Crónica: El club de los desamparados

Desde entonces, fueron raras las ocasiones en que nos volvimos a juntar para comentar nuestras obras. Solo aprovechábamos los fines de semana para tomarnos una cerveza y para contarnos lo apesadumbrados que nos sentíamos por la redacción de la tesis y por las vicisitudes del día a día en una ciudad que nos resultaba gigantesca.

La Revista Avatar

cronica-cuentoEn mi afán por tomarle el pulso a lo que escribían los otros, decidí participar en aquel improvisado taller  de cuento que un grupo de amigos sudamericanos inauguró en uno de los ambientes de la universidad  madrileña donde cursábamos la maestría. En principio, las reuniones debían cumplir un fin único: leernos y comentarnos. Leer relatos propios, nuevos o añejos, publicados o no publicados, y someterlos a un exhaustivo análisis de fondo y forma.

El grupo, que no era del todo heterogéneo, lo conformaban un colombiano que enviaba semanalmente crónicas a un periódico de su país; un mexicano aspirante a doctor y especialista en Benito Pérez Galdós; un norteamericano con un serio problema de caspa y gran conocedor de la obra de Lope de  Vega; un nicaragüense obsesionado con ahorrar dinero y que, en palabras de Sergio Ramírez, era la promesa de las nuevas letras de aquel país; un panameño afrancesado poseedor de un oído  sobrehumano para la poesía, y este servidor, un peruano, profesor de instituto, que entre sus mayores y únicos logros estaba el haber ganado un concurso de cuentos universitarios….

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