Ni un voto más para la hija del dictador

Columnista invitado

 

Las elecciones del pasado 10 de abril han generado un dilema al electorado peruano, quienes con su voto serán los protagonistas en decidir en segunda vuelta el próximo domingo 5 de junio quién será el futuro presidente o presidenta del Perú para los cinco años venideros.

El MAS en su condición de frente político de izquierda está en el deber de orientar al electorado peruano con la finalidad de impedir que voten a favor de Keiko Fujimori. Para tal fin, es necesario conocer a los adversarios en contienda electoral.

Este proceso electoral se realizó en un contexto político latinoamericano caracterizado por la ofensiva político-militar del imperialismo yanqui orientado a recuperar a cualquier precio su denominado patio trasero, así lo demuestra las derrotas del kirchnerismo en Argentina y del chavismo en Venezuela.

Si bien es cierto que ha sido importante la participación electoral de la compañera Verónika Mendoza –a quien la felicitamos- que ha alcanzado un adecuado liderazgo y posicionamiento político del Frente Amplio, logrando elegir una bancada de 20 congresistas; sin embargo, estamos una vez más frente al triunfo del continuismo neoliberal, cuyo objetivo nuestro fue derrotarlo. De tal forma, en líneas generales y de manera integral, hemos sido derrotados en este proceso electoral, porque no comprendimos ni valoramos nuestra estrategia electoral de construir un solo frente, un solo programa y una sola candidatura.

Ha triunfado en esta primera vuelta del proceso electoral el fujimontesinismo alcanzado una bancada que supera el 55% de los congresistas, situación que pone en grave peligro el equilibrio de poderes, dando paso –de esta forma- al autoritarismo, rasgo distintivo de una dictadura que para ser tal solo le falta ganar en segunda vuelta.

Mientras que en un sistema democrático el poder se divide en tres:poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial; en una dictadura, no hay división, todos los poderes dependen de una sola persona o de un solo partido, a este escenario espera llegar Keiko Fujimori y su partido Fuerza Popular.

Tanto Keiko como Kuczynski son lo mismo en lo económico porque privilegian y defienden los intereses del capitalismo sobre los derechos de los trabajadores y del pueblo en general. Pero políticamente son distintos, Keiko no solamente es hija del dictador Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por haber cometido de lesa humanidad, sino también ha sido Primera Dama del dictador, y si gana las elecciones no solo que regresaremos a la nefasta década dictatorial de los 90s, sino que estaremos atrapados por la barbarie capitalista y con nuestros derechos conculcados. En breves palabras entraremos a una larga y truculenta noche negra.

El fujimontesinismo en la década de los 90s aplicó de manera compulsiva el neoliberalismo, para eso se convirtió en dictadura, y  a través de su política de desregulación laboral desconoció a las organizaciones sindicales, dejando sin efecto conquistas laborales y sindicales; y mediante el ajuste estructural desconoció olímpicamente conquistas económicas, privatizó empresas del Estado, salud y educación, despidió a miles de trabajadores, asesinó a dirigentes sindicales, populares y estudiantes, entre ellos a Pedro Huillca de la CGTP. Saqueó las arcas del Estado al robar 6 mil millones de soles. Financió al grupo terrorista de Estado denominado “Colina” que asesinó a opositores de la dictadura, burlándose descaradamente de la ley. El fujimontesinismopervirtió la política al divorciarla de la ética, es aquí donde nace la corrupción, la delincuencia y el narcotráfico. Estas son algunas perlas de la dictadura fujimontesinista.

Finalmente denunciamos que el sistema electoral y su reglamento están aprobados exprofesamente para favorecer descaradamente a la lista ganadora, por esta razón, los votos nulos, ausentes, viciados que suman aproximadamente 30% al que se agregan los votos de los partidos que no alcanzaron la valla electoral. De esta forma, el fujimontesinismo está injustamente sobrerepresentado en el congreso con más de 70 congresistas.

Por estas consideraciones estamos en el deber y la obligación política y moral de impedir que los electores voten por Keiko Fujimori, desplegando una amplia y sostenida campaña de comunicación a través de las redes sociales y por supuesto a través de la táctica práctica: boca-oído-boca.

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