El fujimorismo no es la mitad del país  

La Isla de Jonás Avatar

 

No voy a escribir sobre fútbol…o quizás sí…puesto que después del pánico electoral, pan y circo siempre encabezan el menú. En todo caso sería lamentable comprobar que hay victorias que, a pesar de haberse logrado con trampa, por lo menos no nos ruboricen.

O peor aun; que a pesar de no haber ganado nada, sino de habernos salvado de todos los males, aparezcamos dispuestos a celebrar algo, saltando de alegría mientras el abismo sigue donde siempre, al borde de donde nosotros proyectamos nuestra entusiasta sombra.

El abismo sigue allí y no nos alejaremos de él si no tomamos la decisión de hacer algo tan simple como lograr que la ley se cumpla. Las evidencias aparecidas durante el proceso electoral deben ser investigadas, los culpables sancionados y ellos, junto a los responsables políticos –porque una responsabilidad política también merece sanción, basta ya de la desfachatez de desembarazarse de la responsabilidad con decir “es el secretario general y financista de mi partido, pero no le he preguntado de donde procede su fortuna”-  deben ser impedidos de postular a puesto público alguno.

Lo que sucede en estos días es que, a pesar de los resultados, quienes fueron rechazados por la votación están ensayando la manera de darle vuelta al mismo y terminar ganando con trampa.

Para ello están sembrando la idea que las elecciones demuestran que el país esta dividido en dos y que el fujimorismo representa el 50%; en una situación como esa entonces lo responsable es dialogar, “co-gobernar”, dirán los más cínicos.

Falso.

Absolutamente falso. El fujimorismo tiene la mayoría en el Congreso únicamente porque la cifra repartidora le favorece a pesar que solo el 26% del total padrón electoral votó por su representación. Únicamente el 26% votó por ellos. Y a pesar de ello, aceptaron a regañadientes el resultado; se victimizaron y se atrevieron a amenazar con aquello de que “somos los dueños del Congreso”.

Pues que les quede claro, solo el 26% votó por el fujimorismo, ¼ del total del padrón electoral. No son dueños de nada. Pero aun así están articulando un discurso que les permita ganar al no ser investigadas una serie de irregularidades que rodearon su campaña.

¿Es “odio” y es “resentimiento” exigir que los indicios de delitos sean investigados y sancionados?

Para salvar al país del fujimorismo, en la segunda vuelta electoral se unieron sectores opuestos a pesar de la diferencia del modelo de sociedad que postulan. Lo que determinó esa unidad fue la aparición de esos groseros indicios de delito; ¿no es acaso lógico, ahora, que nuestra obligación como sociedad sea que esos indicios sean investigados y sancionados?

¿Nos unimos para evitar un Estado fallido o solo para favorecer un candidato?

Entre las diferentes frases en la semana final de elecciones, invocando las personalidades trascendentales de nuestra historia o llamando desesperadamente a nuestra conciencia; recuerdo una que  ilustraba el impacto del inédito llamamiento de la izquierda a apoyar la candidatura de la derecha.

El mensaje hablaba de un niño que preguntaba a su padre por qué la candidata de la izquierda pedía al país el voto para el candidato que había sido su competidor y era contrario a ella; el padre le decía que, como en el futbol; no importa si son dos equipos rivales, cuando  se trata de defender la camiseta del Perú ambos son un mismo equipo.

Estuvimos al borde de un abismo en el que nos pusimos nosotros mismos y en el que dejamos que nos pusieran los mismos operadores de siempre, muchas veces sin la menor reacción de la sociedad que un simple gesto indignado.

Hasta cierto punto estamos convirtiendo en parte de la tradición política que cada 5 años tengamos que salir desesperadamente a evitar que el poder vuelva a caer, nuevamente, en manos de la mafia fujimorista.

¿Esperaremos otros 5 años para nuevamente decir que “estamos en el mismo equipo y todos jugamos por el Perú”?; de hacerlo únicamente demostraremos que ese pánico conocido y la letanía de “hacerlo por el país” es la marca de nuestra hipocresía.

