En la semana del teatro, que sea obligatorio en las escuelas

El achorado culto

miguel almeyda

Somos quizás el único país de América Latina que no tiene el curso de teatro como obligatorio en la curricula escolar.

Somos quizás una de las pocas ciudades importantes de América Latina que no tiene una buena escuela de teatro.

Somos quizás patrimonio cultural de la humanidad, aunque no tenemos políticas culturales.

Sin embargo el teatro en Arequipa se mueve, como las olas del mar, van y vienen las obras de teatro, los grupos que se dedican a este arte noble y bello, los personajes que los actores y actrices suben a escena, las creaciones de los diversos directores y directoras.

Esta semana se celebró en el teatro UMBRAL la fiesta de los que lo hacen, cinco obras: Mujeres ante el sepulcro, El acompañamiento, Instrucciones para abrazar el aire, Una vida en el teatro, El extraño amor de Jack y Sally.

También hubo homenajes y premiaciones, al mejor director, al mejor actor, la mejor obra, la mejor actriz, fue un placer ver los espectáculos, las diversas formas de trabajo de los grupos para crear, fue un placer ver la sala repleta, con gente sentada en las escaleras, teatro lleno todos los días, pero lo más importante es que era un público joven, un público ávido de ver, oír, reír, llorar, emocionarse con las historias que se contaron.

El teatro en Arequipa goza de buena salud, cada grupo tiene su escuela de formación, cada grupo genera un espacio de trabajo, talleres, para niños y niñas, talleres para jóvenes, algunos grupos ya tienen local propio y por ejemplo esta semana que paso nos dio un nuevo espacio, la sala Mario Vargas Llosa en la casa del escritor, donde para comenzar se estrena MACBETH de William Shakespeare, celebrando sus cuatrocientos años.

El teatro en la escuela desarrolla en los alumnos capacidades de expresión, de comunicación, comprensión, trabajo en grupo, desarrolla la creatividad, entendiendo por actividad creadora a cualquier tipo de actividad del hombre que cree algo nuevo. Ya sea cualquier cosa del mundo exterior producto de la actividad creadora o cierta organización del pensamiento o de los sentimientos que actúe y esté presente solo en el propio hombre.

En todos los países desarrollados el teatro y la música son cursos importantes, parte de la formación de los nuevos ciudadanos y ciudadanas que desarrollan liderazgos sociales, políticos, comunitarios. La experiencia de miles de grupos en Latinoamérica que han trabajado metodologías para la creación de obras de teatro de autor o de creación colectiva,  se ve en los libros, proyectos, espectáculos, festivales, encuentros, coordinadoras, redes que se han ido formando a través de todo el mundo compartiendo metodologías.

Si el teatro fuera obligatorio en las escuelas, los actores, actrices, dramaturgos, profesores, tendrían que profesionalizarse, se tendrían que crear escuelas, institutos, universidades, de artes escénicas, muchos espacios de formación para generar profesionales que ocupen un lugar en cada colegio de este país.

Si el teatro fuera obligatorio en las escuelas seguramente tendríamos miles de jóvenes con mucho más sentido crítico, cuestionador, liderando en sus barrios, grupos, colectivos, talleres, empresas de artes escénicas, comprometidos con su realidad social, contando historias de sus vidas, creando arte y cultura, pensando, generando ideología, trabajando en cada sector, barrio, cuadra, distrito, comunidad.

Ejerciendo el derecho de ser parte de la historia de su país.

Si el teatro fuera obligatorio, los niños y niñas de las escuelas de inicial tendrían que ir una vez por semana a ver una obra de teatro, o tendrían que contratar a un grupo que de una función en cada colegio, nido, para desarrollar la capacidad de expresión de los pequeños, para escuchar a un cuentacuentos, o varios actores y actrices que realizan una bonita historia de acuerdo su edad.

Eso generaría un público nuevo, que iría a los teatros de la ciudad a consumir las creaciones de los grupos, crecería la producción, generaría trabajo, desarrollo, cultura, como en Buenos Aires donde hay calles completas con salas de teatro que se llenan todos los fines de semana, o como en cualquier ciudad que se respeta que tiene sus espacios públicos con salas, butacas, escenarios para que el teatro sea parte de la vida cotidiana.

Si el teatro fuera obligatorio en las escuelas, los alumnos crearían tantas dobras que tendrían que intercambiar y difundir sus creaciones, en redes de colegios, de escuelas, de universidades, habrían tantos festivales al año, giras, estrenos, actividades masivas en la ciudad como los grandes autos sacramentales que una vez al año se hacen en Barcelona y Madrid.

Si el teatro fuera obligatorio en las escuelas, tendríamos otro país. Otra ciudad. Otra manera de pensar, de expresarnos, de hacer política, de generaría ideología, seria verdaderamente revolucionario.

Por eso no es obligatorio en las escuelas, solo es un cursito de 45 minutos a la semana, donde el pobre profesor intenta crear un pequeño espectáculo para el día de la madre, nada más.

Por eso ahora la tarea de los nuevos congresistas, de los jóvenes congresistas, es que lo primero que se apruebe en julio sea la ley para que el teatro y la música sean cursos obligatorios en las escuelas de todo el país. De este país que tanto necesita de memoria,  pensamiento y compromiso.

Porque es tiempo, no de reformas, sino de revoluciones en todo.

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