¿Por qué somos un país de tercer mundo?

Columnista invitado

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Emigré a EEUU hace casi veinte años y desde que llegué me propuse responder a esta interrogante: ¿Por qué somos un país de tercer mundo?

Como cualquier inmigrante que llega de un país en vías de desarrollo, venían a mi mente preguntas de cajón: ¿Sera que ellos son más inteligentes? ¿Será que en los países desarrollados se trabaja más? ¿Será que saben más? ¿Será que ellos estudian más? ¿Será que ellos tienen mejores leyes? ¿Será por el tipo de gobierno? A través de todos estos años, para mi propia sorpresa, he encontrado que la respuesta a cada una de estas preguntas es un resonante NO. Y entonces… ¿qué es?

¿Porque somos un país de tercer mundo?

No nos va a sacar del atraso el tener un gobierno de derecha o de izquierda, o ser gobernados por un partido “tradicional” o por un “outsider”, o el basar nuestra economía aún más en la explotación de nuestros recursos minerales. La madre de nuestros males es de proporciones inmensamente mayores en términos de persistencia, influencia y presencia. Por mi trabajo he podido viajar y trabajar con gente de varios países de Latinoamérica y España. Trabajo a diario con gente de muchos países del mundo. He trabajado con españoles en Perú, EEUU y España. Después de mucho analizar y comparar, esta es mi mejor respuesta: Somos un país de tercer mundo porque lo heredamos.

¿Qué heredamos? Heredamos una cultura carente de valores sociales. Una cultura en la que, más allá del entorno inmediato (como la familia o los amigos), el individuo no tiene suficiente respeto por el derecho del prójimo. Cometemos y toleramos el abuso en proporciones descomunales. Quien está en posibilidad de abusar, abusa. No tenemos idea de lo que es el bien común: no creemos en el beneficio mutuo que se obtiene al servir, trabajar o defender el bien de la comunidad y el país.

¿Qué tan grande es nuestro problema? ¿Por cuánto tiempo lo tenemos? Al igual que la religión o el idioma, nuestro mal nos fue inculcado en la conquista y desde entonces lo transmitimos casi sin darnos cuenta de generación en generación. Es muy probable que quien sea cristiano y hable español haya sido también infectado. ¿Significa entonces que toda Latinoamérica también lo sufre? Me atrevo a decir que sí. Como evidencia puedo ofrecer los titulares en diarios y libros de historia en países desde México hasta Argentina y por supuesto también España. Los mismos acontecimientos, solo con nombres de personas diferentes: corrupción generalizada, dictaduras, conflictos sociales, colapsos económicos, narcotráfico, violencia, etc. Países con quinientos años de historias similares. Así de extendido y persistente es nuestro mal.

¿Cómo mostramos nuestra carencia de valores sociales?

Cantantes que inician sus conciertos con tres horas de retraso, choferes que atropellan al peatón si este no sale de su camino, asistentes a playas y parques que no recoger toda la basura que llevaron, barristas que agreden a jugadores y barristas de otros equipos, electores que eligen y re-eligen candidatos a sabiendas que son corruptos, primera dama a quien nadie eligió y que se cree presidente, policías y medios de información que coluden para sembrar armas y criminalizar a protestantes, periódicos que venden sus editoriales al mejor postor, televisoras capaces de difundir basura a público infantil a cambio de rating, dirigentes agrícolas que traicionan a sus discípulos por unos millones de “lentejas”. Todas estas son muestras de nuestra complaciente convivencia con el abuso. Todas estas son muestras de nuestro inexistente compromiso con el bien de la comunidad y el país.

¿Tan difícil es caminar derecho?

Siglos de opresión bajo la colonia sellaron en nuestra gente la idea que “lo que del estado no es de nadie”, la idea de que robarle al estado no es tan malo.

Fiel reflejo de nuestra decadente sociedad, nuestros partidos políticos son organizaciones de fachada cuyo fin supremo es servir los intereses personales de los miembros del partido a costa de todos los peruanos, y todos lo sabemos. En esta línea, viejos zorros, ellos entendieron hace décadas la necesidad de blindarse extendiendo su círculo de influencia a organizaciones del estado como el poder judicial, la policía, ministerio público (fiscalía), y hasta los medios de información. En un ecosistema en el que impera la corrupción y otras formas del abuso, o te alineas o te mueres de hambre. No resulta una decisión difícil.

