¿Y si la educación en valores fuese el camino?

Columnista invitado

 

Hace unos meses fui a ver un partido de básquet profesional de la NBA en Washington DC. Hubimos unos veinte mil espectadores. Al entrar al estadio me llamó la atención que, pese a la gran cantidad de asistentes,  la gente ingresara ordenadamente, sin empujones, sin  apretaderas, sin siquiera tocarse unos a otros.  Durante el partido, la afición se limitó a hacer barra a su equipo sin jamás agredir o insultar al rival, a otros hinchas, o a los árbitros. Los niños se divertían despreocupadamente, como si estuviesen jugando durante el recreo de su escuela. Me dio curiosidad y me puse a contar cuántos policías eran necesarios para mantener el orden y el respeto que llamaron mi atención. Me propuse incluir los policías que estaban dentro y fuera del estadio. Busqué y busqué, pero no encontré ningún policía. Los encargados de la seguridad eran más bien organizadores y no tenían armas, ni cascos, ni caballos, ni tenían pinta de matones. Al salir del evento, el comportamiento se mantuvo: ordenadamente, siguiendo instrucciones de los organizadores, sin apretaderas ni empujones, sin siquiera tocarse unos a otros.

Entonces recordé como es la cosa cuando uno va a ver un partido de futbol profesional del descentralizado en el Perú: para medio controlar el orden hace falta el uso de un numeroso contingente de policías debidamente equipados y distribuirlos estratégicamente por todo el estadio y hasta en los alrededores. Para prevenir los insultos de las barras a jugadores rivales hace falta sancionar a los equipos con fuertes multas económicas como el cierre parcial de sus tribunas o hasta obligarlos a jugar sin espectadores.

Pretendo utilizar estas anécdotas en los estadios para ilustrar dos paradigmas muy diferentes para enfrentar las plagas sociales que están diezmando nuestro país: la corrupción y la violencia.

Analicemos primero la principal herramienta usada para controlar el orden en los estadios en Perú: La fuerza. Frente al aumento de la violencia y la corrupción hemos hecho uso de más policías, más castigos, más leyes,  más fiscales, más jueces. Los resultados hablan por sí solos: La corrupción sigue creciendo, la corrupción ha penetrado buena parte de la policía y el ministerio público (fiscalía); las leyes y castigos en muchos casos no pueden aplicarse porque muchos  jueces son también corruptos. Frente a esta situación, ahora hay propuestas para aumentar más policías, utilizar las fuerzas armadas, implementar más mecanismos en la policía para controlar a los malos policías, nuevos fiscales que fiscalicen a malos fiscales, mecanismos y jueces en el poder judicial para castigar a malos jueces. Apunta  a convertirse en un círculo vicioso de nunca acabar.

Analicemos ahora el caso de la principal herramienta para el control del orden y respeto utilizada en el estadio de Washington DC: El autocontrol (o autodisciplina). Les advierto que a nosotros los peruanos esta herramienta nos puede parecer fuera de la realidad porque simplemente no hemos sido suficientemente expuestos a ese tema. El respeto y la buena ciudadanía son dos de los comportamientos tomados muy en serio por los sistemas de educación en el país y por ello son inculcados en la mayoría de las escuelas todos los días y en todos los grados: desde jardín hasta la secundaria. De esta manera, la mayoría de gente se conduce respetando los derechos de los demás, con disposición para cooperar con el orden, convencidos de que es lo mejor para todos, sin necesidad de que alguien los esté supervisando todo el tiempo.Por eso los policías, en el coliseo de Washington DC, no eran necesarios.

Ahora respondamos: ¿Cuál de estas herramientas para controlar el orden y el respeto es más efectiva, la fuerza o el autocontrol?

Hablando de auto control, seguramente está Ud. enterado de los asesinatos masivos  que se han vuelto tan comunes en Estados Unidos. Sin duda, los ataques se han convertido en  un problema mayor que debe ser resuelto.  A primera vista, desde fuera del país, se percibe una sociedad muy violenta por la alta incidencia de sus ocurrencias y por la naturaleza de las mismas. Sin embargo, si se considera otros factores, la percepción puede ser otra. Me explico:

Adquirir una licencia para comprar armas y municiones es relativamente fácil. Se estima que entre tres o cuatro de cada diez civiles americanos  posee por los menos un arma de fuego. El número de armas de fuego en manos de civiles se estima en trecientos cuarenta millones. Significa que quienes portan armas poseen un promedio de tres. Estas armas pueden ser de bajo calibre, rifles de asalto o incluso armas de mayor envergadura. No hay prohibición en cuanto el número de armas o cantidad de munición que una persona desee adquirir.

