Mary and Max, grisácea ternura

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Mary and Max es una historia improbable creada a partir de dos de los personajes más tiernos y patéticos que el cine ha visto en su historia. Seres disóciales, segregados y entristecidos, con los que, si has tenido una suerte tan desastrosa como la mía, seguramente te sentirás identificado.

Descubrí a “Mary and Max” cuando aún era un escolar. Estaba en tercero de secundaria y solamente iba al colegio para jugar fútbol, meterme en problemas y enamorarme de chicas que nunca me daban bola.

En aquella época, tenía la costumbre de escaparme de clases para, escondido detrás del baño de mujeres, sentarme a leer o ver películas en mi laptop. Fue en una de esas escapadas cuando vi Mary and Max por primera vez.

Esta película australiana, basada en hechos reales, se centra en la amistad por correspondencia entre Mary, una niña inocentona y solitaria que vive en Australia, y Max, un judío neoyorquino, cuarentón y algo neurótico (no, no se parece en nada a Woody Allen) que sufre Síndrome de Asperger.

La trama es tan atractiva como suena y se extiende en una relación epistolar que dura una vida entera, evolucionando junto con los personajes. Si los protagonistas llegan o no a conocerse en persona, no se los cuento porque les arruinaría el final; sólo les digo que lo más probable es que, llegada la última escena, terminen tan llorosos como sonrientes.

La animación es ingeniosa, detallista, brillante al punto de adaptarse perfectamente a la historia que narra. Por ejemplo, algunas escenas en otro formato se hubieran sentido forzadas, pero el stop motion las hace fluir con naturalidad permitiendo que la cinta avance sin que el espectador se salga de la historia.

Los personajes, pese a ser muñequitos de plastilina, transmiten mucho. Están llenos de emotividad, de pensamientos complejos, de sentimientos reales. Ambos (sobretodo Max) miran el mundo desde la imperfección, desde el lugar de los perdedores.

Mary y Max, son dos náufragos que se encuentran, que se salvan mutuamente. Ambos están parados al costado del camino, perdidos en un punto gris, intermedio, mirando como la vida transcurre sin tomarlos en cuenta, ajena e indiferente a su existencia.

Pese a no ser para niños, la cinta está narrada con un tono infantil que permite procesar la amargura y frustraciones de los personajes, sin generar ningún resentimiento en el espectador, impregnando en la película de una atmosfera de pureza y permitiéndonos entender que la ternura, la verdadera ternura, la que conmueve hasta las lágrimas, solamente puede provenir del dolor, la frustración y un irrefrenable deseo de ser amados.

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