Shangai: en el lente de Hermann Bouroncle

La Revista Avatar

FormatFactoryshanghai-076Si pierdes tu papelito estás perdido. Cómo podría un chofer de taxi llevarte a un lugar que tú mismo no  describes ni con dibujitos. Fatal tu vida, pues. Porque nadie habla inglés, ah, igual que en el Perú, es muy  raro encontrar un taxista bilingüe. Pero si tomaste la precaución de conseguirte unas fórmulas de  orientación escritas en chino como ‘Lléveme al Templo de Buda de Jade’, puede que te abras camino y  llegues a tiempo a tu destino entre los veinte millones de habitantes de Shanghai.

Caminan en un  hormiguear incansable, solo que contrario a la imagen de postal de una China comunista, en Shanghai se ve moda, grandes tiendas por departamento, publicidad de artículos de lujo, e incluso las franquicias de restaurantes de comida rápida, punta de lanza de la economía capitalista. La zona con la que  tropezarás sin dudas, será el Bund, suerte de Paseo a la orilla del río Huangpu desde donde se disfruta de una apacible vista al estilo de un Manhattan neoyorquino en otro lado del agua. El paisaje de rascacielos comienza con el edificio de la televisión que tiene una pintoresca bola roja, La Perla oriental, a la que se accede por 40 dólares o por 80 si se desea disfrutar de un almuerzo en su  restaurante giratorio. Frente a esa ostentación de capitales contrasta bastante el mundo de los  ciudadanos simples, que comen al paso en carretillas…

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