Si vamos a cambiar esta actitud, que nos lleva ya 16 años; debemos empezar desde ahora; y no es una tarea únicamente del gobierno; es una tarea de la ciudadanía.

Y es la ciudadanía la que debe exigir, que en estos 5 años, se haga algo simple y necesario: aplicar la ley, la justicia; que impida nuevamente a la mafia, la corrupción y nuevos aliados ligados al narcotráfico, estar tan cerca de apoderarse del Estado.

Muy temprano se escucha ya, disfrazada de “mesura y madurez”, la voz de alguien diciendo que, como el proceso ha terminado, es tiempo de “pasar la página” y empezar  a “tender puentes” y terminar con esas “muestras de odio”.  Ese no es más que parte del mismo libreto mafioso que intenta hacerse con el poder absoluto, porque el poder legislativo ya se lo entregamos. Y si esa actitud viene del sector a quienes los ciudadanos hicimos ganar para evitar el narco-Estado; eso ya no es solo muestra de oportunismo o hipocresía sino la más vergonzosa complicidad.

Hay mucha tarea por hacer, son demasiadas y escandalosas las muestras del accionar mafioso que debemos empezar a resolver a primera hora; el tema de los congresistas electos con antecedentes por lavados de activos no puede quedar en la impunidad. De ser encontrados culpables, debe sacárseles del Congreso, reemplazarlos con sus accesitarios y aplicárseles la ley. Si dejamos pasar este tema, entonces ¿para qué pensar en construir cárceles si nuestra actitud es poner a los delincuentes en el Congreso?

El tema del financiamiento de la campaña fujimorista es vital dentro del funcionamiento de nuestra institucionalidad política y allí no puede haber “desconocimiento” de las cabezas visibles del fujimorismo, fundamentalmente de Keiko Fujimori; y ella tiene que asumir su responsabilidad, es la única manera de evitar que el crimen organizado acceda a la institucionalidad política. La investigación que la DEA realiza al financista del partido fujimorista, Joaquín Ramírez, y el accionar delincuencial de José Chlimper,  creando “pruebas” para limpiar al investigado, son hechos que involucran a las altas esferas fujimoristas y que resultaría suicida si lo dejamos sin resolver. En este, como en todos los casos, los responsables deben ser puestos en la cárcel e impedidos de por vida para acceder a cargos públicos.

El accionar del Jurado Nacional de Elecciones, durante todo el proceso, debe ser revisado y sancionado. Fue el JNE el que nos condujo, sistemáticamente, hasta el escenario del 5 de junio. Sacó de carrera a candidatos por motivos precisos; y por los mismos y más censurables motivos, decidió poner en la elección final a una de las candidatas. El contrato de la empresa de producción audiovisual para los debates electorales con un empleado de Vladimiro Montesinos, y la absolución del alcalde fujimorista, Luis Castañeda, después del proceso, a pesar del público proselitismo a favor de su candidata, fueron en la misma línea. El JNE fue juez y parte y eso no puede quedar en la impunidad; esa es otra tarea ciudadana.

Las elecciones han terminado pero no se ha ganado nada, no se trata de un triunfo; lo que hemos logrado, para nuestra suerte, es librarnos de una de las peores amenazas que pueda asolar a un país, convertirse en un Estado fallido; y no necesitamos embriagarnos de celebraciones, sino asegurarnos que esto no vuelva a ocurrir jamás. Y sobre todo, evitar que, luego de los resultados, el fujimorismo siga amenazando y trate de ganar aun habiendo perdido.

Una respuesta a “El fujimorismo no es la mitad del país  ”

  1. Avatar Gaby dice:

    Felicitaciones. Buen artículo. Efectivamente, nos queda mucho por hacer. No se ha continuado con la investigación con los audios editados. Se le está pidiendo (al virtual presidente) que se disculpe por decir la verdad y señalar los delitos. Tenemos que seguir informnado por los próximos años para que las futuras generaciones sepan lo que realmente ocurrió y no se dejen engañar.

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