Para muchos peruanos la culpa de nuestros males la tienen los políticos corruptos. Pero, ¿De dónde salen los políticos? ¿Acaso los traen de otros países? ¿Quién los elije y re-elije? Si tenemos una sociedad en la que a nadie le importa el país, ¿Por qué los políticos habrían de ser diferentes?

En su libro “Historia de la corrupción en el Perú”, Alfonso Quiroz demuestra que la economía peruana nunca creció porque desde el siglo XVII hasta los tiempos actuales la corrupción ha sido moneda corriente en todos los gobiernos. Quiroz concentró su investigación en quienes ostentaron cargos en los sucesivos gobiernos. Sin pretender alcanzar la validez científica de las conclusiones alcanzadas por los estudios de Quiroz, yo diría que la corrupción de nuestros gobernantes constituye solo una de las manifestaciones del abuso que impera en nuestra sociedad como resultado directo de nuestra carencia de valores sociales. Nuestro problema es muchísimo más grave que solo la corrupción de nuestros gobernantes.

El bien común ¿Qué es eso?

Para nosotros los peruanos la idea de “el bien común” es un cuento chino. Nadie se lo cree. Nuestra idea de civismo y comunidad es el recuerdo lejano de una clase en la secundaria en la que solo había que memorizar los nombres de las autoridades y sus cargos.

En nuestra cultura valoramos mucho a la familia, y eso está muy bien. ¿Pero porque no buscamos y defendemos el bienestar de la comunidad con el mismo ahínco con que buscamos el bienestar de nuestra familia? ¿Porque no podemos entender a la comunidad como la familia extendida y al país como extensión de la comunidad?

El 41% de peruanos votaría por un candidato que roba pero que hace obra. Pero nunca contrataríamos a un gasfitero o un pintor si este se roba las cosas cuando viene a trabajar a nuestra casa. ¿Porque no podemos entender que robarle a la comunidad o al país es como robarle a la familia? Esta es la mentalidad que debemos cambiar. Deberíamos trabajar por la comunidad y defenderla como si se tratara de nuestra propia familia.

En nuestro país, si la educación pública es mala, resolvemos el problema enviando a nuestros hijos a un colegio particular. ¿Y dónde queda el País? ¿Por qué no exigimos y trabajamos por brindar educación de calidad para todos, no solo para nuestros propios hijos? ¿Por qué no nos detenemos a pensar que el país necesita tener educación de calidad al alcance de todos? ¿Acaso no podemos ver los beneficios de vivir en un país donde todos reciban una educación de calidad?

En los EEUU el 91% (y aumentando) de los estudiantes asiste a escuelas públicas (gratuitas) y no hay mucha diferencia de calidad entre las escuelas públicas y privadas. No será la mejor educación del mundo pero esta es accesible a todos los niños del país. Ellos tienen muy bien entendido que el país necesita que todos sus niños pueden acceder a educación de calidad.

En la sociedad estadounidense el país es entendido como la comunidad extendida. Trabajar por la comunidad y saber reconocer a quienes trabajan por la comunidad es un big deal (algo muy importante). Por brindar un ejemplo, espontáneamente ellos brindan sinceros aplausos cuando en un programa de radio o tv se presenta un profesor de colegio, un bombero, o un soldado que arriesgó su vida en destacamentos fuera del país. Saben de la importancia de reconocer a quienes trabajan por la comunidad porque al hacerlo trabajan para el beneficio de todos.

Conscientes de la importancia del bienestar de la comunidad (de veras se lo creen), es muy común el que personas de todas las edades brinden sus horas como voluntarios en distintas instituciones como colegios, bibliotecas, hospitales y donde se necesite. La única compensación que reciben es la satisfacción de haber servido a la comunidad. No necesitan otra motivación.

Pero también entienden que velar por el bienestar de la comunidad no termina solo en brindar horas de servicio, también hay que defenderla. Así, ellos le reclaman personalmente a un político o dirigente comunal cuando este comete algún acto de corrupción. No le reclama uno, le reclaman miles. Sienten que el dirigente les está robando lo que a ellos les cuesta tanto construir. Es como reclamarle a alguien que le ha robado a la familia. También es común reclamarle a quien echa papeles en la calle o se pasa una luz roja.

¿Y cómo derrotamos este mal?

