De Rousseau a Pol Pot

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Miguel-Zavalaga-columna

Un amigo me asegura que es anarquista. También es abogado, y a mí eso de “abogado anarquista” no me suena bien. En nuestro entorno los hombres de leyes habitualmente son fans de Kelsen, y la tesis central del pensamiento kelseniano es la identidad entre el Estado y el derecho. Si el anarquismo propugna la desaparición del Estado, y la razón de ser de un abogado es hacer cumplir la ley, entonces… Bueno, saquen sus conclusiones. En lo particular, no me molesta que haya conflicto entre las convicciones que una persona manifiesta, y tampoco me enferma que la gente diga una cosa y haga otra muy distinta. Los seres humanos no somos computadoras, no pensamos ni nos conducimos siguiendo estrictamente las leyes de la lógica. Con todo, existen personas cuya psicología les induce a buscar la coincidencia de las ideas con los actos a como dé lugar. Ellas implementaron el Tribunal del Santo Oficio, la solución final de la cuestión judía, el yihad y, en especial, el Estado policíaco soviético.

Aunque el anarquismo y el marxismo aceptan que el Estado es un instrumento de dominación social, difieren en algo: para el marxista el objetivo de la revolución es apoderarse de ese instrumento y aprovechar sus mecanismos para transformar la sociedad, mientras que para el anarquista la meta de la revolución es simplemente eliminar el Estado. Sin embargo, el modelo de Estado al que aspira el marxista —esto es, la dictadura del proletariado en sustitución de la democracia representativa burguesa— no es un fin en sí mismo, sino que (en teoría) es una etapa transitoria por la que necesariamente hay que pasar para acceder al paraíso comunista (el estadio final de la historia). En este “paraíso” ya no se requiere un Estado que imponga un orden legal, porque en paralelo con las clases sociales han desaparecido los conflictos de intereses que ellas provocaban. Al fin y al cabo los marxistas y los anarquistas ven al Estado como un mal, y sólo discrepan en la manera de eliminarlo.

El cimiento de ambas ideologías es la tesis del buen salvaje, planteada en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Allí Rousseau compara al hombre en “estado primitivo” con el hombre civilizado. Según él, el ser humano es bueno por naturaleza, pero la vida en sociedad lo vuelve egoísta, abusador y déspota. De ahí es fácil desprender que la opresiva existencia del Estado impide que los hombres sean libres e iguales; sin sus leyes asfixiantes podríamos desarrollar nuestras potencialidades y alcanzar la felicidad en armonía con la naturaleza, tal como lo hacían nuestros lejanos ancestros de la Edad de Oro… Esta tesis del siglo XVIII es una mera abstracción basada en las idílicas observaciones de los primeros exploradores europeos, y fue refutada por el trabajo de campo de Bronislaw Manilowski, Margaret Mead y otros antropólogos y etnólogos profesionales del siglo XX. El conocimiento científico de las culturas primitivas contemporáneas nos ayudó a formarnos una idea realista acerca las culturas prehistóricas (opuesta a los disparates del Discurso rousseauniano). Comprendimos, por ejemplo, que el hombre en “estado primitivo” no era bueno o malo —atribuirle esas categorías morales es tan anacrónico como calificar de genocidio el exterminio de los neandertales por obra de nuestros antepasados— y que en las sociedades arcaicas no había ausencia de normas, sino todo lo contrario: existía una sobreregulación. Esto significa que —a diferencia de los sistemas normativos que hoy rigen en Occidente— sus reglas no sólo tenían un fundamento irracional, sino que invadían tanto la vida social como la intimidad.

Quien llevó hasta sus últimas consecuencias la romántica idea de Rousseau fue Pol Pot. Aprovechando el vacío de poder que los estadounidenses dejaron tras de sí al retirarse del sudeste asiático, él sojuzgó Camboya en 1975. Acto seguido, ordenó arrear a la población de las ciudades (la encarnación del mal) hacia el campo. Miles murieron en las marchas forzadas, y muchos más morirían víctimas del extenuante trabajo, las torturas, las ejecuciones y la hambruna. Estas muertes no fueron un casual efecto secundario de la revolución, sino el resultado intencional de una política genocida. Ocurre que Pol Pot y sus camaradas inferían que el camboyano de la urbe estaba echado a perder y que sería inútil tratar de reeducar a ese contrarrevolucionario latente; por ello centraron su atención en adoctrinar a los niños y en eliminar a los adultos. Esta operación regeneradora no se pudo culminar, pues el régimen de terror de Pol Pot cayó en 1979. El interesante experimento social duró apenas 4 años.

Aquí estuvimos a punto de padecer lo mismo a manos de Abimael Guzmán. Por fortuna fue capturado y hoy ocupa una celda de por vida. No obstante, el líder senderista todavía conserva la esperanza de que sus viejos camaradas del Movadef consigan —con el conmovedor apoyo de muchos jovencitos (¡ay de estos traviesos inconformistas!)— una amnistía general o, por lo menos, un indulto. ¿Quién sabe?, a lo mejor el dulce ancianito termina sus días en casa y en brazos de su amada Elena Yparraguirre…

Fuera de bromas, algunos individuos aún sostienen que el totalitarismo soviético fue producto de una aplicación equivocada del pensamiento de Marx y una traición a la línea política de Lenin. Olvidan que el inmaculado Lenin aisló a cientos de miles de campesinos que se negaron a colectivizar sus tierras, y que con la providencial ayuda de una mala cosecha los dejó morir de inanición. En cuanto a Marx, el filósofo Leszek Kolakowski afirmaba (y no le faltaba razón) que Stalin ya estaba en Marx. Es que así como debe haber algo malo en las ideas de san Pablo y Nietzsche —puesto que fueron invocadas por los inquisidores y los nazis—, de igual forma la doctrina expuesta en El Capital debe ser la raíz ideológica de la cosmovisión y la conducta de Stalin, Mao, Castro, Pol Pot, Abimael y todos aquellos que toman ese libro como referente.

 

2 respuestas a “De Rousseau a Pol Pot”

  1. Avatar Nilo dice:

    Que buen analysis, algunas impreciciones pero ameno para la lectura.
    Podria hacer uno igualito sobre el capitalism… supongo que le saldra re-bien.

  2. Avatar ernesto lozada dice:

    Lo que causa un sistema dogamtico de ideas. Interesante articulo Miguel y, es cierto, en realidad Pol Pot fue inspirado mas por los pensadores franceses Rousseau y Robespierre antes que Marx o Mao aunque de este ultimo copio sus tacticas. Que utopica declaracion de los Kemers rojos uno lee: «una sociedad nacional hecha de una genuina felicidad, igualdad, justicia y democracia, sin ricos ni pobres y sin explotadores ni explotados, una sociedad en la cual todos viviesen en armonía en una solidaridad nacional y que reúna fuerzas para hacer el trabajo manual todos juntos e incremente la producción para la construcción y defensa del país» Para ello el modelo era convertirse en una sociedad 100% agricultor controlada por el estado que en base a produccion alcanze una industrializacion progresiva. Todos de la ciudad al campo y todo aquel en contra y que no colaboraba era asesinado o matado de desnutricion. Toda influencia externa prohibida. Como era previsible las utopias siempre se encuentran con la fria realidad.Triste episodio de la historia mundial.

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