Para una mejor visualización, es como si entre diez y doce millones de peruanos tuviesen en su casa un promedio de tres armas de fuego de diferente calibre y abundante munición.Teniendo en cuenta las consideraciones mencionadas,  el número de ocurrencias  resulta, a mi parecer, asombrosamente bajo y son una muestra del autocontrol en acción. Más aún, si en la mayoría de los casos los ataques son perpetrados no por personas con intención criminal (robos, secuestros), sino por personas con inestabilidad mental  y en menor proporción, personas con ideales extremistas.

 

¿Y si los valores fuesen importantes?

“To educate a person in mind and not in moralsis to educate a menace to society” Theodore Roosevelt, presidente de EEUU 1901-1909
“Educar a una persona en su intelecto sin educar sus valores es educar a una amenaza para la sociedad”.

EL Gobierno Regional Arequipa lanzó en octubre pasado un programa televisivo para resaltar los valores históricos de la arquitectura colonial de Arequipa con  el objeto que la juventud aprenda a valorar el patrimonio cultural y ayude en su preservación con el correr de los años. “Si no se conoce algo, es difícil que se lo quiera” explico la gobernadora, y tiene razón. Para ayudar a preservar el patrimonio cultural es importante concientizar el tema en  los jóvenes. Muy bien.

En nuestras escuelas instruimos en materias como Matemáticas, Historia, Ciencias, etc. porque son materias que consideramos importantes, por el bienestar personal y para el desarrollo del país. Muy bien.

¿Pero por qué nuestras escuelas no priorizan educar en nuestros jóvenes comportamientos como la ética, la justicia, la responsabilidad o la honestidad?, ¿acaso no son importantes? ¿Imaginan qué pasaría con el país si nuestras escuelas dejasen de enseñar matemáticas por 200 años? Eso es lo que hemos hecho con la educación en valores desde mucho antes de la independencia. Prácticamente hemos dejado nuestra educación de valores a la deriva. Les hemos dejado toda la responsabilidad a nuestros maestros que educan valores con el buen ejemplo en loables esfuerzos personales que, a todas luces, no han sido suficientes. Por eso las desastrosas consecuencias que ahora vivimos no son para nada sorprendentes.

Los peruanos celebramos el “día nacional del ceviche”, el “día nacional del pisco sour”, el “día nacional del pollo a la brasa”. Los celebramos porque preservar, promover y defender nuestro patrimonio cultural es muy importante. Muy bien. ¿Pero por qué no tenemos un “día nacional para llamar la atención sobre la importancia de los valores para el bienestar delacomunidad y la nación”?

 

¿Quién debe ser responsable de la formación de valores?

“A nation, as a society, forms a moral person, and every member of it is personally responsible for his society”. Thomas Jefferson(1762).

“Una nación, como sociedad, forma a una persona moral, y cada miembro de ella es personalmente responsable por su sociedad”

Usted es un formador de valores. Es lo más probable, aunque quizás no se haya enterado. Sea Ud. un padre o madre de familia, una profesora, un personaje de la televisión, un chofer de combi,  un deportista profesional, o desarrolle cualquier actividad en contacto con niños, Ud. Está en todo momento moldeando sus valores. Para ellos todos somos modelos a seguir. Ellos son como esponjitas que asimilan y repiten todo lo que ven. A menos que Ud. se desenvuelva  en un ambiente plenamente aislado donde ningún niño lo vea o escuche, Ud. está participando activa e inevitablemente en la formación de valores en nuestros niños, para bien o para mal.

Decir “no es mi responsabilidad formar valores, esa es responsabilidad de los padres”,  tan popular en los programas de tv matinales,es pretender evadir una responsabilidad ciudadana. Pero lo peor de todo es que la mayoría de los peruanos comparten esa opinión.  Es una percepción generalizada que la instrucción académica debe ser impartida en las escuelas y los valores deben ser enseñados en la casa, por los padres, después de todo los padres son los primeros modelos a seguir y pasan mucho tiempo con sus hijos (bueno, supuestamente). ¿Y si para empezar los padres no tienen valores morales? Ah, en ese caso, no solo se arruinan los padres que tendrán un mal hijo, sino que se arruina el propio hijo y de paso nos fregaron la vida a todos.

Al tener contacto diario con nuestros menores, y por muchas horas al día, las escuelas son ineludiblemente importantísimosentes formadores de valores, por diseño o por defecto.Dado que las escuelas son entes formadores de valores, querrámoslo o no, lo lógico es hacer que ellas formen buenos valores deliberadamente, por diseño. Lo que conduce a la necesidad de equipar a escuelas y maestros con las herramientas y demás recursos necesarios para llevar a cabo semejante labor.

