Necesidad y probabilidad

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La ciencia que debe ocuparse del estudio del derecho positivo no es la Sociología, sino la Dogmática jurídica. Kelsen fundamentó esa afirmación estableciendo un primer contraste entre ciencias naturales y ciencias sociales. Para él las ciencias naturales investigan la naturaleza “como un conjunto de hechos relacionados por el principio de causalidad”, mientras que las ciencias sociales se ocupan de estudiar la sociedad entendida como “un orden que regula la conducta de los hombres”. Acto seguido, él divide las ciencias sociales en ciencias sociales causales y ciencias sociales normativas. Las ciencias sociales causales (entre las que se incluye la Sociología) aplican el principio de causalidad “a las conductas humanas consideradas como hechos pertenecientes al orden causal de la naturaleza”. Por su parte, las ciencias sociales normativas emplean el principio de imputación, es decir, “estudian las conductas humanas (…) en relación con las normas que prescriben cómo deben desarrollarse”.

Según Kelsen la relación entre causa y efecto se expresa en el esquema “Si es A, tiene que ser B”; en tanto que el nexo entre un hecho ilícito y su sanción se da en la forma “Si es A, debe ser B”. Todo parece muy claro… no obstante, esta distinción es artificial. Lo que postula Kelsen es que existe una necesidad física de que a un hecho A (la causa) le siga un hecho B (el efecto) —ello en virtud de la sucesión ininterrumpida de veces en que ha acontecido de esa manera—. Pero del hecho de que regularmente acontezca algo no se deduce que tenga que acontecer nuevamente así. Nada excluye la posibilidad de que algo que ha sucedido millones de veces de un modo ocurra de manera distinta la siguiente vez. Si es normal que se frustren nuestras expectativas acerca de lo que debe acontecer es porque no hay una conexión lógica entre nuestra voluntad y el mundo. Al respecto dice Wittgenstein que “sólo hay una necesidad lógica” y que la ley de la causalidad “no tiene un fundamento lógico, sino psicológico”; por lo tanto, podemos conjeturar —en base a la acumulación de experiencias anteriores— que es altamente probable que el sol salga mañana, pero si ello no ocurre únicamente se violaría una ley física, no una ley lógica.

De esto se desprende que una inferencia inductiva tan sólo nos suministra una hipótesis provisional. Por ejemplo, la proposición general “Todo tirano es mortal” —que se deriva de un número limitado de proposiciones singulares: “Nerón era mortal”, “Hitler era mortal”, “Stalin era mortal”, “Pol Pot era mortal”, “Hugo Chávez era mortal”, etc.— es una hipótesis basada en un género de experiencias pasadas que se tendrá por verdadera sólo si hechos del mismo género se siguen dando sin excepción. Y bastaría con la comprobación de una sola proposición adversa (digamos “Fidel Castro es inmortal”) para que dicha proposición general quede falsada.

La diferencia entre la necesidad lógica y la “necesidad” física puede ilustrarse de la siguiente forma: Si sumamos 2+2 el resultado, por necesidad lógica, será 4. No podría ser de otra manera. Es imposible que el resultado sea 3. En cambio, si colocamos 4 manzanas en una caja y luego de unos segundos la vaciamos, lo razonable sería que caigan 4 manzanas; sin embargo —ya que no hay relación lógica entre el hecho de colocar las manzanas y el hecho de vaciar la caja— podría darse el caso de que solamente cayeran 3 manzanas. ¿Es esto concebible? Sí, pues no existe la imposibilidad física. Del hecho que usualmente encontremos en una caja las 4 manzanas que colocamos en ella segundos antes, no se sigue que al repetir luego la operación vaya necesariamente a ocurrir lo mismo. No existe nexo lógico entre los hechos, y si no hay relaciones lógicas entre los hechos tampoco hay identidad entre las leyes de la lógica y las leyes de la Física. La necesidad es un fenómeno puramente sintáctico, que se da entre entes formales —o sea, entre signos dispuestos de un determinado modo—. Por ende, aquello que según la física es improbable, es posible que acontezca porque no contradice las leyes de la lógica —que caigan 3 manzanas de la caja es un resultado posible, pero improbable—; y aquello que según la lógica y las matemáticas es imposible —por decir “Llueve y no llueve” o “2+2=3”— es impensable que suceda, ya que en este ámbito no se admiten milagros. En consecuencia, sólo debe hablarse de imposibilidad y de necesidad en el plano formal de la lógica y de las matemáticas; fuera de él todo es casual y puede suceder cualquier cosa.

Ahora volvamos a Kelsen. Si el vínculo de necesidad en el enunciado “2+2=4” es incuestionable, del enunciado “Todo gas tiene que expandirse por el calor” sólo podremos decir que —en base a nuestra experiencia y a testimonios fiables— existe una alta probabilidad de que todo gas se expanda por el calor. Si afirmáramos que el enunciado “Todo gas tiene que expandirse por el calor” es absolutamente verdadero, antes tendríamos que haber verificado que todos los gases del universo se han expandido en el pasado, se expanden en el presente y habrán de expandirse en el futuro a causa del calor. En el fondo tanto el principio de causalidad como el de imputación establecen que algo debe ser, no que tenga necesariamente que ser, y puesto que entre ambos principios sólo hay una diferencia de grado —la probabilidad de que el calor expanda un gas es mayor con respecto a que a un hecho ilícito le siga una sanción—, entonces los enunciados generales “Todo gas tiene que expandirse por el calor” y “Todo el que mate debe ser sancionado” difieren no en que uno sea necesario y el otro no lo sea, sino en que ambos desempeñan funciones distintas en el lenguaje: uno describe regularidades que se dan entre clases de hechos y el otro prescribe cómo deben actuar unos órganos jurídicos. Así pues, la “tajante” división kelseniana entre ciencias sociales causales y ciencias sociales normativas no se justifica.

 

2 respuestas a “Necesidad y probabilidad”

  1. Avatar Renato Amaro dice:

    Le falto…..’Zavalaga es mortal’…..pues la TIRANIA de sus copias google son inconexas y totalmente desarticuladas a nada que concentre la atencion.

    • Avatar Zavalaga dice:

      Me encantan tus comentarios, y me encantarían más todavía si los acompañaras con tu verdadero nombre; pero eso es mucho pedir, porque se te hace más fácil insultar desde el anonimato, ¿verdad?
      Lamento haber ofendido tu exquisita sensibilidad política, y te aseguro que en el futuro ya no tendrás motivos para salpicarme con tu diarrea verbal.
      ¡Ah!, sigue googleando, y si encuentras algo me avisas. Suerte.

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