La fundación del fuego

Profanaciones

2. El arte no reproduce, hace o construye lo visible, dice a cada rato Klee. Quiere así poner una gavia en el piso para lindar su territorio de lo que no es arte. Lo visible es aquello que está en el terreno de las percepciones sensibles. Aquello que podemos coger por nuestros sentidos y que por ende podemos pensar. Llamémosle, otra vez, el mundo. Todo lo que está fuera de nuestro pensamiento. Incluso las cosas del cuerpo, la digestión, los dolores reumáticos, pero no los dolores sentimentales: estos últimos están solo dentro de nuestro pensar. Ahora, eso visible, ese mundo, se produce de alguna manera, hay un modo que subyace a esa acción. Por un lado la naturaleza, lo que el hombre no ha tocado, tiene sus propias leyes. Sobrehumanas quizá, como dice Artaud, pero naturales. Lo demás es arte. Acción que responde a una idea. Hay una forma determinada de mirar esa idea. Luego nos importará los sentimientos del que mira, sus emociones, por ahora detengámonos en la forma de la idea.

No son dos cosas separadas forma e idea. Es más, en su genealogía griega, idea remite a forma. Nuestra capacidad limitada para entender los fenómenos del mundo (incluso esos fenómenos creados por nosotros) planteó en algún momento una dualidad que no es tal: forma y contenido, que mejor dicho debe ser formacontenido (como no se puede hablar de espaciotiempo sino solo de manera unitaria), un todo que responde a una intención, equiparable a la intellectio retórica, a una reflexión previa al hacer. Vamos a llamar a esta formacontenido con el término de idea. Porque la forma no solo es la estructura interna, sino que permea sus límites y responde e interactúa con las formas que lo rodean. Y porque no hay nada que venga de la nada. O eso es al menos lo que por ahora sabemos.

Idea entonces. La idea de que hay algo por hacer en el mundo. Algo que falta. La necesidad, la carencia, como base del hacer. ¿Qué nos hace falta? Pensar. Totalidades. Holística. Dejado el campo de las dicotomías podemos ver la gama de colores. Crear un color es imposible (?). Crear con colores entonces. El problema del poema es ese modo de crear. Que es el problema que subyace a toda acción humana, a todo arte. Constantemente se recrean y reactualizan en el uso las palabras. Entonces no es con palabras con lo que trabaja el poema. Las palabras que aún están sujetas (ojo, pero pronto, libertad o muerte) a la dictadura del signo. El poema como resultado de una acción. La poesía es la acción. La poesía que trabaja con ideas.

La idea como materia prima de la poesía. La idea que representamos en imágenes. La idea que llevamos a una disposición particular del lenguaje para que pueda resonar, tener eco, tocar al receptor, recibiente, escucha. Todo tocar es crisis. Eco que ha de prescindir del espaciotiempo. Que ha de atravesarlo. El fuego que hace vibrar la vida.

Intentemos una analogía sobre la forma. Imaginamos que se podía (pues era sensible a nuestra observación) atravesar el espacio y llegar a la luna. Esa era, digamos, la idea, la intención. La historia de toda esa intención hasta su realización ha sido la historia del modo, de la forma en que se realizó ese viaje. Toda la historia de la humanidad podría ser (no, formalistas no, estructuralistas tampoco, anda de ismos, por favor) una narración de las genealogías de las formas, de la técnica, del modo de hacer las cosas. Y de su constante cambio. Los conceptos, las ideas, son un constante hacer que se actualiza a cada instante en el vivir. Hay, lo hemos pensado mucho, una forma de viajar a través del espaciotiempo. O debe de haberla. Los agujeros de gusano por ejemplo. El cuento se basa en encontrar esa manera, esa forma por medio de la cual podamos realizar nuestra idea.

Y el poema solo vive en el receptor. En el eco dentro de la comunidad (somos siempre legión) que lo recibe. Y que mutuamente se transforman. Leer es traducir. Traducir es desescribir. Escribir es transformar el lenguaje. Transformar el mundo. Hay una relación constantes entre lenguaje y mundo. La poesía le dar una forma nueva al mundo. La forma es lo político en la poesía. La poesía como arte que crea nuevas miradas sobre el mundo. Miradas entendidas como formas de pensar y posicionarse ante el mundo. El poema como un acto que influencia a los sujetos.

Mirada donde lo particular se hace universal, y viceversa. Donde un sonido o un dibujo integran una realidad universal, y sus límites y precariedad. La poesía no es solo un modo de estar en el mundo. Crea, constantemente, ese modo de estar en el mundo. Crea conocimientos y deseos. Y al enfrentarse constantemente al poder, también lo re/construye. La poesía es enfrentamiento constante. Es la crisis misma. Pone en crisis nuestros conocimientos, deseos y poderes. Por ejemplo, frente a una doctrina neoliberal, que generalmente oculta en sus experiencias el sustrato político y económico para naturalizarlos y normalizarlos haciéndolas pasar por irreprochables e inamovibles, la poesía pone en evidencia eso que se oculta para que podamos enfrentarlo y transformarlo.

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