Rompe tabúes y #DéjalaDecidir

Profanaciones Martín Zuñiga

 

déjala decidir

Lo bueno de las leyes es que, según la sociedad va cambiando, también cambian, evolucionan, son más precisas y más justas.

Esa es la tendencia en una sociedad democrática, como en el caso peruano, donde se han puesto en debate importantes iniciativas legislativas para desterrar aquellas leyes que durante décadas han tenido victimizados, penalizados y desprotegidos a miles de personas dentro de la sociedad y que tienen que ver con un tema que históricamente ha sido considerado tabú en nuestro país: el sexo.

El tabú sobre el sexo está rompiéndose. Para cualquier persona que valora su libertad, romper cualquier tabú, es un gran logro.

Que cada quien debe tener derecho a decidir qué hacer con su vida sexual, es algo tan obvio hoy en día que aquellas acciones en contra de este derecho no tiene cabida dentro del ordenamiento legal de nuestro país.

Víctimas de su condición sexual han sido, y lamentablemente siguen siendo, muchas personas en el país. Gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, solo por el hecho de serlo, no solo son víctimas de violencia física y psicológica, incluso por parte del Estado, cuyo fin debe ser el de velar por la dignidad de todas las personas; y que más bien ejerce violencia contra ellos al no reconocerles sus plenos derechos como en el caso de la Unión Civil.

El hecho de que en el Perú se esté rompiendo el tabú sobre el sexo es ya un gran paso. Que niños y jóvenes puedan hablar sobre el tema y recibir información real y abierta hará que la sexualidad salga de las tinieblas en las cuales ha estado sumida durante tanto tiempo, que ya no sea un asunto del cual hay que hablar en voz baja y entre cuchicheos, que no nos tenga que dar vergüenza el siquiera pensarlo.

Y ya que se lo pregunta, sí, esto solo sucederá en una sociedad donde se garantice y promueva una educación orientada a la libertad de las personas, donde la educación sexual se realice de manera laica (quitando todo estigma ideológico y religioso al sexo), inclusiva (sin segregación por raza, condición económica, lengua u origen), integral (abarcando mucho más que la sola información y dando una idea de las actitudes, de las presiones y de las alternativas), orientado a prevenir el abuso sexual y realizado por profesionales capacitados en un ambiente de sana convivencia.

Hoy por hoy, la cifra de violaciones sexuales es alarmante. Pregunte en su entorno inmediato y se dará cuenta. No es siquiera necesario recurrir a las estadísticas oficiales que recogen diferentes estamentos como el INEI o el Ministerio de la Mujer y que dicen que el Perú es el país con mayor tasa de denuncias por violación sexual en América del Sur. Haga la encuesta entre sus amigas, conocidas, incluso en la familia va a encontrar, si es que se decide a hablar y contarlo, alguna mujer, alguna persona que ha sido agredida sexualmente, que ha sido manoseada contra su voluntad o que en un caso extremo, ha sido violentada. Y lo peor, las estadísticas dicen que, en 4 de cada 5 casos, eran menores de edad.

Los últimos meses me he dedicado a investigar sobre el tema. He escuchado argumentos de todo tipo. He escuchado la historia de varias personas, de su propia boca, que han sido violadas. O personas que sabían de alguien que lo fue. Y que quedó embarazada. Y que decidió tener el hijo producto de aquella violación y que ahora es madre. En algunos casos de manera feliz, no sin mucho esfuerzo de por medio.

Y también de personas que no querían tener al hijo producto de la violación.

Y quiso abortar.

Y no la dejaron hacerlo.

Y si lo logró fue de manera clandestina.

Y murió.

O quedó con graves secuelas por no tener la posibilidad de realizarlo de manera segura.

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