Uno de los mitos populares entre los nuestros es que completar una carrera universitaria garantiza una formación ética: “es educado quien fue a la universidad”, “quien es educado tiene ética”. El columnista del diario  la República, Gustavo Faverón,   en su artículo de opinión “La Mala Educación”  del  10 de noviembre 2015 menciona a cuatro candidatos que representan casos de educación personal exitosa: “César Acuña,  Alan García, Keiko Fujimori, y Alejandro Toledo. (…) Los cuatro son profesionales asociados con escándalos de corrupción. Sus figuras parecen demostrar que la educación no instruye a la gente en la ética”.  Luego agrega: “Es como si quisieran demoler el mito de la educación y dotarlo de un aura turbia, adaptarlo a un nuevo Perú en el que incluso la instrucción es sospechosa. Cruelmente, echan la lápida sobre una de las pocas ilusiones limpias que le quedaban al pueblo

Respetuosamente, discrepo con la opinión de Faverón. Para mí, las figuras de los cuatro candidatos mencionados, sumadas a las de muchísimos otros políticos, empresarios, jueces, militares de alto rango,y tantos otros profesionales (de experiencias de educación personal exitosa)revelan una realidad diametralmente opuesta: nuestra educación no educa ética en la gente.

Volviendo a las anécdotas de los estadios, alguien me dijo que en Perú la mayoría de la gente que va al estadio tiene escasa educación, por eso la manifiesta ausencia de respeto. Cuando yo era estudiante de la Universidad San Agustín en Arequipa, fui a ver varios partidos de futbol y básquet de la UNSA contra otras universidades.  Los clásicos eran entre la UNSA y la Universidad Católica Santa María. Los estadios se llenaban casi siempre. Los asistentes éramos casi todos estudiantes de una u otra universidad. Cuando el árbitro o un jugador opuesto hacia algo que no gustaba, se escuchaba el clásico cántico “hijo de puta, hijo de puta,…”.  Los cánticos provenían de ambas barras, y eran emitidos por personas que, supuestamente, teníamos altos niveles de educación (Sí, lo reconozco. Yofui uno de los que gritaba, y a todo pulmón. Sorry…!). Es seguro decir que, en general, nuestra educación no educa intencionalmente valores en nuestra gente.

Una respuesta a “¿Y si la educación en valores fuese el camino?”

  1. Renato Amaro dice:

    Estimado Eduardo, bueno como dice el dicho, una golondrina no hace un verano. Otra cosa seria si vas a ver a los Eagles de Filadelfia por dar otro ejemplo. Pero entiendo tu punto. Vivimos en una sociedad con mucho desbalance, es por ellos que vemos estos extremos de percibida educacion o falta de ella. No podemos negar que la politica peruana o la norteamericana, para ir al otro extremo, se cocinan caldos de corrupcion tan espesos, -guardando las distancias -que puedo hasta decir que aunque este asunto nos perjudica claramente a nivel nacional, al menos no causamos muerte ni miseria en el mundo como en el otro caso. Ocurre pues que cada quien tira agua para su propio molino. En todo ambito de la sociedad es asi. Y mucho mas dentro del aparato del estado, que hace que el abanico de oportunidades para el enriquecimiento ilicito y la corrupcion aumente exponencialmente. Para mi, la falta de educacion representa un espectro amplio. La demuestran tanto los electores como los chicos que van al estadio. Despues de todo, quienes son los chicos que van al estadio?? Los futuros electores, pues. NO EXISTE educacion de calidad en los niveles formativos y mucho menos educacion civica en el Peru. Conciencia politica CERO. No entendemos que es la politica. Todos queremos un futuro mejor, pero esperamos que este caiga del cielo o a travez de la nueva ‘camada’ de angeles redentores pristinos que encumbramos en el poder. SIN haber hecho el trabajo previo suficiente de EVALUAR a quienes nos representan. Muchos con procesos de corrupcion o acusaciones mas serias a cuestas. No tenemos nocion del rol del Peru en el mundo, pues les recuerdo a todos QUE NO SOMOS UNA ISLA soberana. Nuestra politica tiene influencia supranacional critica en nuestro desarrollo como pais. Pero todo esto no parece molestarnos ni despertar nuestro interes. Hay que recordar que quienes nos representan provienen del mismo seno, han mamado de la misma teta que alimenta a todos, la sociedad peruana. Hay mucho trecho por recorrer en lo que a educacion se refiere, tanto aqui en el Peru como en…Washington. Creeme.

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