Educación: un factor determinante (Parte I)

Sobre el volcán Juan Carlos Valdivia Cano

educación

Teniendo en cuenta que el problema de la calidad educativa es asaz complejo, como todos los problemas esenciales en el Perú, es decir, que supone varios aspectos que están imbricados unos con otros y que solo podemos distinguirlos en abstracto, es ineludible determinar prioridades previamente para abordarlo. No se resuelve nada si solo se aborda un aspecto, peor aún si éste no es decisivo o determinante: por ejemplo el sueldo de los profesores, o la infraestructura educativa, o las reformas curriculares, o los métodos y técnicas de enseñanza y, en general, toda la llamada «tecnología educativa», que en su escolástica versión nacional ha sustituido casi completamente a las humanidades en la formación de los profesores, tanto en las Facultades o Programas de Educación, como en los Institutos Pedagógicos. Más que una solución, es uno de los aspectos problemáticos a resolver.

O cuando se intenta abordar todos los aspectos a la vez, sin la mínima priorización, como si todos tuvieran exactamente la misma importancia o peso y como si tuviéramos la fuerza y capacidad para encararlos simultáneamente. Y aunque la tuviéramos, las sucesivas «reformas de la educación» que se han intentado en el país, han mostrado que abordar todos los problemas en conjunto, sin ton ni son, o los aspectos parciales sin priorización calificada, no roza siquiera la solución del problema global: la calidad educativa. Veamos esquemáticamente algunos aspectos aislados, preguntándonos: ¿pueden solucionar el problema por sí solos?.

¿Por qué y en qué medida el aumento de sueldos a los profesores mejoraría su calidad pedagógica, por ejemplo? Quizás indirectamente, cuando al producir una   mayor capacidad adquisitiva en ellos, llevaría a algunos a tomar medidas dirigidas a la mejora de su propia calidad pedagógica, como la voluntaria matrícula en un buen curso de post grado, que no aspire sólo o principalmente a mejorar el «curriculum»; o la compra de buenos libros, que antes del aumento de sueldos su presupuesto no les permitía tal vez. Pero eso solo ocurrirá con los que leen por su cuenta, con los que les gusta hacerlo, con los que poseen cierta capacidad para reconocer sus limitaciones y los buenos libros; lo cual supone cierto grado de conciencia, cierta cultura, cierta calidad justamente. Pero aquí está el problema.

Si existen esos profesores, que casi no hemos visto en 20 años de enseñanza, son tan escasos que es casi como si no existieran. Aparte de lo mal que la puede pasar un profesor culto, es decir con cierta capacidad crítica y autocrítica, en esas instituciones educativas plagadas de mediocridad, donde la discusión académica o intelectual y la investigación de calidad enceguecen con su ausencia.

Otro ejemplo de solución aislada podría ser el de las mejoras en la infraestructura educativa, que se ha puesto parcialmente de moda. Bastaría constatar lo que ocurre en las universidades regionales que solo invierten en nuevos pabellones, que brotan como gigantescos hongos de cemento, con bellos jardines, salones con elegantes y cómodos asientos y sendos power points, pizarras ultramodernas y computadoras por doquier (y no una buena biblioteca, por ejemplo) porque es más rentable, claro. Y además se puede ver, tocar y oler. El resultado es que la educación sigue exactamente donde estaba antes, o peor.

(Continuará)

Deja un comentario

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE