Miedo al cambio

Profanaciones Martín Zuñiga

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La anécdota es más o menos así. Hace un año y medio un inteligente funcionario de la Municipalidad Provincial de Arequipa invitó a los agentes culturales de la ciudad a una reunión de coordinación para ver cómo se podría trabajar mejor el tema de la cultura y proponer un plan de desarrollo cultural en Arequipa. Este honorable e inteligente funcionario de cultura estaba, quizá, tratando de cumplir con el compromiso que tuvo la municipalidad un año antes cuando diferentes agentes culturales de la ciudad pidieron cuentas claras en Cultura del primer año de gestión del Sr. Alfredo Zegarra al frente de la MPA, puesto que entonces se comprometieron a reunirse con todos los agentes culturales de la ciudad al menos un par de veces al año y ampliar dicha convocatoria cada vez. Dicho pedido se replicó en otras ciudades del país, y las reuniones de coordinación posteriores si se llegaron a realizar, cosa que en Arequipa solo fue más un discurso para la tribuna, y nunca se vio concretado en ningún plan ni acción.

Para no hacerla larga, dentro de su exposición hace un año y medio, este valiente, honorable e inteligente funcionario dijo (cito de memoria, nadie lo grabó, lamentablemente): “Hoy en día vemos que por el crecimiento económico hay más puestos de trabajo en la ciudad, por eso es importante que trabajemos en Cultura en la ciudad, porque así las personas podrán poner es sus curriculums que les interesa el arte como parte de sus hobbies”. Más de uno salió de esa reunión queriendo emular la escena en que el periodista Muntazer al Zaidi le tiró en plena conferencia de prensa un zapato a George W. Bush. Según tengo entendido, dicho funcionario, para quien la Cultura se traduce en un simple hobby, sigue laborando en la MPA.

Esa es, al parecer, la noción que tienen en Arequipa las autoridades sobre lo que significa Cultura. Un mero pasatiempo, nada relevante en el desarrollo social de la ciudad ni que tenga una incidencia importante en la calidad de vida de cada una de las personas que vivimos aquí. Al parecer, y otra vez hablo en condicional, las personas encargadas de Cultura en la ciudad no tienen idea de qué es lo que tienen entre manos. La UNESCO, entre otras instituciones, lo dicen claro: “la cultura constituye un instrumento de cohesión social” y que se debe trabajar de manera programada y plural en ella porque “desarrollo no es sinónimo de crecimiento económico. Hay un medio de acceder a una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria: el desarrollo como tal es inseparable de la cultura”.

Para ello es necesario que desde las instituciones públicas exista la voluntad, ante todo, de hacer un trabajo bien planificado y organizado en el tema Cultura. Sin ello, cada día que pasa estamos perdiendo una valiosa oportunidad de tener una sociedad más justa, inclusiva, tolerante y pacífica. Los lineamientos para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio también recogen este espíritu. Pero en la ciudad, parece que nadie en los cargos públicos sabe de esto.

Ahora bien, como lo puntualiza un especialista como Victor Vich, es urgente resaltar que una política cultural moderna no se diseña ni se implementa desde “arriba para abajo”. En realidad, no se trata tanto de crear nuevos proyectos sino de convertirse en un socio, en un facilitador, en un promotor de las iniciativas que ya existen en la sociedad. Se trata, en ese sentido, de apoyar la mayor difusión de lo que ya existe pues, con más recursos, podría tener más impacto. El presupuesto del sector cultura no es un gasto, de ningún modo, es una inversión y tiene un beneficio tangible pues beneficia directamente a la gente.

Este trabajo se vería plasmado en cambios significativos en la ciudad. Pero los políticos tienen miedo al cambio. Las pocas manifestaciones culturales que sobreviven como proyectos de largo aliento en la ciudad siempre han venido de la iniciativa e interés personal de los propios artistas y agentes culturales así como de algunas instituciones privadas que han logrado abrir y mantener algunos espacios para el desarrollo cultural de la ciudad. Pero, sin un trabajo a nivel macro de políticas culturales, todos estos esfuerzos ven mermadas sus posibilidades de llegar a toda la población.

Es hora de que alguien le jale de las orejas tanto a alcaldes como a los demás funcionarios públicos, y a nuestra presidente regional entre ellos, y les haga entender que lo que se está haciendo en el tema Cultura es mínimo, insuficiente, y que ningún proyecto, sea el área en que sea, desde el transporte hasta la agricultura o la educación, va a tener éxito a largo plazo si no se le presta atención al componente Cultura. Y lo que se podría denominar inversión, solo será un gasto en el mejor de los casos, o solo un despilfarro, en la mayoría de ellos.

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