Acongoja mi ciudad

Columna de humo Jimmy Marroquín

Se están produciendo severas restricciones en los servicios de agua y luz en Arequipa, y se anuncian más a futuro, si prosiguen las lluvias, lo que es más que previsible. Esto es algo que se repite año a año, aunque este proceso, en el que confluyen la negligencia y la ineptitud, es cada vez más perjudicial y trágico. No cabe duda: Arequipa se gestiona como un pueblo. En una metrópoli de más de un millón de habitantes es inconcebible que cosas como estas sucedan. ¿Y la planificación de la urbe que es hoy en día, existe? ¿Se ha considerado que los equipos y maquinaria que se utilizan para producir y distribuir el agua y la luz deben ajustarse a las demanda, que es cada vez más creciente, de una ciudad que aumenta su población día a día? ¿No se repara en su condición anticuada o ya definitivamente obsoleta? ¿Dotar de una infraestructura y logística acorde con los tiempos para solventar estos servicios básicos no debe ser una prioridad para la región? Acongoja mi ciudad, que no tiene autoridades a la altura de su dimensión e importancia en el país. Condenados estamos a que cada vez que haya eventos de la naturaleza como lluvias o sequías, sufriremos las restricciones consabidas y penosas, por la negligencia, el conformismo, la incapacidad y el anacronismo de autoridades que solo tienen como meta lo episódico y folklórico.

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