Dedicatoria

La columna Mabel Cáceres Calderón

(*)

Soy una convencida que el periodismo es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Gabriel García Márquez solía decir: se sufre como un perro, pero el periodismo es el mejor oficio del mundo. Yo le creo. Porque se pueden hacer muchas cosas: salvar vidas como los médicos, apagar incendios como los bomberos, perseguir la justicia como los jueces, guiar como los maestros. Aunque también se puede hacer todo lo contrario y ese es el riesgo del mal periodismo, convertirse, como decía el peruano Luis Miro Quesada Garland, de la más noble de las profesiones, al más vil de los oficios. Tenemos, al mismo tiempo, ese privilegio y esa responsabilidad.

Esas son las razones por las que yo hago periodismo: saber que hay vidas en peligro, incendios provocados, terribles injusticias e ignorancia, desconcierto. En el Perú especialmente, con una historia milenaria, pero llena de sufrimiento para su pueblo, muy en especial para las mujeres, es un deber inevitable. Una mujer muere cada día a manos de su pareja o su ex pareja, sus salarios son muchos menores que los de los hombres y ellas llevan toda la responsabilidad de echar a andar la economía de sus hogares.

Más todavía cuando el país crece de manera tan desigual, con todos los privilegios, el poder, la economía y la cultura, concentrados en Lima, viviendo acechados permanentemente por la corrupción y el abuso. Tenemos un presidente en la cárcel y otros 4 enfrentando acusaciones que los podrían llevar a prisión también. Eso espero, como lección.

¿Cómo se hace?, con pasión, con auténtica vocación. Sólo así cada obstáculo se convierte en un aliciente, cada fracaso en un nuevo comienzo, cada insulto en un halago, cada mentira sobre nosotros en una gran verdad revelada.

Porque los juicios por difamación, las amenazas, el boicot, a veces no son tan duros como los inacabables cierres de edición antes de sacar una primicia, las bajas ventas cuando no publicamos una historia escandalosa, el desaliento que a veces cunde y la eterna falta de recursos.

Pero cuando un abuso se detiene, una injusticia es remediada, una verdad es traída a la luz, todos nos iluminamos y eso nos permite vencer las cuestas de cada día, con esperanza.

Por eso es que, cuando las cosas comienzan a salir mal y todo comienza a complicarse, nosotros los periodistas, los del mejor oficio del mundo, vamos a su encuentro. Como una vocación, a meternos en líos. Porque para eso estamos y somos mujeres que aprendimos a ganar en una sociedad machista. Yo dedico este premio a todas las mujeres peruanas que, en este mismo instante, y todos los días, tienen que luchar contra la violencia, la inseguridad, la pobreza y los prejuicios. Y salen airosas. Gracias a la Fundación por reconocer estos valores.

(*) Discurso de agradecimiento por el premio al Coraje, otorgado por la International Women Media Foundation.

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