Que no sea demasiado tarde

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corrupción
“Yo voy a morir y cuando muera, recién se va a hacer justicia. Tienen que estar preparados, tienen que ser fuertes”.

Aquellas eran las palabras de Ezequiel Nolasco, un hombre que se sabía en peligro. Un hombre que le hablaba a su hija, a su familia, intentando prepararlos para una tragedia que vislumbraba inevitable. Sin embargo, la verdad es que el asesinato de Nolasco sí pudo haberse evitado.

Nolasco sufrió un primer atentado en el 2010 cuando se salvó de morir. Desde entonces, él, igual que todos los opositores al régimen de César Álvarez, recibía constantes amenazas de muerte que pretendían acallar denuncias de corrupción al interior del gobierno regional. Denuncias que Nolasco ventilaba esporádicamente en los medios de comunicación limeños y que, de haber sido tomadas en serio, quizá, hubieran podido evitar una muerte que desde hace tiempo se veía venir.

Después del caso Anchas queda la impresión de que lo que ocurre en el interior del país, no existe o no importa hasta que trasciende en Lima y, a veces, los limeños simplemente están viendo a otra parte; no atienden a provincias. Mientras tanto en las regiones se gestan crisis que, por no ser atendidas a tiempo, terminan explotando en forma de furúnculos purulentos e incontrolables.

Hemos tenido que esperar a que la hija de Nolasco aparezca en las portadas de diarios limeños exigiendo justicia para que el gobierno se enterara que Ancash existe y que las regiones necesitan una reforma, con urgencia, hace demasiado tiempo.

Cualquiera creería que después de todo esto, ya hemos aprendido la lección, pero salvo las semanas en las que la noticia explotó, el tema de las provincias sigue sin importarle a nadie. ¿En qué quedaron los debates y las intenciones de reforma? ¿Qué pasó? ¿Por qué ya nadie habla del tema? Eliminar la reelección inmediata no solucionara nada si la norma no está acompañada por una reestructuración mucho más seria.

El nivel de organización que alcanzó la mafia de César Álvarez, en Ancash, da escalofríos; ahora sabemos que las redes, probablemente, se extendían hasta palacio y a los compinches Álvarez, Orellana, Benítez y Belaunde se podrían sumar los nombres de Nadine y Humala.

“La Bestia” era solo un engranaje de un mal mayor que ha sabido cómo corromper con su podredumbre a prácticamente todos los organismos del estado. Lo más preocupante de todo esto es que muchos de los que formaban parte de esta telaraña criminal están pasando recontra piola. Ya sabemos cómo funciona la justicia en este país.

Y mientras nos preocupamos por nimiedades, por el audio cachondo de la San Miguel o la última bronca de Peluchín, la historia puede estar empezando a repetirse en el mismo lugar. Waldo Ríos, el presidente electo en Ancash, está reciclando a toda la gente de Álvarez para su gestión. Parece que aunque los nombres cambien, el sistema mafioso se mantiene inamovible, imperturbable.

Una vez que el ruido cesa y los titulares desaparecen, recordar que Perú no es Lima, que no puede seguir siendo solamente Lima, es algo demasiado difícil.

No puedo, por mucho que me esfuerce, no soy capaz de imaginar el dolor, la rabia, la indignación que debe sentir Fiorella Nolasco en estos momentos. Una chica que lo ha perdido todo por culpa de la corrupción y la indiferencia, debe sentir la más grande de las frustraciones al ver como la muerte de su padre no sirvió para nada, como las cosas no cambian, como en este país todo sigue, pese a todo, siempre igual.

Ezequiel Nolasco y otras nueve personas que fueron asesinadas por la mafia de Álvarez. Nueve familias fueron sumergidas en tragedias que pudieron evitarse. Si tan solo hubiéramos reaccionado a tiempo, si tan solo hubiéramos visto lo que estaba más allá de Lima y las páginas sus diarios…

Ahora la mafia de Álvarez se renueva y cambia de rostro para volver a las andadas y yo no puedo evitar pensar (espero equivocarme) que toda esa sangre se derramó en vano.

Esta vez, por favor, no esperemos a que sea demasiado tarde.

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