ENTREVISTA. Eduardo Tokeshi: Lo que queda del día

Cultural El Búho

 

tokeshi

“Lo que queda del día” es una muestra que se armó con sus obras más entrañables, aquellas que se quedaron por años en su taller, sin haberse vendido; ya sea por ser una creación muy personal y particular, o porque tenían mucho del carácter reservado de su autor. O de su naturaleza inacabada. Por eso –dice el artista- es su muestra más querida. Aquí su diálogo con El Búho.

¿Por qué “Lo que queda del día”?

Porque esos cuadros fueron los que se quedaron conmigo, al final del día; por diversas razones, me acompañaron hace años. Estos cuadros eran parte de mi mobiliario, de mi colección privada, tengo una relación simbiótica con ellos, son los que se fueron quedando junto a mí.

Este tipo de cuadros suelen ser el “otro lado” del pintor exitoso, porque el artista es, tanto lo que vende, como lo que no vende. Uno es lo que hace y, también, lo que deja de hacer.

Yo tengo un especial cariño por las obras que no se venden.

¿Hay alguna línea que marque la evolución entre estos cuadros, de acuerdo a su antigüedad?

Sí en el sentido que uno no se puede repetir. Por ejemplo, cuando yo vivía en un departamento, la vista que tenía era una y luego se fue llenando de edificios y mi visión se iba bloqueando por esos edificios y el paisaje fue cambiando. Eso también me va cambiando.

Yo siento a cada cuadro como un hijo, hasta voy a verlos cuando sé que están en alguna casa de amigos. Ahora, todos son distintos, por eso no hago reproducciones. Yo digo, igual no puedo hacerlo, mejor tal vez.

El poder de la imagen es el del poder de evocación que tiene. Es como la comida, el olor de las plantas, algo que explota en el aire. Entonces estos cuadros que no se vendieron en su momento, evocan momentos particulares y es probable que yo me quede con ellos, pues tengo una relación peculiar con cada uno.

Una muestra retrospectiva, ¿qué significa para el autor?

Hacer muestras retrospectivas es mirar el pasado, uno va avanzando y mirando hacia atrás, hay cuadros de hace 20 años en esta muestra. Ver esos cuadros es respetar el momento en el que fue concebido.

Por ejemplo tengo varios que son astas vacías, sin bandera, como se quedó el Perú cuando nos quedamos sin presidente, tras la fuga de Fujimori. Y como las vi y sentí en la Plaza de la Bandera. Esas astas expuestas corresponden a una situación crítica para el país. El arte es unir piezas para  llevar a una mirada crítica o benevolente, según sea el caso.

En esta muestra en particular está todo lo que fui y todo lo que voy a hacer como artista.

¿Tiene un tema recurrente, una idea que vuelve o evoluciona?

Yo nunca cierro etapas, las dejo descansando. Los temas aparecen y reaparecen de acuerdo al estado de ánimo. En general, yo no veo mucho en el artista aferrado a un estilo.

Muchas veces tú tienes una idea y se resuelve de diversas formas no planificadas, tal vez en un óleo o en 10 pequeños cuadros o en una instalación. Es igual que en la Literatura, en que una idea se puede plasmar en un cuento, novela, métrica, etc.

Por ejemplo, cuando empecé a desayunar solo empecé a desarrollar un gran amor por el dibujo. Y ahí salieron muchas cosas. En general, yo me aburro muy rápido.

¿Y se puede hablar de un estilo Tokeshi?

Mi estilo es no tenerlo. Yo creo que una marca te detiene. Antes tenía un estilo que no era necesariamente figurativo, fue abstracto; pero ahora me cuesta mucho, quizás porque tuve hijos y pisé tierra, no lo sé. Yo estoy convencido que todo vale para la creación, la realidad es eso que o te chancan el pie o te acarician y entonces tú gritas o cantas.

El artista no tiene que basarse en el dolor o la tristeza, también en las pequeñas alegrías de vivir. Yo propongo el eje de la curiosidad. Cómo resolver una imagen, tiene que ver con la imagen que uno tiene de ese recorrido. Cuenta la experiencia, la vocación, la terquedad. Mientras más ideas tienes, menos tiempo tienes para pintarlas.

¿Cree Ud. en la idea del artista comprometido?

Creo que los artistas no podemos ser personas ajenas a la realidad. Hay dos tipos de tomas: la toma artística, que consiste en crear; y la toma de posición, que es el opinar, militar, etc. Pueden juntarse las dos y crear obras de arte muy poderosas.

Como este cuadro, son bolas de sal y agua, como resultado de un país en emergencia. Ahora estoy desarrollando la serie de la selva, de los derrames. Ni siquiera uno lo piensa como estrategia de autobombo, es una cosa automática que ocurre. “Flora y Fauna” se llamaba la serie y son imágenes vivas, cubiertas de petróleo. Una de ellas, “El desarrollo caminando por la selva”, me convirtió en un comentarista casual, como la mujer con muchos brazos que dibujé con motivo de la marcha “Ni Una Menos”.

No hay una estrategia detrás de eso. La labor del artista visual es representar, no tanto para cambiar, sino como un registro constante de lo que sucede alrededor. También se hace una catarsis, claro, botar lo que te inunda, expresar cuál es tu posición respecto a esa distancia, la patria, tus ancestros.

¿Prefiere el dibujo ahora?

Es mi fase de cronista. Además de la anécdota, es el pretexto para empezar a generar otro tipo de reflexiones sobre lo que pasa. Es lo que hizo Guamán Poma de Ayala. Y esto tiene que ver con cuánto nos comprometemos con lo que nos rodea. En eso he sido sumamente peruano, jamás dije NO a lo que se me presente.

¿Qué opina del arte en las regiones, o sea, fuera de Lima?

Es un débito para mí, llegar a todo sitio. Yo le debo al Perú, a Arequipa, mucho. El primer viaje lo hice aquí a los 17 años, el primer premio lo recibí aquí y descubrí una luz diferente. Tengo amigos que quiero muchísimo, como Córdova, Sosa, el “choclo” Rickets que han hecho cosas para parecerse a Arequipa, no a Lima. Les debemos mucho, como le debemos a esa enorme periferia que rodea Lima.

Claudia Polar, hija de Mario Polar, es la fundadora de la galería Forum. En Trujillo, Tito Monzón, es un referente. Todos ellos son muy contemporáneos y universales, ya no son “regionales”. Arequipa, Trujillo, Cusco son ejes de la política cultural. Por eso este es un viaje para decir gracias.

 

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