Ay, el Sur

La columna Mabel Cáceres Calderón

 

La fractura inmensa que separa Lima del resto del país e, incluso, el Sur del Norte y éste de Oriente, queda expuesta impúdicamente, cuando se leen los análisis de politólogos y opinólogos, tratando de explicarse -desde el centro- la recurrente votación del Sur por los outsiders, antisistemas y antimodelo económico.

Me ha llamado particularmente la atención dos artículos escritos, el primero, por el ex ministro de Economía, Luis Carranza; y el segundo, por el gerente de una consultora empresarial que opera en Arequipa, llamada Aurum. Veamos por qué.

En el caso de Carranza, el exministro de Alan García explica esa disidencia en la desconfianza “en el Estado y en el foráneo” que sentirían los habitantes de Surlandia, tratados así como nativos de tierras remotas e incomprensibles. Para explicar su teoría, cita “casos parecidos” como el secular atraso del sur italiano de donde surgió la mafia siciliana, la cual, al paso del tiempo, “siguió conviviendo con la política formal en un complejo sistema de corrupción y clientelaje político”. No se rían, es tal cual. Otro caso parecido es -según él- el del Africa, donde la exportación de esclavos, por varios siglos, provocó una fragmentación étnica que no permite que se hayan desarrollado las instituciones políticas (¿?).

En el caso de Alcazar, su explicación es más cercana, y tiene que ver, además de las interpretaciones sociológicas de manual que muchos repiten como un sonsonete (sectores urbanos emergentes beneficiados por el crecimiento, defensa del modelo, etc), nada menos que con el buen desempeño de la minera Cerro Verde y su relación de “cooperación y respeto” con la ciudad que ha llevado a entender al ciudadano que puede tener una relación tipo win-win con la inversión extranjera, así sea en industrias extractivas, siendo el de Tía María un caso aislado.

En el primer caso, el “técnico” funcional al “modelo” tendría que abstenerse de ensayar análisis sociológicos desde “Limalandia”, por un elemental sentido del ridículo y no creo que merezca más comentario.

En el segundo caso, me pregunto cuán independiente es el análisis del consultor, considerando su cercanía a la minera Cerro Verde, y si eso tiene que ver con el hecho elemental de no considerar en su análisis los conflictos de la minera con las autoridades electas locales, desde los tiempos en que Simón Balbuena la culpaba de provocar el retraso de obras, en base a su manejo antojadizo, autoritario y condicionante del llamado óbolo minero, al punto que hoy en día este uso está siendo investigado por la Contraloría, debido a que se transgredió las normas sobre los usos a los que estaba destinado.

Desde que la minera recurre a dobleces, acciones judiciales sospechosas como la de presentar una Acción de Amparo en un remoto juzgado de Lima, para evadir el pago de las obligaciones que SUNAT le viene requiriendo hace varios años, no se puede hablar de una relación “win-win”. Más todavía, los poblados aledaños a la carretera a Cerro Verde, que ha sido monopolizada por la empresa con total falta de respeto por las necesidades ciudadanas, han generado un rechazo que va creciendo, mientras los alcaldes y autoridades regionales, por temor, aún evitan pronunciarse públicamente sobre su descontento con la prepotencia de la empresa, la cual conocemos bien como medio de comunicación que no le hace venias. Así que, al menos tenga el pudor de explicar a sus lectores, cuál es su relación con esa empresa, antes de “analizar” de manera tan sesgada.

La explicación a la votación del Sur, señores, no tiene nada que ver con sus intereses, sino con un sentimiento popular legítimo, real, comprensible y lógico de descontento, si se toman la molestia de analizar las circunstancias del “pobre, atrasado y resentido” Sur del Perú. Pero también con un elemental sentido ético de la política, lo que el Norte, ganado por la delincuencia, aparentemente ha perdido.

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