Formación, necesitamos re-formar a toda la población. Necesitamos cambiar una cultura que tiene quinientos años y que vive en treinta millones de peruanos. Una tarea descomunal.

Se sabe de la necesidad de tener una buena educación para alcanzar el desarrollo. Pero educación no es necesariamente sinónimo de formación de valores sociales. No se puede dejar olvidada la parte de formación de valores que hoy claramente nosotros como país no tenemos. Si basamos nuestra educación en la parte académica olvidando la parte de formación de valores como la integridad, nuestras próximas generaciones tendrán mucha gente con doctorados y maestrías, todos ladrones. Hoy tenemos más porcentaje de población con grados universitarios que hace cincuenta años, pero también somos más corruptos.

¿Cómo vamos a adquirir valores sociales?

Debemos reconocer que la falta de valores sociales en nuestra cultura ya no solo es un mal crónico, ahora es parte de nuestro ADN. Llevamos un retraso de cinco siglos. Con ese entendimiento nos toca trabajar fuerte e incesantemente para hacer de los valores sociales parte integral de nuestra sociedad. Se debe trabajar en todas las edades y desde todas las instituciones. Dejar la responsabilidad a las escuelas o a los padres no va ser suficiente. Se necesita contar con el aporte de cada ciudadano. Idealmente, hace falta promoverlos desde todos los ángulos: en el hogar, en la escuela, en la calle, en eventos deportivos, usando medios de comunicación, y donde quiera que sea posible.

Otros países han entendido que se debe dedicar a la formación de valores un nivel de esfuerzo casi comparable al que se da a la educación académica. La formación de la integridad ha sido un objetivo importante en los EEUU desde la creación de las primeras escuelas públicas y hoy es obligada o promovida en la gran mayoría de los estados. Existe una corriente que constituye un nuevo eslabón en la larga historia que los sistemas de educación siempre han dado a la formación de valores.

En el inglés americano, uno de los significados de la palabra “character” es “cualidad moral o ética de una persona; cualidad de excelencia y firmeza moral; integridad”. La palabra “character” es usada en varios de los sitios web en ingles que se mencionan en este documento.

Character.org es una de las instituciones que en EEUU provee herramientas, métodos y estrategias para empoderar a directores de colegios, profesores, consejeros, padres y miembros de la comunidad a fin de ayudar a las escuelas a alcanzar los importantes objetivos en la formación de la integridad. Según character.org, “para ser efectiva en las escuelas, la formación de la integridad requiere la participación de todos (personal de la escuela, padres, estudiantes y miembros de la comunidad) y se debe impartir todos los días. Debe ser integrada a la currícula y a la cultura de las escuelas”. Así, las escuelas implementan estrategias de intervención que enseñen, fomenten, promuevan y modelen los pilares de la integridad: credibilidad, respeto, responsabilidad, justicia, bondad y civismo (https://charactercounts.org)

A la par de premiar los logros académicos, las escuelas de los EEUU promueven y premian los servicios voluntarios que estudiantes prestan a su comunidad (sin remuneración). Si prestaron muchas horas de servicio voluntario, los estudiantes pueden recibir becas, medallas, diplomas y carta de felicitación del mismo presidente de los EEUU “por haber contribuido al engrandecimiento de la nación”.

En los procesos de admisión de las universidades, se evalúa en los aspirantes los logros académicos y por orden de mérito por contribución a la comunidad (en cientos de horas de servicio).

Importancia de los valore sociales (Capital Social)

La economía moderna ha definido nuevas versiones del concepto de “capital” que un país requiere para su desempeño económico. Así, el crecimiento económico resulta de la acumulación permanente de todas estas fuentes de capital: capital físico (maquinaria y equipo), capital humano (habilidades y experiencia), capital intelectual (como las ideas y las tecnologías), capital de infraestructura (como las redes de transporte y los sistemas legales) y, capital social (como la cooperación y la confianza entre vecinos, la credibilidad de las instituciones y el respeto a la palabra dada).

Capital Social es un concepto de reciente y creciente aplicación en los estudios sobre el desarrollo de los países. Se refiere a realidades menos tangibles que el capital humano o el capital físico, pero “son importantes para el desarrollo porque favorecen la realización de acciones colectivas en beneficio de la propia comunidad y repercuten en el buen aprovechamiento de los otros tipos de capital” (Fedderke et al, 1999).

