Lo femenino en la Doctora Rostworowski

Columnista invitado

A raíz del fallecimiento de la Dra. María Rostworowski se han escrito multitud de merecidos homenajes. Al fin y al cabo, ella ha sido la más importante historiadora peruana, renovadora de nuestra visión sobre el pasado prehispánico andino. Pero, quienes la conocieron recuerdan un aspecto de su vida y de su trabajo que no ha sido tan resaltado. Se trata de su perspectiva sobre lo femenino y de su incidencia en el Perú histórico.

Para empezar, ella mantuvo una agenda femenina muy comprometida. Siempre estaba incentivando a las colegas a estudiar y competir en pie de igualdad con los varones. Además, las instaba a disfrutar la vida y ser gozosas de pleno derecho. Otro rasgo suyo era estimular la independencia femenina; alentaba todo proyecto de comprarse una casa y administrar una vida propia con soltura y responsabilidad. Aunque, su debilidad era promover a otras mujeres a puestos de poder. Por ejemplo, empujó el carro de todas las directoras del Instituto de Estudios peruanos. Ella misma no estaba interesada, le preocupaba sobre todo el estudio, pero le fascinaba que otras mujeres ejerzan el poder y las apoyaba a forro.

Esta postura se tradujo en sus estudios sobre el pasado andino y buena parte de su punto de vista se halla en un libro titulado Estructuras andinas de poder, cuyo argumento es el siguiente. En los mitos andinos muy frecuentemente los hombres van solos y las mujeres marchan por su cuenta acompañadas por sus hijos. Los padres míticos son ausentes y las madres se encargan de nutrir a la siguiente generación. Las diosas presiden la agricultura y la pesca, mientras los dioses van a la guerra y se encargan de mandar.

Para las tareas masculinas, la sociedad andina estaba dividida en dos, arriba/abajo, derecha/izquierda, realizando un ideal a través de la dualidad, que por proyección se convierte en cuatripartición, como en el Estado del Tawantinsuyu, dividido en cuatro suyus. Pero, la presencia femenina transforma la dualidad en tripartición y las mujeres como conjunto constituyen un agrupamiento independiente, altamente empoderado en todo terreno: ideológico, social y político. La fortaleza femenina se expresaba en toda la sociedad, pero su presencia es difícil de desentrañar porque hubo mucho prejuicio y solamente hay información clara sobre su posición en la elite incaica.

La aristocracia estaba organizada en panacas, que eran ayllus reales, en los cuales el parentesco era por mujer. Los nobles incas pertenecían a la panaca de su madre. El soberano tenía hijos en forma ritual con mujeres de las diversas panacas; ellos no eran hermanos en el sentido andino del parentesco, porque sus madres determinaban que cada uno perteneciera a distintos linajes. Cuando moría el inca, entre sus hijos varones se desataba una competencia por el trono, que implicaba ganar aliados en las panacas y obtener un consenso, en busca del cual siempre había una confrontación. En esa batalla por el liderazgo, quienes tejían los entendimientos y generaban las iniciativas eran las mujeres, que manejaban discretamente las panacas porque controlaban la herencia.

Una vez más, desde el Perú antiguo, en los Andes las mujeres la llevan. ¡Vote por Vero! ¿Le gustaría que Keiko sea la primera presidenta de la historia?

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