean consideradas algo normal. A eso apuntan las declaraciones del genetista.

Pensándolo bien, a lo mejor estoy escupiendo al cielo. Me encanta el rock y, si mal no recuerdo, Vargas Llosa dijo alguna vez que los peruanos que escuchan rock son huachafos. Puede que él tenga razón, y puede ser que no haya diferencia sustancial entre llevar lentes de contacto azules y escuchar a The Smiths. ¿Quién sabe?, yo también podría estar alienado… Mmm… No. Si ese fuera el caso, a los peruanos que usan celular y a los que profesan el cristianismo habría que calificarlos también de alienados, y no lo serían quienes mandan mensajes a través de chaskis y los que veneran al Sol y a la Luna… ¡Qué tontería! Lo alienado, lo inauténtico no procede de ahí.

Es cierto que somos occidentales de la periferia —o de “segunda mano”, como dicen Los Prisioneros—, no obstante, somos occidentales al fin y al cabo. “Soy de Occidente, y nada de lo occidental me es ajeno” pudo haber dicho Terencio. El mismo Vargas Llosa escribe sus despampanantes novelas en castellano y nunca, que yo sepa, se avergonzó de no hacerlo en quechua. Al margen de que nos guste o no nos guste la idea, somos occidentales precisamente porque hablamos una lengua de Occidente, lo cual significa que compartimos un modo de pensar con todos los que hablan una de las lenguas de esa familia idiomática, sean franceses, alemanes, estadounidenses, portugueses o rumanos. El aparato conceptual de una lengua es lo que determina la estructura de la mente y, por lo tanto, la visión del mundo de su usuario. Dicho de otra forma, puesto que existe identidad entre el lenguaje y el pensamiento, nuestro lenguaje condiciona las cosas en las que podemos pensar, y viceversa.

Además de ser occidentales, nosotros tenemos un suplemento especial: las culturas oriundas de América. A pesar de que ellas fueron sometidas y relegadas, no desaparecieron, sino que en cierta forma se fusionaron a la que traía consigo el conquistador ibérico. Si bien no son el elemento central de nuestro modo de ser —con la excepción, tal vez, de aquellos que tienen el quechua u otro idioma autóctono como lengua materna—, lo enriquecieron, y esto es lo que nos distingue de nuestros hermanos espirituales de Europa o Norteamérica.

Sólo queda decir que la alienación no viene de adoptar un estilo de pensar y de sentir occidental, ya que eso nos es connatural. Podemos cambiar de creencias, podemos “transmutar” nuestros valores, sin embargo es imposible modificar el marco mental que los contiene —para pensar y sentir de otra manera tendríamos que nacer de nuevo y ser criados en otra civilización—. Lo inauténtico aparece cuando se intenta adquirir características físicas ajenas por considerarlas superiores. Y es que no llega a entenderse que Occidente no es un conjunto de rasgos fisionómicos, sino un modo de pensar. Así pues, evitemos dar inconscientemente la razón a los nazis.

 

Una respuesta a “La venganza de Hitler”

  1. Avatar Ren Amaro dice:

    Muy bueno tu articulo.
    Al final , todo seria como girar en la ruedita del hamster. Puedes alterar tus rasgos fisicos, pero no tu esencia.
    Pero que ocurriria si por ejemplo una pareja de peruanos autoctonos, por cosas del destino, tuvieran una hija o hijo en Londres? El hecho de nacer y crecer en ese lugar afectaria su proceso de adaptacion y sentirian un arraigo de pertenencia, de sentirse propios de alli? ….o se sentirian alienados por la diferencia cultural, racial y de su propio entorno?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE