De la bolsa de arroz al táper

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En 1947 Earl Tupper, químico estadounidense que popularizó las fiambreras de plástico; ya era millonario con sus productos, pero jamás imaginaría que al siglo siguiente de su invención, en Perú su producto, castellanizado como táper, simbolizaría la miseria espiritual en plena decadencia política.

El táper ahora simboliza al fujimorismo; antes lo fueron las bolsas de kilo de arroz con el que se compraron votos y se condicionaron voluntades. Hay quienes hablan de cierta evolución en el fujimorismo; pues debe ser eso, del kilo de arroz al táper.

A inicios de la Republica se compraban voluntades con “pisco y butifarra”, 200 años después y para conmemorar el bicentenario, el fujimorismo coronará el aniversario con plástico,  táperes  para todos!

El táper es una imagen, y como imagen representa estrategias de sobrevivencia para sectores que no tienen absolutamente nada y son muchos, el fujimorismo supo cómo mantener esos sectores de pobreza y convertirlos en su bolsón social, a punta de bolsas de arroz; ahora de táperes.

Pero esa imagen puede también extenderse a los más diversos sectores, un táper puede ser una concesión extractiva para una gran empresa, el táper puede ser una ley liberando el transporte, facilitando la instalación de “instituciones educativas” enriqueciendo a nuevos “emprendedores”,  un táper puede representar la eliminación de reglamentos medioambientales incómodos para empresarios que “solo buscan el desarrollo nacional”, y el táper más grande puede proteger los intereses del narcotráfico, eso ni dudarlo.

Una organización que puede garantizar algo como esto, no es un partido y mucho menos “renovado”, como insisten algunos politólogos; se trata de una plataforma política que sirve para los más variados intereses. El último de estos organismos reclutados, con su respectivo táper obviamente y debidamente uniformados, lo constituye los reservistas de Keiko. Una suerte de fuerza de choque militarizada y muy bien organizada que, como todo en el fujimorismo, requiere de importante financiamiento.

Los contactos para hacerlo los tenía el fujimorismo desde finales de los 90; el propio Vladimiro Montesinos se atribuye haber ideado la organización de los reservistas del ejército para garantizar la re-reelección de Fujimori en el año 2000.

Una de las investigaciones del periodista Edmundo Cruz, indica que  a mediados de 1999 se produce el extraño destaque del comandante Ollanta Humala desde Junín al fuerte Arica, en Locumba, Tacna.

“El destaque fue a pedido especial del jefe de la Tercera Región Militar de esa época, con sede en Arequipa, el general Abraham Cano Angulo, de la “promoción Montesinos”, dice el informe de Cruz (La Republica 03/01/2005)

Lo interesante es que la misión que se le habría encomendado a Humala fue la organización de los reservistas a nivel nacional. Cuando empieza la caída del régimen fujimorista, desde el cuartel en Locumba, Ollanta Humala encabeza un “levantamiento” contra el fujimorismo. Cuando todos los ojos estaban puestos sobre ese militar movilizándose, Vladimiro Montesinos escapaba en un yate con destino a Panamá. Tras esa movilización, Humala ingresa a la escena política y junto a él, los reservistas. Fundamentalmente en el sur y durante el gobierno de Alejandro Toledo los reservistas fueron la fuerza de choque de las movilizaciones en contra de la privatización de servicios públicos. Una vez que Ollanta Humala llega al poder, y así como se deshizo de sus aliados de izquierda, dejó también en la orfandad a los reservistas que fueron su primera base social.

Abandonados, sin protagonismo y desorganizados, hoy el fujimorismo los ha recuperado para sus, aun inciertos, propósitos. Otro táper bien tapado.

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