Sobre el Frente Amplio

Columna de humo Jimmy Marroquín

 

A propósito de las fricciones que se suscitan en el Frente Amplio (FA), vuelvo a reiterar una opinión, que creo yo, es compartida por muchos que creen en una izquierda moderna y dialogante. La prensa de derecha ha hecho escarnio de los disensos que se han producido al interior del FA, y se ha regocijado con lo que, consideran, es una eterna propensión a la autodestrucción de la izquierda en el Perú. Me parece que, por el contrario, un proceso de decantación dentro de ese variopinto recinto que es el FA, se impone. La convivencia no puede sostenerse sobre entelequias o sentimentalismos que suelen ser una peligrosa licencia para la justificación de la violencia.
Ello exige que se repiense esa idea de la necesidad de la unidad entre todos los sectores o movimientos de izquierda del país. Creo que es un mito. Y esa «unidad» me parece, dado el caso, anticuada.
Bajo la justificación de la unidad no puede obviarse la disimilitud, o el cabal antagonismo. La unidad no puede justificar que cohabiten, bajo el engañoso marbete de «izquierda», lo moderno y lo retrógrado, el progresismo y la intolerancia.
Mucha gente que milita solo tiene de izquierda el nombre, pues lo que sí profesan es un conservadurismo recalcitrante, que descree de la derechos sexuales y reproductivos, de las reivindicaciones de género y del respeto de las libertades, incluida, desde luego, la económica. Y carece de vocación democrática.
Una izquierda anquilosada y sectaria es un lastre.

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