La gran urbe y nuestra pequeñez

La columna Mabel Cáceres Calderón

arequipa antigua

Como en Año Nuevo, cada aniversario de la ciudad debería ser una ocasión para hacer una lista de buenos propósitos, entre ellos, el mea culpa por las elecciones que hacemos de nuestras autoridades; y una vez hecho, por no fiscalizarlas. Pero más allá de ese nivel formal, hay muchas otras cosas que quienes compartimos estas calles y edificaciones, todos los días, donde nos permitimos soñar y desear, podríamos hacer para procurarnos una vida con una mínima calidad.

Entre otras actividades, podríamos apoyar a nuestros artistas, dándonos el trabajo de asistir a sus exposiciones, presentaciones, performances y actuaciones, de manera que los centros culturales puedan florecer con el aliento del público que, a su vez, podría enriquecerse y mejorar en conjunto.

Podríamos, por ejemplo, cuidar los parques y las calles, recogiendo los desechos de nuestras mascotas y evitando tirar residuos en la vía; o mejor aún, evitando que nuestro rociado fin de semana acabe con un muro monumental pintado con aerosol o una calle céntrica o la Catedral, convertidas en urinario público y democrático, puesto que todas las clases sociales han participado, alguna vez.

También podríamos apoyar, por una vez, las reformas del transporte que intenta llevar a cabo la municipalidad, pensando en el interés colectivo antes que el propio: peatonalizar, ordenar la circulación, caminar un poco, conducir como si fuéramos personas civilizadas, sin sobrepasar indebidamente, estacionar donde nos plazca, ni tocar el claxon; respetar y hacer respetar las futuras ciclovías, no detener el taxi ni la combi a mitad de cuadra, respetar las colas y los paraderos, entre otras pequeñas acciones que bien pueden hacer la diferencia.

Además, tampoco sería un esfuerzo sobrehumano sacar la basura en los días y las horas previstas por el servicio municipal para el paso de los camiones recolectores. Pues nada hay tan desagradable en una ciudad tan reiteradamente nombrada como “patrimonio cultural”, que ver acumuladas toneladas de basura desperdigada por los perros y los recicladores, hediendo en pleno sol porque cada quien saca su basura cuando le pega la reverenda gana, hasta el poste más cercano, únicamente, cuando no es al lecho del río o la torrentera.

¿Y si venciendo la flojera y la comodidad participamos aunque sea una vez al año en los foros de “participación ciudadana” que por ley existen en cada municipio para opinar y, fundamentalmente, fiscalizar a la autoridad, antes de quejarnos como plañideras por las obras mal hechas, la corrupción y los robos descarados que vemos a cada paso sin mover un dedo para evitarlo? Los millonarios elefantes blancos, las pistas rotas por capas de asfalto semitransparentes, el aumento de la burocracia con familiares y partidarios, las compras sobrevaloradas y todos esos males, dejarían de ocurrir si algunos vecinos, tal vez organizados por cuadras o barrios, se interesaran genuinamente por lo que pasa en su gobierno local o regional, y no solo cuando de buscar una varita o un favor se trata.

Luego, en lugar de chelear hasta morir, y culpar siempre a los migrantes de todos los males, seamos mejores ciudadanos, que es gracias a esa condición de sus habitantes que los asentamientos humanos pueden adquirir la categoría de “ciudad”; y no solo por sus condiciones materiales.

Así pues, ciudadanos de Arequipa, descendientes de Melgar, no sean frescos y pónganse a la altura como mínimo, ¿no?

2 respuestas a “La gran urbe y nuestra pequeñez”

  1. Un artículo dinámico, real, frontal y hecho para un llamado urgente a la colectividad.
    Como hecho mismo salido de una novela de CF podríamos proyectar tu artículo en paneles 4D distribuidos en toda la metropoli arequipeña de un futuro ¿lejano o cercano? para entender que solo así podemos sacar adelante la tan ansiada calidad de vida ciudadana como se ve en otras partes del mundo, donde esta claro que no necesitan estar en el futuro para ENTENDERSE y y fijar los puntos en común que debemos cumplir en convivencia. No puede ser utópico creer en el cambio de mentalidad si al menos la mayoría tiene voluntad y comprensión para que las cosas sean como todos soñamos que sean. Desde nuestra pequeñez o insignificancia de hechos y acciones podemos lograr una urbe atractiva para el visitante, próspera para todos los mercados y en equilibrio con todos los sistemas.

  2. Avatar Ysaías dice:

    Interesante y aleccionador el comentario, para consolidar cambios en los vecinos es necesario que los medios de información masiva, emitan cuestiones basados en nuestra realidad cultural secuela de la pobreza e indiferencia y aprovechamiento ilícito de quienes deberían educarnos en políticas de Estado Democrático y otras áreas.

    Podrían por ejemplo; publicar normas sobre deberes de función de las Juntas Vecinales, Comisiones de Control, etc. Sobre la Supervisión que están obligados a cumplir y exigir a las autoridades, funcionarios y servidores del sector público la EXPOSICIÓN PÚBLICA DE LOS BALANCES ANUALES QUE DEBEN PUBLICARSE EN TOODOS LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN MASIVA DE LOS MANEJOS Y RENDIMIENTOS A SUS CARGOS, ESPECIALMENTE CUMPLIR CON LA LEY Nº 30204 LEY DE ENTREGA RECEPCIÓN DE CARGOS SIN HABERSE CUMPLIDO DESDE 2015/01/10, con información detallada seguramente que, los ciudadanos podremos auto educarnos, para evitar los males que cada día criticamos, sin aportar alternativas positivas de soluciones prácticas.

    URGE ESTA PUBLICACIÓN DIDÁCTICA AHORA QUE SE ACERCAN LAS ELECCIONES NACIONALES Y QUE NUESTROS POLÍTICOS TRADICIONALES YA ESTÁN EN CAMPAÑAS ALEATORIAS PARA CONSEGUIR SUS FINES NEFASTOS.

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