Encadenados, la película y el mirón

Cultural El Búho

pelicula arequipeña

Me gusta el cine. Me gusta ver las imágenes en una sucesión. De hecho me gusta hacer suceder las imágenes yo mismo poniéndoles el fondo musical que yo quiera. Algo así me sucede involuntariamente cuando tengo un litro de Arequipeña encima. Es cuando comienzas a escuchar conversaciones que no te competen con una claridad única. Porque a mí se me aguza el oído con la chela. Dos más dos no es cinco, me dan ganas de intervenir, pero da igual porque mi intromisión solo traspondría el paisaje (¿sicológico?) social que mis sentidos contemplan. Cómo se sienta el Gordo, miro, cómo le resbala la saliva al hablar, o cómo se para torpemente de la mesa cuando la Señorita regresa del baño y le echa más cerveza en el vaso como señal caballerosa de las ciencias de la computación. Me deleita a veces la filmación en vivo, por ejemplo cómo el huachimán, sobrio muy a pesar de él, agradece en la puerta a los exclientes por haber venido, mandándose con atrevimiento a opinar que Gunsandroses toca mejor que esos otros ñatos, cómo-se-llaman, y cómo los exclientes entre que paran el taxi, eructan y miran con desdén de tigre recién almorzado las medias elevadamente corridas de Señorita, le responden, Broder, los Comosellaman tocaron de la putamadre y ahorita regresamos por otra Jack Daniels. Solo que mi amigo Miguel, sí, el director de cine, Barreda, acaba de ahorrarme por lo menos una media caja de la Espumante, porque su última película es justamente esa visión entre voyeurista y chismográfica del paisaje humano. O me vas a decir que tú eres diferente, que nunca te han dejado plantado y no has saboreado el amargo estoicismo de limpiarte la boca sin haber comido pretendiendo que no tienes hambre. O que sí eres un ser de extrema sensibilidad que no se merece cómo te trata la vida, que se debe tratar de una equivocación inmensa que te hayan hecho nacer aquí, y que pedirás tu cambio, que lo estás considerando seriamente, que un día de estos privarás al resto de estos conchesumadres de tu presencia. Me viene a la mente Marlon Brando en Un tranvía. Porque también existen personas cuyo campo de fuerza (su concha, Mierdas, su tremendísima concha), consiste en ver el lado bueno de las cosas (cinismo, pe, salud), que les hacen ver la cresta de la ola (o basural) y solo gracias a esa optimista visión de la vida consiguen superarse (engañarse) y seguir adelante. No somos semidioses, no, y así tuviéramos poderes sobrenaturales nuestros exabruptos se derrocharían en la misma proporción, envenenando a nuestros hijos por ejemplo, salud Medea, porque quién chucha dijo que el humano era equilibrado, ni nadie en este mundo ni en otro por inventar. ‘Encadenados’ es la visión descarnada del afterfiesta de un ser cualquiera sin música y sin trago, tan solo con el sonido de los propios pasos que se hacen testigos intolerables de la propia frustración que los humanos preferimos ocultar. Los trapos sucios se filman en casa.

 

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