Tambo de Ruelas, sobreviviendo al tiempo y el olvido

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Vista interior del Tambo de Ruelas

Vista interior del Tambo de Ruelas

Tres niveles tiene la antigua casona, que corresponden a épocas diferentes de su construcción

Tres niveles tiene la antigua casona, que corresponden a épocas diferentes de su construcción

El deterioro no ha logrado eliminar la belleza de la casa

El deterioro no ha logrado eliminar la belleza de la casa

Escaleras y balcones de madera de antigua data

Escaleras y balcones de madera de antigua data

René Leiva, propietario del tambo

René Leiva, propietario del tambo

Restauración la hace falta al antiguo Tambo

Restauración la hace falta al antiguo Tambo

Balcón y vista única

Balcón y vista única

El ingreso al antiguo alojamiento de viajeros

El ingreso al antiguo alojamiento de viajeros

Fachada del Tambo Ruelas, una joya en la calle Beaterio

Fachada del Tambo Ruelas, una joya en la calle Beaterio

FOTOS: Erick Rodríguez

Paradójicamente, es el único tambo que no ha sido restaurado con ayuda de la cooperación internacional, como es el caso de los tres tambos que existen, ahora soberbios, en la otra banda del Chili. El Tambo de Ruelas, tiene un potencial turístico que solo parece avistar su solitario propietario, firme guardián de su rica historia y de su desolador presente.

Entre algunas de las leyendas que se rumorean hace siglos en estos ambientes, está la que narra que fue en este lugar donde se vieron por primera vez, en las postrimerías del régimen colonial, la esquiva Silvia y el enamoradizo poeta Mariano Melgar. Ella, haciendo compras con su madre, él, yendo a convivir durante muchas jornadas con la gente de la sierra que hasta aquí llegaba cargando sus productos y sus esperanzas de libertad. La ciudad, que siempre fue muy hermosa, los hacía soñar, tanto a los comerciantes, como a los jóvenes enamorados.

En sus tiempos iniciales, con 16 pequeños cuartos de sillar, recibía a los arrieros que llegaban con sus recuas de mulas y hatos de llamas cargadas de mercadería, desde todas las provincias de Arequipa y del altiplano puneño y boliviano. Luego, las llamas venían cargadas de oro, papa y maíz, desde tierras tan lejanas como Potosí y, en su camino, de Puno o Cusco. Sin duda, fue el mercado virreinal más antiguo de la ciudad.

En cuatro largos siglos, además de llegar a tener 3 pisos, el último construido de madera, sobre el segundo de sillar, miles de personas que fueron y vinieron, vivieron y murieron tras sus muros, hoy la solitaria presencia de Leiva trae a la memoria hechos como la encarnizada lucha tras la rebelión contra Ramón Castilla que inició aquí, en el torreón denominado “El Palomar”, donde se izó una bandera con la inscripción “Viva Echenique”, tal como lo narra María Nieves y Bustamante, en su obra “Jorge o el hijo del Pueblo”. En estos muros también se parapetaron Belisario Suárez y Diego Butrón, entre otros patriotas que lucharon para defender a la ciudad de la invasión chilena.

También se dice que los ahora vetustos ambientes de madera, levantados sobre sólidos sillares, sirvieron de refugio y escondite al entonces fugitivo, líder del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido por el dictador de turno en la primera mitad del siglo XX. Pues esta casona, que aún conserva su belleza, asentada sobre un tambo incaico, y luego uno colonial, en algún momento de su larga historia, perteneció al fundador del aprismo en Arequipa, Antero Peralta, abuelo de quien llegó a ser, demasiado joven, alcalde de Arequipa, Yamel Romero Peralta.

Otra leyenda afirma que, en algún lugar del extenso terreno, alguien construyó un túnel que le permitió, tanto al político perseguido, como a algún poeta llamado Percy Gibson, un antiguo enamorado, esquivar la vigilancia y salir entero, por algún vericueto de la calle trasera, y no por el portón principal, hoy vetusto y en espera de restauración, plantado en la histórica calle Beaterio, del tradicional barrio de la Antiquilla,, antes conocido como la “Chimba”..

Escenas de la película “Ana de los ángeles” se filmaron hace poco en esta casa, desde donde, hace dos siglos, alguien avistaba los constantes enfrentamientos entre los ejércitos enviados desde Lima y los rebeldes locales; con tanta claridad como hace 14 años, durante el terremoto de 2001, el propio Leiva vio caer las dos torres de la Catedral, mientras rezaba en silencio en su bamboleante balcón, único lugar desde donde se divisan, limpiamente, los 3 volcanes tutelares de Arequipa.

René Leiva es un luchador incansable en su objetivo de conservar y restaurar la historia y el prometedor futuro que le ve a este tambo que, tras heredarlo, se ha convertido en el motivo principal de sus días. En 1974 logró que sea declarado Patrimonio Cultural de la Nación, y luego de algunos años tuvo que desalojar como a 30 familias que lo habían invadido y tugurizado; pero aún espera el patrocinio para su restauración y posterior conversión en un Centro Turístico y Cultural.

Museo, galería de arte, exposición y venta de artesanías, un café o restaurante con platos típicos arequipeños y un pequeño anfiteatro. Así lo sueña él y nosotros, después de verlo, también. Ojalá alguien más lo haga posible, mientras René aún pueda verlo.

 

 

 

Una respuesta a “Tambo de Ruelas, sobreviviendo al tiempo y el olvido”

  1. Avatar calato dice:

    y quien se acordo de la casa rosada que era aun mas bella que esta casona….

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