“El capital social fomenta la acción colectiva, el autocontrol y la responsabilidad social al acercar entre sí a los seres humanos por medio de la confianza, la reciprocidad y el respeto a las reglas del juego; estos elementos son esenciales para todo proceso de desarrollo y, especialmente, para el desarrollo sostenible.” (Dr. Javier Diaz-Albertini Figueras)

Acumulación de capital social.

“El capital social es un recurso acumulable que crece en la medida que se hace uso de él y se devalúa si no es renovado. La acumulación descansa sobre círculos virtuosos, donde la memoria de experiencias exitosas de confianza produce su renovación fortalecida. Pero también existen círculos viciosos donde la falta de confianza socaba la cooperación y termina por incrementar la desconfianza”. Guillermo Sunkel

“La confianza implica la voluntad de aceptar riesgos, lo que supone que otras personas responderán como se espera, ofreciendo apoyo mutuo, o al menos sin intención de causar daño” Guillermo Sunkel

Cuando un país no tiene un capital social solvente, se da un clima de desconfianza social y se pierde la credibilidad en el estado; el estado de derecho deja de ser tal y la situación alcanza en casos extremos situaciones de ingobernabilidad. ¿Suena familiar? ¿Los conflictos de Conga, y Tía Maria? ¿La interminable cadena de protestas sociales de que somos testigos en los últimos años?

La guerra de independencia

El colonialismo no solamente priva a una sociedad de su libertad y su riqueza, sino también de su propio carácter, dejando a su gente en desorientación intelectual y moral” (Franz Fanon, 1966)

La economía y la sociedad en la colonia no fueron diseñadas para favorecer el desarrollo de un país, sino más bien para servir como fuente inagotable de recursos naturales y humanos. Para asegurar estos objetivos, los poderes coloniales forzaron una dinámica social y económica en la que la discriminación, el abuso y la opresión fueron usados para excluir a la mayoría de la población de participar en el control político económico de sus comunidades.

La guerra de independencia nos libró del opresor que explotaba nuestra población y nuestras riquezas naturales, pero no nos advirtió de la eterna tragedia colectiva engendrada por una sociedad basada en el dominio de quienes en turno ostentan alguna forma de poder. La guerra de independencia dejó intacta una cultura con discapacidad para entender el valor de trabajar en conjunto para el bien común y de lo que se puede alcanzar trabajando juntos como comunidad y como nación.

Hoy el país se nos está yendo de las manos y si están ganando los malos es porque no hay suficientes buenos o porque los buenos no han estado haciendo lo suficiente. La corrupción, la violencia, y en general la falta de valores han alcanzado niveles endémicos. Ahora ya no solo se trata de sacar del país del subdesarrollo, ahora el peligro tiene tintes apocalípticos porque como ya se nos ha advertido, estamos en inminente riesgo de convertirnos en un narco país de donde ya no habrá retorno. Nuestros gobernantes no nos van a ayudar porque a ellos el país les importa un carajo. A ellos les interesa dejar las cosas como están y se mantienen ocupados buscando mecanismos y alianzas partidarias para protegerse mutuamente ante a la avalancha de irregularidades descubiertas en los últimos años. Así las cosas, la última línea de defensa que nos queda reside en nosotros mismos.

El Perú necesita ahora de nosotros sus ciudadanos más que nunca. Urge que los peruanos libremos una segunda guerra de independencia. Una guerra focalizada en la ruptura de la vieja herencia colonial de la que aún somos esclavos. Una guerra que debemos librar por nosotros, por nuestros hijos y nietos. La lucha hará nacer en cada peruano la responsabilidad ciudadana de cuidar y defender el bienestar general de la comunidad y el país. La victoria hará posible que nos sintamos orgullosos no solo de lo que construyeron nuestros antepasados, sino del país que nosotros vamos a construir. La victoria se alcanzará solamente si se consigue armar un ejército de suficientes patriotas con un genuino interés de servir al Perú. ¿Y tú? ¿Te enlistas?

Eduardo Abril Lira, ingeniero

 

REFERENCIAS:

 

1.- Capital social y reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe: en busca de un nuevo paradigma:

http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/2324/S029693_es.pdf?sequence=1

2.-Accion colectiva, capital social, y desarrollo en la agricultura:

http://www.iesa.csic.es/publicaciones/260720111.pdf

3.- http://www.dicc.hegoa.ehu.es

4.- http://www.character.org

5.-https://charactercounts.org/sixpillars.html

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