Falacias y votos

La columna

 

Tras el debate entre candidatos presidenciales del domingo pasado, dos cosas quedaron claras: Los cinco candidatos “pequeños” mostraron su pequeñez y pasarán rápidamente al olvido, con excepción del adelante del patético final del ex presidente Toledo y la pasajera simpatía hacia “Popy” Olivera por la paliza verbal que propinó a Alan García y que muchos antialanistas agradecen.

La otra es que los cinco candidatos que tienen posibilidades de obtener una bancada en el Congreso, en general, afirmaron la percepción que se tiene de ellos, aunque destacó el palpable desánimo de Alan García. Entre los cuatro restantes que “aún juegan¨según las encuestas, también destacó la serenidad y aplomo de las dos mujeres candidatos, frente a cierto nerviosismo y falta de pasión en PPK y Alfredo Barnechea. Al punto que varios han vaticinado una histórica segunda vuelta femenina.

Al mismo tiempo, este escenario les parece a algunos una nueva elección entre el cáncer y el sida; y se espera una extrema polarización del país, debido a la posición que ambas candidaturas representan. Sería una confrontación entre izquierda y derecha al estilo clásico, con matices populistas del fujimorismo y proliferación de denuncias contra Mendoza para romper la otra dicotomía entre la corrupción heredada y una trayectoria supuestamente limpia.

Como viene ocurriendo desde hace varios procesos electorales, los medios de comunicación más grandes apoyan desembozadamente a los candidatos que ofrecen mantener el Status Quo, aunque las ánforas los vienen contradiciendo desde que -en reacción al evidente afán manipulador- encumbraron a un chinito subido en un tractor, con lo que da inicio esta historia.

Dada la realidad de nuestro país, que estos medios se empeñan en ignorar, y la clamorosa injusticia social que ha sobrevivido a 10 años de crecimiento macroeconómico, burlando incluso la Ley de la Gravedad, al hacer que el chorreo se vaya hacia arriba; el dilema no existiría para la mayoría de peruanos, poco o nada favorecidos por el sistema imperante; salvo, claro está, que cale el discurso feisbukero de rojetes y terrucos, volando en mil pedazos el país y sus esperanzas, su crecimiento y todo ese bienestar del cual disfrutan, unos bastante más que otros.

Desde la otra candidatura, resulta difícil imaginar un discurso verosímil sobre cambios, propósito de enmienda, nueva era, etc, porque las marchas de hace pocos días dan cuenta que el Perú no ha olvidado los muchos y grandes males del fujimorismo, sobretodo, la destrucción de cualquier atisbo de institucionalidad que nos ha llevada a la situación actual.

Así pues, esperemos que la segunda vuelta no destroce a los candidatos y sus proyectos, junto a la posibilidad de seguir construyendo nuestra democracia. Que cada quien entienda por qué alternativa vota realmente y esperando qué cosas; asumiendo que el voto exprese la buena voluntad colectiva de los peruanos y no sea sólo la búsqueda de la prebenda o dádiva de beneficio personal o familiar.

.En mi caso, votaré por el cambio de la situación actual, a pesar de sus muchos riesgos, asumiendo que aún existen los principios y que no estamos eternamente condenados a un mal final, en la medida que también depende de todos los que aspiramos a ser ciudadanos de un Perú más justo.

 

 

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