El jurista del diablo

Fiesta de la Significancia Avatar

jurisprudencia-balanza 

Desconocer que Kolakowski creía en Dios o que Foucault era gay y aficionado al sadomasoquismo, ¿nos brinda la oportunidad de realizar una lectura desprejuiciada de sus libros, o más bien nos priva de una perspectiva más profunda? Aunque lo correcto sería que el talento y la inclinación política se juzgaran por separado, saber que en la práctica Sartre fue estalinista y Heidegger nazi puede tornar explícitos significados que hubieran permanecido imperceptibles en sus obras más especulativas. Ambos fueron escuderos y proselitistas de regímenes genocidas: ¿podemos hacer abstracción de eso al momento de leerlos? En este sentido, el caso de Carl Schmitt (1888-1985) es paradigmático. Su obra —que ejerce influencia más allá del ámbito del derecho— es apreciada por personas de tendencias políticas diametralmente opuestas, y muchos la consideran la mejor respuesta al positivismo jurídico. Lo curioso es que toda esta fama armonice con su afiliación al partido nazi el 1 mayo de 1933. Y es que Schmitt no sólo laboró para el Tercer Reich como Consejero del Estado Mayor de Prusia, sino que en su cátedra en la Universidad Friedrich-Wilhelms de Berlín no disimulaba su antisemitismo, llegando incluso a ordenar —según lo refiere Ulrich Klug, su alumno en ese entonces— que en la biblioteca de la Universidad los libros de autores judíos llevaran en la tapa un círculo amarillo. Según parece, la etiqueta de nazi le es aplicada con justicia.

Publicidad

A Schmitt se le critica especialmente por haber publicado en agosto de 1934 un artículo donde justificaba la noche de los cuchillos largos. Como ustedes recordarán, en aquella ocasión se produjo una purga en la sección paramilitar del partido nazi. El asesinato de Ernst Röhm y de otros 4 mil mandos de las SA provocó inquietud en Alemania, dado que Hitler llevaba sólo un año en el poder y su control sobre las instituciones y la sociedad aún era precario. En ese contexto, ¿qué se proponía Schmitt cuando escribió Der Führer schützdas Recht (El Führer defiende el Derecho)? Porque, ¿puede respetarse el derecho realizando ejecuciones que vulneran las reglas del debido proceso? Precisamente la finalidad del Derecho Procesal es que el juez emita una sentencia justa, fundamentada en hechos fehacientemente comprobados y no sólo en indicios. Salvando las diferencias, el Código Procesal Penal es un pariente del método hipotético-deductivo, pues son sistemas de reglas racionales que sirven para llegar a un objetivo o acercarse lo más posible a él —en relación al derecho es la justicia, con respecto a la ciencia es la verdad—. Lo cierto es que no se respetó la presunción de inocencia, ni el principio de legalidad o el derecho a la defensa de Röhm, y que la norma retroactiva con la que Hitler “legalizó” los asesinatos ha pasado a la historia como un modelo de aberración jurídica.

Es un hecho que Schmitt aprobaba el accionar de Hitler; lo que está en debate es el porqué de tal aprobación. Nuestra mentalidad —hondamente influida por el formalismo y legalismo kelseniano— sólo nos permite imaginar dos posibilidades: o Schmitt compartía la ideología nazi, o simplemente era un servil oportunista. No obstante, se ha barajado una tercera posibilidad. Según ella, ante los hechos consumados —esto es, ante el nombramiento de Hitler como canciller el 30 de enero de 1933, y la promulgación ese mismo año de una ley que le otorgaba plenos poderes— Schmitt se “infiltró” en el nuevo gobierno con la intención de evitar que el partido nazi absorbiera al Estado alemán. Puesto que un sector del Partido se inclinaba por tomar inmediatamente el control total del Estado, y que Röhm era un entusiasta promotor de suprimir la Werhrmacht y reemplazarla con las SA, Schmitt interpretó que las ejecuciones ordenadas por Hitler —pese a que transgredían groseramente el debido proceso— en el fondo eran convenientes para el sistema. La muerte de Röhm más que violar las formalidades, las trascendía, pues ayudaba a garantizar la separación entre el Estado y el Partido. Luego comprendió que era inútil tratar de direccionar las decisiones del gobierno y que en una dictadura de partido único las estructuras estatales gradual e irremediablemente se nazifican. Para 1936 Schmitt estaba apartado de la vida política; sin embargo, ya nunca podría desligar su nombre del régimen al que, por el motivo que fuera, sirvió.

Publicidad

De acuerdo a esta tesis Schmitt era un defensor de la independencia del Estado alemán; pero esta defensa no la hacía en nombre del Estado de derecho —entendido como un organismo en donde debe primar un respeto absoluto por la ley—. Aquí entra a tallar su rivalidad intelectual con otro gran jurista del siglo XX. Hans Kelsen aseveraba que como “el fundamento de validez de una norma sólo puede encontrarse en la validez de otra norma”, entonces la validez de todo orden normativo, en última instancia, se funda en una norma presupuesta —“presupuesta” porque no podría haber sido impuesta por una autoridad (la cual requeriría de otra norma que le autorice a dictar normas)—. Schmitt, por el contrario, decía que “todo orden descansa sobre una decisión” y que “También el orden jurídico, como todo orden, descansa en una decisión, no en una norma.” Además, se oponía al reduccionismo que concibe al derecho como un mero conjunto de normas. Según él el derecho positivo es la expresión de un orden concreto que le precede, y el carácter jurídico (la validez) de un sistema normativo no se deriva de la forma en que ha sido creado, procede más bien de que se desarrolle en paz y armonía con su medio social. Por ende, la ley sólo formaliza las costumbres y principios que informalmente ya rigen las conductas en un espacio y tiempo determinado —es decir, se limita a explicitar lo que se hallaba implícito—, y no puede estar al margen de la situación real que pretende regular, sino que debe cambiar y evolucionar con ella. De ahí que nociones como Derecho Natural, justicia o moral —arrinconadas por Kelsen en el desván de lo metajurídico— sean para Schmitt inseparables del derecho.

 

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE